Por Nicolás Carvajal
Hay una pregunta que ha rondado la teología y la ficción especulativa por igual: ¿qué pasaría si la figura máxima de la fe regresara hoy, en un mundo gobernado por el escepticismo y las instituciones? El Retorno es un thriller teológico que se planta sobre esta interrogante con una seriedad que se agradece, presentando una premisa que promete sacudir los cimientos del dogma. Sin embargo, lo que comienza como un thriller sobrenatural con potencial, termina diluyéndose en una ejecución que lucha por mantener el interés más allá de su detonante inicial.
La ópera prima de Marcela Luchetta nos introduce a Tomás Armento (Gabriel Gallicchio), un sacerdote del Vaticano acostumbrado a investigar y desmentir milagros, cuya vida se vuelca cuando su propio hermano, Abel (Franco Masini), despierta de un coma profundo asegurando ser la reencarnación de Cristo. La narrativa intenta construirse sobre la tensión entre la institución eclesiástica y la fe pura, además del conflicto contra el conservadurismo institucional, pero lamentablemente tropieza con problemas en el ritmo de la narrativa y un nivel excesivo de simbolismo.
El Retorno sobre extiende el factor de shock. La revelación de Abel se estira mucho más allá de lo necesario, y el guion da vueltas sobre la misma idea sin permitir que el conflicto evolucione orgánicamente. Esta reiteración hace que la tensión, en lugar de acumularse, se desgaste, dejando al espectador esperando un giro que tarda demasiado en llegar.
Visualmente, la propuesta se queda a medio camino. A diferencia de cintas que utilizan la fotografía para narrar el estado interno de sus personajes, aquí nos encontramos con una puesta en escena funcional pero mayoritariamente carente de poesía. No hay encuadres particularmente bellos, ni se percibe una búsqueda estética que eleve el material; la cámara se limita a registrar la acción de manera plana, desaprovechando la oportunidad de jugar con la iluminación para enfatizar la dualidad entre lo divino y lo terrenal.
Sin embargo, hay aciertos innegables en la materialidad y la producción de la obra. La dirección de arte destaca por su fidelidad, especialmente en el diseño de vestuario y la construcción de los escenarios. Además es destacable el uso de los idiomas nativos de los personajes, pasando del español, al italiano y al inglés según el contexto. Esto, en conjunto con el nivel de verosimilitud en la ambientación vaticana y romana que logra, por momentos, una inmersión profunda en la obra, a pesar de las debilidades del guion.
Es en este entorno donde el elenco hace lo posible por elevar el texto. Masini y Gallicchio entregan actuaciones convincentes, logrando transmitir la angustia y la confusión de sus personajes. Pero su esfuerzo choca constantemente contra un uso del simbolismo que carece de toda sutileza. La película opta por subrayar sus metáforas con trazo grueso, convirtiendo lo que podría haber sido un debate espiritual complejo en una alegoría por momentos obvia y excesivamente explicada.
El Retorno es un debut sólido de Marcela Luchetta, sin embargo se trata de una obra de contrastes marcados: es impecable en su recreación física, pero hay espacio para mejorar su estructura dramática. Es una crítica a la institución que, irónicamente, se siente atrapada en sus propias estructuras rígidas, dejándonos con la sensación de que, bajo todo ese vestuario impecable, había una historia más potente esperando resucitar.
Ficha técnica
Título original: El Retorno
Dirección: Marcela Luchetta
Guion: Dieguillo Fernández, Osvaldo Boscacci, José Luis Parise, Marcela Luchetta
Reparto: Franco Masini, Gabriel Gallicchio, Luis Gnecco, Juanjo Puigcorbé, Miriam Giovanelli
País: Argentina / Italia
Duración: 135 minutos
Año: 2025
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