Entrevista a directora de “Caballo” Emilia Noguera: “Me sentí muy contenta de haber podido sacar adelante ese proyecto en este momento”

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a la directora y dramaturga de Caballo, obra que se estrenó en Ictus en el marco del Festival Teatro a Mil. El montaje cuenta la historia de una mujer que está montada en el ahora inexistente caballo de Plaza Baquedano, agitando banderas de lucha que ni ella misma comprende completamente. Este es el punto de partida de esta obra de teatro absurdo que utiliza el emblemático monumento como escenario para una comedia dramática tan desconcertante como el país mismo. El elenco está compuesto por María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolas Zárate y Camila Oliva

Esto fue lo que Emilia Noguera nos contó acerca de este nuevo estreno del Ictus.

¿Cómo surgió esta historia que está basada en el estallido? No sé si escribiste la obra en esa época o surgió un tiempo después de procesar un poco lo que había pasado en el estallido ¿Cómo fue ese proceso de escritura?

Fueron ambas cosas en realidad. Paula Sharim me llamó a trabajar, primero me llamó para que yo escribiera una obra para ella, para empezar a trabajar juntas. Estábamos en el estallido y ella tuvo un sueño, que fue el disparador de la obra: soñó con una mujer sentada arriba de un caballo. Eso es todo. Pero como somos locas, a mí algo se me activó en la creatividad. Era el caballo de la Plaza Italia, Plaza Dignidad, Baquedano, como se le diga. A partir de ahí empezamos a trabajar en esta obra, pero luego nos pilló la pandemia y el teatro empezó a tener otras necesidades, obviamente, y dejamos la obra.

El año 2025 llegó el momento de preguntarse qué haríamos en el año. Yo me puse a revisar el computador y me encontré con estas, deben haber sido 8 u 10 páginas, las que tenía escritas. De repente me entusiasmé, me embalé, la avancé, se lo presenté a Paula y a Nicolás Zárate, que son parte del equipo creativo del Ictus, somos los tres parte del equipo creativo, y se entusiasmaron. Ahí me puse a escribir como loca. Fueron las dos cosas: ese sueño que ella tuvo seguro que fue a causa de lo que estábamos viendo todos los días, empecé ahí y terminé ahora que ha pasado todo lo que ha pasado que digamos. Entonces tuvo un poco de todo.

La obra tiene unos personajes extraordinarios, partiendo por el personaje de la protagonista interpretada por María Elena Duvauchelle. Aparte de dramaturga tú eres la directora de la obra. ¿Cómo fuiste construyendo esos personajes y llegaste al elenco? La protagonista fuera interpretada por María Elena y todos los otros personajes que son tan notables. Muchos de los personajes vienen de la obra Pedro, Juan y Diego, en la que tu también actuaste. ¿Cómo fuiste pensando los personajes y ese proceso de dirección dramaturgia pensando en el elenco?

La obra siempre, desde la primera palabra fue pensada para María Elena Duvauchelle. Yo siempre la imaginé a ella arriba del caballo. Siempre pensé que iba a ser ella, me parecía bonito, me parecía justo, me parecía un buen homenaje a todo lo que ella ha trabajado y todo lo que ha hecho ella en el Ictus. Las mujeres fueron bien invisibilizadas en una época en el teatro. Ellas lo cuentan abiertamente, que el Ictus era muy machista, así como lo era todo el mundo. Entonces me pareció justo que ella tuviera su momento de ser la protagonista total. Ella no lo pidió, ni mucho menos, de hecho, yo creo que ella prefiere los secundarios, pero la puse entre la espada y la pared. Aceptó al tiro y estuvo feliz.

Luego, la obra estaba escrita, más los personajes no estaban entregados, todavía. Estaba más claro Nicolás Zarate y Paula Sharim, pero Dios, el Diablo y la enfermera aparecieron cuando caché que iba a actuar la Camila (Oliva). Que yo fuera la directora también fue muy circunstancial, no fue que desde siempre yo fuera a ser la directora, sino que llegó un punto en que se nos venía encima la fecha y ya, ¿A quien le pedimos? Le pedimos a un par de directores y directoras, gente que admiramos, y nadie pudo porque estábamos muy encima. Entonces en un momento dijeron: «¿Sabes qué? Ya, te tocó». Y lo tomé y acepté. De hecho, no fue para nada mi primera opción, pero dije «ya, bueno, vamos».

De ahí los personajes se construyen, los personajes venían escritos, pero luego los actores los hacen propios y construyen sus características más finas. El texto no se modificó, pero uno va trabajando con la presencia de los actores y las actrices. Es muy importante. Es súper rico cuando uno ya sabe quién hace qué, porque uno sabe cuál es el registro de ese actor o actriz, o supone más o menos cuál es el registro de ese actor u actriz, sabe para dónde puede llevarlo. Incluso si conoce su carrera puede jugar con llevarlo a un lugar distinto de lo que ha hecho habitualmente. Generalmente a los actores hay períodos en los que nos llaman para hacer cosas muy parecidas, entonces si existe la posibilidad de descarrilar a esa persona, es un ejercicio bien bonito y bien entretenido.

¿En algún minuto se te ocurrió en ningún minuto a ti actuar, interpretar el personaje de la enfermera o el de Paula?

Sí, pasamos por todas las opciones. Camila, además de ser la actriz de la enfermera, es mi asistente de dirección. En algún momento, cuando todavía no había director, cuando pensé que yo no iba a dirigir la obra y caché que no había personaje para mí, dije: «ups, me voy a escribir algo», y me escribí la enfermera. Dije: «Es un personaje chiquitito y ahí veo». Pero cuando me tocó dirigir, no es que no fuera posible, pero es muy complicado, va en desmedro del proyecto. Yo en el momento pensé que iba a ir en desmedro de la obra. Entonces por eso le preguntamos a Camila si podía hacer ese rol y ella dijo que sí, y por eso ocurrió así finalmente. Pero sí, tienes razón, pasamos por todas las opciones del mundo, la verdad. Y llegamos a la más correcta, yo creo.

Te quería preguntar por las temáticas que aborda la obra, que son varias y súper interesantes. El punto de partida obviamente es el tema del estallido y ese contexto político-social, pero además la obra aborda temas de familia, como el trauma, el tema de la maternidad, la hija, el padre, que y todo un contexto político-social importante de nuestra historia, pero además llevado a un tema familiar, de relaciones humanas. ¿Cómo fue planteado ese tema? ¿Cuáles fueron las raíces de las temáticas que aborda la obra?

Yo siempre pienso que es más interesante cuando uno toma temas grandes desde un cotidiano. Eso es algo que me gusta mucho practicar, es una regla muy común que te enseñan en dramaturgia, dramaturgia 1, pero que es rico cuando uno lo puede aplicar: mientras más particular, más universal. Es más fácil empatizar con una historia humana, familiar, pequeña, con cosas que seguro a uno le han sentido, que empatizar solo con grandes temas que están expuestos. A mí me resulta más fácil empatizar e involucrarme con una historia que parece ser más pequeña, que involucra un tema enorme, que solo con un tema enorme. Más que ser un análisis del estallido, o una suerte de moralización sobre ese tiempo, o un tratado o una bandera, justamente uno de los asuntos de la obra es que esa mujer está arriba del caballo con una bandera que no sabe muy bien a qué lucha pertenece. Ella no sabe. Pasan muchas, entonces es un mapa más emocional de lo que hemos vivido. Como de esta cosa de que nos han subido y nos han bajado, y nosotros mismos estuvimos al principio muy interesados en todo, pero ¿cuántas veces votamos este último tiempo? Hay un punto en que ya la noticia te la pasas rápido porque no sabes hasta dónde más puedes involucrarte, porque además involucrarse, como todo en la vida, incluye esperanzarse y tiene una gran posibilidad de sacarse la cresta. Cuando uno se involucra, en todo orden de cosas, está ese riesgo. Hay veces que uno toma ese riesgo y hay veces que uno ya se aburre de tomar ese riesgo.

Mucha gente que yo escuché decir después de la última votación apruebo/rechazo, cuando ganó el rechazo, escuché a un montón de gente que estaba muy involucrada en todo esto, decir: «¿Sabes qué? Yo me bajo. Me da lo mismo. Me bajo del mundo, no voy a averiguar más, no me voy a involucrar más, no voy a leer más, no más». Escuché a hartas personas decir eso y dije: «Es interesante ese tema, como la parte emocional de todo esto”. Porque los reportajes, las investigaciones, son para otro formato. Lo que nos convoca es un formato que pueda generar lo que tú dijiste al principio: que te rías, que llores, que te haga pensar, que me quieras entrevistar para preguntarme de dónde salió, eso me imagino que hace que uno hable con otras personas sobre la obra, que se encuentre con gente. Son muchas temáticas por lo mismo, porque pasaron muchas cosas. Muchas cosas las pudimos contestar, pero la mayoría no. La obra también tiene harto de eso. Tiene muchas preguntas, muy importantes, pero tiene pocas respuestas. Eso es algo que a mi también me gusta practicar, que las personas puedan rellenar esas respuestas con su propia biografía, con cómo han vivido su vida, cómo vivieron ese momento, quieren recordarlo o no. ¿Qué recuerdan? Creo que es bonito que la gente pueda completar y que no sientan que fue como recibir una lección de nada.

A pesar de que tiene momentos muy dramáticos y muy conmovedores, me encanta también esa mezcla con el humor. Esos dos personajes de Dios y el Diablo son notables, todo el show del programa de televisión, muy lúdico y muy onírico. ¿Cómo fue pensada esa incorporación del humor, del toque humorístico más farandulero dentro de lo que es literalmente un show televisivo de la tragedia que estaba sucediendo?

Sí, yo creo que eso nace de la locura de mi cabeza no más. Sabes que no sé en qué momento ni por qué se me ocurrió escribir ese programa de televisión. Pero también Paula me estuvo mandando unos videos insólitos de Mirtha Legrand, hay unas citas de ella puestas ahí en la obra literal, citas de otras personas, hay una cita de ella en el programa. Yo creo que es solo para simbolizar la locura, la confusión, la cosa zafada. Está muy basada en la lógica de los sueños la obra, es muy onírica por eso, y eso a veces es muy gracioso, eso genera humor. Todo lo que puede imaginar tu cabeza si no le pones freno, puede ser muy divertido.

El humor también es una estrategia para mantener la atención del público. Si uno tira un chorizo de texto súper inteligente sobre un análisis súper específico de una cosa, a mí me cuestan esas cosas. Creo que una manera de mantener la atención del público y que escuchen lo que tú quieres exponerles es justamente desde el humor, porque el humor te mantiene en la puntita de la silla, no te permite tanto tirarte para atrás y dejar de escuchar. Los sueños y el absurdo de la vida tienen humor también.

Uno de los puntos que encontré fuerte es la utilización de los simbolismos para decir cosas, desde el caballo, la obra se llama Caballo pero no vemos el caballo. El tema podría haber dado para algo mucho más complejo, pero cae bien en el sentido que uno se ríe y disfruta la obra como algo que es entretenido de ver a pesar del mensaje que te deja. ¿Cómo fue la utilización de esos simbolismos? ¿Cómo lo pensaste?

La verdad no lo pienso tanto. Yo tengo una manera de escribir bastante de la corriente de la conciencia a momentos, y después empiezo a ser más consciente, como «mira, esto se trata de esto». Los mismos actores de repente dicen: «Mira, el personaje principal en realidad representa a la Patria, yo creo». Y yo digo: «Ah, claro». Pero también estoy muy encima, soy la dramaturga y la directora. Por eso es bueno a veces entregar un texto, que la gente lo lea y que otras cabezas lo piensen para poder entender de dónde salen las cosas. Pero si soy honesta, no sé mucho de dónde viene nada. A medida que iba escribiendo, le mostraba el texto a Paula y a Nico, equipo artístico, y ellos comentaban. Al leer ese tipo de simbolismo, yo los hacía conscientes y luego los desarrollaba, eso sí, absolutamente. Todo este tiempo ha sido muy simbólico, todo el estallido, todas las votaciones, toda la pandemia, todo ha tenido figuras simbólicas súper grandes.

Este estreno ha ocurrido en un momento personal más introspectivo en tu carrera, tienes una historia familiar, un legado importante y que ahora en este momento estés estrenando una obra así de potente con el Ictus, dirigiendo, escribiendo ¿Qué significa para ti personalmente?

Significa un montón de cosas. Efectivamente el proceso estuvo interrumpido por la muerte de mi padre, eso no es menor, y continuar con los ensayos fue durísimo. Fue durísimo, pero igual ahí uno está en casa. El teatro para todos es una casa, en cualquier parte del mundo tú entras a un teatro y dices «ay, casita», porque es un lugar conocido. Fue como más duro hacer funciones en ese tiempo de VANIA, los ensayos fueron complicados porque, como tú dices, son momentos que uno se va como para dentro y no puedes irte completamente para dentro porque tienes que comunicar un montón de cosas a tu elenco. Pero finalmente lo tomé como un homenaje a mi propio papá, que hubiese seguido ensayando de todas maneras. Entonces me sentí muy contenta de haber podido sacar adelante ese proyecto en este momento. Fue mi elección, uno siempre puede bajarse, pero no me hubiese sentido bien, no hubiese sido una buena decisión. Obviamente los duelos, los lutos, hay que cuidarlos, hay que cuidar esa herida, hay tratarse con ternura y hay que tener cuidado, pero este lugar no era un lugar que amenazara esa herida. No es un lugar que iba a amenazar ese duelo, no iba a hacer que se me infectara. Tampoco que se sanara, porque no es posible. Para en el estreno extrañé mucho obviamente su llamado, su ida a ver la obra, su comentario posterior, todo eso. Son momentos complicados, pero al mismo tiempo muy preciosos. Estoy muy contenta de haber hecho esto.

¿Puedes dejar invitada a la gente a ver la obra por favor?

Voy a hacer doble invitación, porque la temporada ahora de Santiago a Mil está agotada, cosa que nos tiene muy contentos. Pero vamos a volver; abril y mayo vamos a tener funciones en Teatro Ictus, jueves, viernes y sábado a las 20 horas. Así que les invito a que vayan a ver esta obra, que a nosotros nos tiene contentos, que nos hace sentir consecuentes con lo que pensamos y a la vez nos hace pasarlo bien y nos produce harto orgullo. Así que les invito a que vayan en abril y mayo, porque ahora ya se agotó.

Ficha técnica

Título: Caballo

Dramaturgia y dirección: Emilia Noguera

Asistencia de dirección: Camila Oliva

Elenco: María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate, Camila Oliva

Diseño integral: Cesar Toro

Realización escenográfica: José Miguel Carrera

Realización de vestuario: Javiera Labbé

Música y Diseño Sonoro: Andrés Abarzua & Felipe Bribbo

Diseño gráfico: Cesar Toro

Producción: Alessandra Massardo y Catalina Tapia

Asistente de producción: Paula Galleguillos

Comunicaciones: Sofía Oksenberg

Adaptación sonora y técnica: Lenin Silva

Técnico iluminación: Matías González

Tramoya: Nelson Vargas

Temporada:

7 al 24 de enero | jueves, viernes y sábado

20:00H

Teatro ICTUS, Merced 349, Santiago

Entradas a través de Ticketplus

Precios:

General jueves y viernes:  $12.000 | sábado:  $15.000

Estudiante y Tercera edad: $9600

 

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