Crítica de cine “La Ola”: La difícil convivencia de las dimensiones del cine

Por Ana Catalina Castillo

¿Cómo conviven las dimensiones del cine en una película? ¿Cómo se equilibran arte, comunicación e industria? Estas preguntas rondaban por mi cabeza durante las más de dos horas de duración de la última película de Sebastián Lelio, La Ola. Con foco en la exaltación de la revuelta feminista en mayo de 2018 en Chile, el primer musical del ganador de un Óscar (Una mujer fantástica, 2017) puede instalar la conversación sobre la manera en que estos aspectos se entrelazan y, en ocasiones, entran en tensión, rozando la desestabilización en la relación armónica entre la calidad estética, el mensaje social que se busca transmitir y el camino que se sigue para lograrlo.

La Ola destaca, indiscutiblemente, por su cinematografía de excelencia y un tratamiento visual que transforma a Santiago en un escenario casi mágico, gracias al trabajo de Benjamín Echazarreta y su equipo. En ese entorno revisitado con una estetizada mirada, sorprende y emociona la amplia participación de actores y actrices cuya presencia vamos reconociendo y agradeciendo, pues conforman un elenco diverso y experimentado al que se suma el debut prometedor de la protagonista, Daniela López. Y si de agrupar talentos se trata, cabe destacar también la participación en lo musical de un puñado de talentosas compositoras nacionales como Anita Tijoux, Javiera Parra y Camila Moreno, más el trabajo del músico y productor británico Matthew Herbert y, en el baile, las coreografías del experimentado Ryan Heffington (Tick, Tick… Boom!).

Por otro lado, la película también se presenta como portadora de un mensaje potente, buscando reflejar el #MeToo chileno, a través de una historia que quiere revivir esa energía colectiva en forma de musical. Este se centra en Julia, una estudiante de la carrera de Música, que luego de comprender cabalmente que ha sido vulnerada por un ayudante de su Facultad, se pone en camino de la búsqueda de justicia no solo para ella, sino que pasa a ser el escudo de todo un movimiento que le dice basta a los abusos y al enmascaramiento de estos.

La intención de Lelio de captar la fuerza de las movilizaciones sociales mediante el género musical es, en teoría, una estrategia innovadora para transmitir lo inefable del movimiento.

La inspiración, como recordábamos, fue la llamada ola feminista y, como se sabe, una ola es energía. Justamente aquí reside la causa de que a pesar del despliegue de producción, parte de la energía se escape por los intersticios de un guion cuya progresión dramática se estanca en parte del largometraje.

Lelio ha manifestado que estaba en Chile cuando ocurrieron las manifestaciones y en ese momento visualizó la posibilidad de volverlo cine. Como, desde su mirada, las palabras no alcanzarían para transmitir la potencia del mensaje, vislumbró la oportunidad de explorar un género con el que hasta ese momento solo había coqueteado (Gloria, 2013), porque las canciones y los bailes completarían lo que no alcanzaban a expresar las palabras. No obstante, el gran musical explota después de casi una hora de diálogos que no alcanzan para enganchar totalmente con el mundo de la protagonista a pesar de la impecable actuación de Daniela López.

Respaldada por una productora de gran envergadura como Fábula, la producción no escatimó en recursos ni en la calidad técnica, buscando posicionarse en el escenario internacional, como lo demuestra su estreno en Cannes. Con todo, la valiente apuesta de Lelio se revela problemática, pues la película se estanca en un guion que por momentos pierde ritmo, reflejando quizás una dificultad para mantener el tono y la tensión narrativa en un género poco convencional para el contexto chileno, aunque se entiende que era un riesgo hacer un musical sin tradición ni referentes.

El filme también plantea una dinámica complicada entre su intención artística y la realidad social que aborda. Aunque intenta ser un trabajo de memoria y reflexión sobre los movimientos sociales en Chile, su aparente atraso en la tematización y la simplificación de los personajes y conflictos restan fuerza a su contenido. La historia, coescrita por Lelio junto a la dramaturga Manuela Infante, la comediante y guionista Paloma Salas y la periodista y guionista de series, Josefina Fernández, resulta a veces un poco simple al presentar héroes y villanos peligrosamente cercanos al cliché. Podría discutirse que la película puede funcionar como un trabajo de memoria, un esfuerzo de recordar para que no vuelva a ocurrir; no obstante, para eso faltó fuerza.

La Ola ejemplifica la difícil tarea de coordinar las distintas dimensiones del cine en un solo producto: el arte debe emocionarnos y estimular la reflexión; la comunicación, transmitir un mensaje claro y potente; y la industria, asegurar la calidad y la viabilidad comercial. La película de Lelio refleja de algún modo los desafíos inherentes a esa convivencia. No obstante, pese a algunas falencias narrativas, su belleza cinematográfica y la audaz exploración del género musical en un contexto social crucial dejan en evidencia la complejidad y los riesgos que conlleva hacer cine comprometido, con una historia consistente y de alta calidad en un entorno que demanda también rentabilidad y éxito internacional.

Ficha técnica 

Título: La Ola 

Género: Musical 

País: Chile 

Año: 2025

Duración: 129 minutos

Director: Sebastián Lelio 

Guion: Josefina Fernández, manuela Infante, paloma Salas, Sebastián Lelio 

Elenco: Daniela López, Lola Bravo, Avril Aurora, Paulina Cortés, entre muchos otros.

Dirección de fotografía: Benjamín Echazarreta 

Montaje: Soledad Salfate 

Música: Anita Tijoux, Camila Moreno, Javiera Parra, Matthew Herbert

Efectos especiales: Juan Francisco Rosas 

Casa productora: Fábula

Distribuidora: El Camino Producciones 

 

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