Por Victoria Bustos Arancibia
La obra de Elsa Kremser y Levin Peter, White snail, desafía lo que se suele entender tradicionalmente por documental, y promete sumergir al espectador en las vidas reales de dos personas singulares, en universo tan inquietante como hermoso, y en una relación ficticia que se teje delicadamente. Participando en la Competencia Internacional de FIDOCS, esta película emerge como un filme que, aunque puede resultar enigmático y a veces distante, ofrece una mirada cruda y poética.
Masha, una aspirante a modelo con tendencias suicidas, y Misha, un pintor que trabaja en una morgue, son personajes y personas a la vez, con historias verdaderas que funcionan como la base para el relato de la cinta. Sus directores se proponen juntar a estos dos individuos muy distintos, hasta con cierta diferencia de edad, y dejarlos improvisar, jugar y dejarse llevar por la conexión que podrían desarrollar en una circunstancia completamente planeada y supervisada, como si de un patio de recreo se tratara. Es en este particular encuadre en el que los observamos, supuestamente, conocerse en el hospital en el que Misha trabaja, y donde Masha llega para recuperarse numerosas veces después de sus intentos fallidos de quitarse la vida.
La narrativa se desarrolla en Bielorrusia, un país que por su contexto geopolítico real funciona como el perfecto escenario, intensificando la sensación de aislamiento y desarraigo que sienten los protagonistas. La elección de ambientar la historia en dicha nación, junto a un uso destacado de la luz y la cinematografía de Mikhail Khursevich, proporciona una atmósfera que oscila entre lo onírico y lo desolador.
La interpretación de los protagonistas es sutil, consciente de la presencia de la cámara, y naturalista, pero también caen en lo distante, se sienten fríos, casi sin matices de gestualidad y estáticos. Su hermetismo puede percibirse como coherente con el diseño del relato, ambos personajes se presentan como seres que apenas pueden entenderse a sí mismos, y difícilmente podrían abrirse más ante todo un equipo de producción, o al espectador. La película nos pide aceptar la distancia emocional, observarlos como si fueran objetos de estudio, especímenes atrapados bajo una luz clínica, pero el resultado tiene el potencial de ser tanto una experiencia intrigante como también frustrante, especialmente para quienes buscan una mayor empatía o identificación con estos personajes.
El largometraje no busca ofrecer una narración fácil de seguir, en su lugar, se invita a la audiencia a desconectar, a habitar la soledad, y encontrarse sobre la fina línea entre la vida y la muerte en la que tan cómodos y tristes están Masha y Misha. White snail no es una película para todos los públicos. Su acercamiento a lo macabro, su tono a veces gélido y su ritmo pausado pueden irritar a algunos espectadores, pero también fascinar a quienes aprecian el cine más experimental. Así, el filme plantea, sin concesiones, vínculos interesantes entre la cercanía a la muerte desde un artista deprimido y, por otro lado, desde los violentos hábitos que exige la industria del modelaje, mientras que busca el sentido al sufrimiento humano en un mundo que parece querer huir de la mortalidad y la vitalidad.
Ficha técnica
Título original: “White Snail”
Dirección: Elsa Kremser, Levin Peter
Guion: Elsa Kremser, Levin Peter
Fotografía: Mikhail Khursevich
Montaje: Stephan Bechinger
Música: John Gürtler, Jan Miserre
Producción: Das Kleine Fernsehspiel, IntraMovies, Majade Fiction, Panama Film, Raumzeit Film Produktion
Reparto: Marya Imbro, Mikhail Senkov, Olga Reptukh
País: Austria
Año: 2025
Duración: 115 minutos
Género: Drama existencial; Romance; Documental ficcionalizado
Participante de la Competencia Internacional de FIDOCS 29, en 2025.
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