Crítica de arte “Prototipo: Salón de máquinas liminales” de Claudio Muñoz Oyarce: Los objetos que desechamos, que se niegan a morir

Por Florencia Ponce Allende

Actualmente, dentro de las exposiciones recientemente inauguradas en el Museo de Artes Visuales (MAVI UC), se encuentra Prototipo: Salón de Máquinas Liminales del artista chileno Claudio Muñoz Oyarce. Una propuesta que, a través de la variedad de formatos y materialidades, se vuelve sumamente interesante y destaca en el contexto espacial en el que se allá dispuesto.

Mi introducción a la obra, vino directamente desde el artista, ya que habiendo participado de la ceremonia de inauguración de las actuales tres exposiciones simultáneas del MAVI UC, pude obtener directrices y pistas, directamente desde las palabras y la voz del mismo artista. Debo confesar que, sin siquiera ver las obras, sin haber entrado en el espacio museístico, al escuchar su propuesta me pareció completamente atractiva, y por suerte no me defraudó una vez adentro.

En las salas 3 y 4 del museo se dispone un compilado de obras de Muñoz Oyarce, que, de buenas a primeras, llama la atención por su despliegue y tamaño. Moviéndose por distintos lenguajes plásticos, pero manteniendo un sello en el trabajo con el material rudimentario y de desecho. Es de esta forma que el espectador se encuentra con una diversidad de conceptos que enmarcan y dan sentido a este trabajo. En primer lugar, la idea de lo “liminal”, este estado de transición nos embarga constantemente mientras uno deambula observando la obra, la sensación de ver muchas cosas al mismo tiempo, pero a la vez nada completo. El introducirse a un espacio tras bambalinas donde aún nada adquiere forma, sentido ni funcionalidad. Como espectadores nos enfrentamos a una serie de “algos” que están en camino de ser, sin embargo, no están siendo nada en especial, no están cumpliendo ninguna función, y en ese momento liminal de vulnerabilidad y sin sentido, nos hacemos parte de ese proceso. Los objetos con los que nos encontramos no son especiales en su forma, en su materialidad, pero es dentro de esa falta de especialidad, de aura indefinida, en la exposición de ese momento marginal, las “máquinas” de Claudio Muñoz Oyarce se yerguen para imponer respeto y exigen la contemplación, como si nos pusieran un espejo enfrente.

De alguna forma, el artista al ponernos delante, en un contexto museístico, una serie de artefactos hechos de basura tecnológica, desechada por los humanos, nos hace pensar en la forma en la que el ser humano también constituye una máquina. El ser humano como un artefacto que, en su proceso de querer ser, no es, pero busca su propia utilidad, en la mayoría de casos, durante toda la vida. A través de esta exposición nos sumergimos en aquello que nos compone, nuestros desechos, los espacios que habitamos interna y externamente en cuanto a hogar, el cráneo como hogar del cerebro, la casa como hogar del cuerpo e incluso el alma. Así mismo Claudio Muñoz habla en su discurso de inauguración sobre su obsesión por crear habitáculos y nos menciona una frase que me resuena hasta hoy “todos somos en la medida de nuestros techos”. Esos techos que desde siempre hemos formado conectando materiales, en algunos casos, con los materiales que sobran, que han sido descartados, y también con materiales rudimentarios.

Ese techo simbólico, que a través de un sinfín de conexiones nos inserta en el mundo. Tal como opera nuestro cerebro, en una serie de conexiones rizomáticas, las cuales no podemos dejar de buscar, no somos capaces de evitar las conexiones, con los otros, con los objetos, con el territorio y nuestro entorno en general. Esta idea se hace patente en un par de obras de gran tamaño, que, a través de la pintura acrílica sobre madera, nos muestra una especie de cartografía que despliega en el espacio una serie de laberintos, conexiones y engarces en el cual el artista se inserta, retratándose siendo parte del esquema, el frenesí y la obstinación técnica. Habitando los objetos y las conexiones de estos con el resto del entorno.

Por otra parte, un aspecto interesante de la obra, es su carácter interactivo, esto ya que es posible activar el funcionamiento, sin uso específico, de algunas de estas máquinas, lo cual me parece sumamente relevante, debido a que tuve la posibilidad de observar en primera persona la acción del artista para incentivar la activación de los espectadores. Esto llamo mi atención, por la forma en la que Claudio Muñoz Oyarce, cual artesano fascinado con su artefacto, motivaba a los asistentes a entrar en contacto con su obra, sin una solemnidad especial con su trabajo, como uno está acostumbrado en espacios de arte, en donde todo tiene una vibra ceremoniosa y protocolario. En su acción el artista nos invita a utilizar aquellos artefactos, a darles un propósito, a habitarlos. Así mismo, podemos sentir en nuestra propia piel la idea de que lo que la obra nos quiere decir, sea directo, claro y preciso, a través de un contacto profundo e íntimo.

Es así que a través de materialidades “poco nobles”, con desechos tecnológicos, de materiales rotos, cuya vida ha finalizado en el olvido y el acopio, Claudio Muñoz Oyarce, en un rito carente de ceremoniosidad, y sin una búsqueda especialmente intelectual ni compleja, nos pone de manifiesto la complejidad de nuestros vínculos con los objetos que habitamos, que hacemos propios. Y que tal como nosotros, los objetos se resisten obstinadamente al destierro, al cese de funcionamiento, y necesitan volver a conectarse. Rearmarse a través de sus fragmentos, para seguir formando parte de un cuerpo técnico que funcione, seguir formando parte de un rizoma conectado y así, seguir siendo parte del mundo. La necesidad de vernos reflejados en estos artefactos que resisten, es imperiosa en estos tiempos.

Ficha técnica

Título: Prototipo: Salón de máquinas liminales

Autor: Claudio Muñoz Oyarce

Galería: Museo de Artes Visuales (MAVI UC), salas 3 y 4

Dirección: José Victorino Lastarria 307

Fecha: 7 de enero al 15 de marzo

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