FIDOCS 29 Crítica de cine “Nuestra tierra”: Una prueba irrefutable de memoria e identidad indígena

Por Sebastián Fuenzalida

El asesinato del líder indígena Javier Chocobar le dejó en silencio. El Estado argentino hizo silencio. La sala de cine estaba en silencio. La comunidad Chuschagasta ha sido silenciada, pero aún están ahí.

Lucrecia Martel, directora y guionista argentina de películas como La Ciénaga, La Niña Santa, La Mujer Sin Cabeza o Zama, ha construido una filmografía que le ha logrado consolidar como una de las cineastas más influyentes a nivel latinoamericano. Sus cintas suelen tener base en la observación social, en las dinámicas entre las personas y en tensiones sociales, expresadas en una narrativa sutil y atmósferas cuidadosamente trabajadas con especial atención en los pequeños acontecimientos y lo sonoro.

En ese recorrido centrado en la ficción, Nuestra tierra destaca como el primer largometraje documental de la autora, otorgándole un paso significativo de expansión a su obra. En este trabajo, Martel se interioriza en el caso real de asesinato del líder indígena Javier Chocobar y el conflicto territorial de la comunidad Chuschagasta en la Provincia de Tucumán, Argentina. Aunque en esta ocasión la cinta es documental, su desarrollo mantiene la profundidad sensorial y política que atraviesa toda su filmografía, convirtiendo Nuestra tierra en algo más que solo la visibilidad de una problemática profunda del otro lado de la cordillera.

El documental nos narra sobre el homicidio del 12 de octubre de 2009 de Javier Chocobar por parte de Darío Amín, un terrateniente que intentaba tomar ocupación en tierras ancestralmente habitadas por los Chuschagasta. Todo este suceso se hizo viral en Argentina debido a un video que comenzó a circular que provenía de uno de los expolicías que acompañaban a Amín en una especie de hostigamiento hacia gente de los chuschagasta, y en donde se escuchaban los disparos. Tras casi 9 años de protestas, en 2018 se reabrió un proceso judicial y es ahí cuando Martel y su equipo deciden grabar lo que pasa, incluso logrando filmar los testimonios en el tribunal.

Nuestra tierra comienza con planos grandilocuentes del espacio exterior, pasando por el planeta Tierra, y poco a poco nos acercamos a la localidad y a las tierras que habitan los chuschas en Argentina, con vastos paisajes verdes y llenos de vegetación, una tierra realmente poco intervenida por el humano, salvo por unas decenas de casas de la mencionada comunidad indígena.

Pronto comenzamos a sentir que la narrativa constantemente nos tendrá viajando en el tiempo para observar detenidamente el famoso video del asesinato y reconstruir historias de vida de la comunidad Chuschagasta, y luego volver al desarrollo del juicio en el presente.

Para este trabajo el material de archivo resulta fundamental, porque por una parte es utilizado como recurso visual para contar historias y vivencias de los chuschas, incluida la de Javier Chocobar, y, por otro lado, es evidencia gráfica y testimonial de que el pueblo Chuschagasta vive y ha existido en ese lugar por incontables generaciones.

Cada relato de las personas de la comunidad da cuenta de un factor: sus padres, abuelos y bisabuelos han tenido sus vivencias en el lugar, lo mismo hay para sus hijos. Mientras que, por otra parte, se vive una ferviente disputa territorial.

Resulta que la comunidad Chuschagasta ha habitado la zona por más de 300 años, pero la invisibilización de este y otros pueblos es preocupante e, incluso, inhumana. Esta ocupación de las tierras que buscaba Darío Amín era respaldada además por varios funcionarios públicos, lo que refleja una profunda disputa injusta y dispar sobre la propiedad de las tierras. En parte porque las comunidades indígenas no trabajaban la documentación, y por el intento de silenciarlos, difundiéndose incluso el rumor de que el pueblo Chuschagasta estaba extinto hace ya varios años.

Es triste ver cómo se refleja el racismo y la violencia institucional hacia pueblos indígenas en Argentina, por ese motivo este documental cobra relevancia latinoamericana al momento de mantener audiovisualmente viva esa memoria, identidad y resistencia.

Una decisión técnica que podemos identificar en Nuestra tierra es que podemos apreciar la comunidad a través de un uso reiterativo de planos generales hechos con dron para mostrar la inmensidad geográfica del sector, la amplia naturaleza, flora y fauna que coexisten en ese pedazo de terreno al norte de Tucumán. Sonoramente la producción también es impecable, hay suficiente preocupación en captar el dialecto de los chuschagasta, del paisaje, de los diálogos y, a la vez, lograr que el silencio sea un personaje más. Es un documental con bastantes silencios y pausas, lo que hace que sea un viaje narrativo lento y meticuloso sin dejar de impactar en los momentos claves.

Finalmente, este paralelismo que lleva la cinta entre recuerdos y juicio se cierra al conocerse la sentencia de Darío Amín y los dos expolicías que le acompañaban de culpables por el asesinato de Javier Chocobar, dejando una reflexión sobre el aprovechamiento político y el cuidado de la memoria.

Nuestra tierra cierra así con una fuerza que desborda lo meramente cinematográfico. Martel no solo registra un proceso judicial, sino que devuelve dignidad a una comunidad históricamente vulnerada, permitiéndole narrarse a sí misma frente a un Estado que, durante demasiado tiempo, eligió no escuchar. El documental convierte el territorio en testigo y a cada silencio en una forma de resistencia, recordándonos que la memoria no es un archivo estático sino un ejercicio permanente de presencia en el presente. En ese gesto, la cinta repara, aunque sea simbólicamente, una parte mínima de la violencia institucionalizada contra los pueblos originarios.

En su desenlace, el documental instala una sensación agridulce, porque se logra cierta justicia en la sentencia del caso, pero en un par de años los imputados son liberados. Lo que sí deja claro Martel es que la lucha por la tierra, la identidad y la justicia permanece abierta. Nuestra tierra se vuelve entonces un recordatorio urgente para toda la región: mientras existan comunidades cuya voz sea callada, el cine, con la potencia de su presencia, seguirá siendo un acto necesario de escucha y de memoria activa.

Ficha técnica

Título: Nuestra tierra

Dirección: Lucrecia Martel

Guion: Lucrecia Martel, María Alché

Producción: Benjamín Domenech, Santiago Gallelli, Matías Roveda, Javier Leoz, Joslyn Barnes, Julio Chavezmonte, Sandrine Dumas, Marie-Pierre Macia, Claire Gadea, Katrin Pors, Mikkel Jersi, Leontine Petit, Erik Glijnis

Fotografía: Ernesto de Carvalho

Edición: Jerónimo Pérez Rioja, Miguel Schverdfinger

Sonido: Guido Berenblum

Música: Alfonso Olguín

País: Argentina, Estados Unidos México, Países Bajos, Francia, Dinamarca

Año: 2025

Duración: 122 minutos

Género: Documental

Estreno en Chile: FIDOCS 29

 

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