Por Romina Burbano Pabst
Diosa de la ley, voluntad y justicia divina.
Temis supervisaba el orden que regía a mortales e inmortales. A menudo, sentada junto a Zeus, ofrecía sabios consejos. Hija de Urano y Gea, la titánide encarna la ley natural: una justicia anterior a las leyes escritas. Representada con la espada de la justicia, una cadena en la mano derecha y una balanza en la izquierda, Temis es el orden cósmico del mundo que se mece en una armonía frágil. No garantizaba la justicia: la prometía como horizonte; un equilibrio que debía sostenerse y no proclamarse.
Estrenada en 2021, Temis, obra de la compañía Bonobo, llega al Teatro Municipal de Las Condes como parte del ciclo de la compañía Bonobo. Tercera pieza de la trilogía compuesta por Donde Viven los Bárbaros (2015) y Tú Amarás (2018), la obra que recibe su nombre de la diosa griega, emerge desde la creación colectiva y la improvisación, articulando un lenguaje escénico donde el humor negro, la ironía y el absurdo conviven con la crítica social. Aquí la risa irrumpe donde algo se quiebra, aparece cuando la obra incomoda, expone contradicciones y deja en suspenso la promesa de una justicia posible.
En escena, una familia – un padre y cuatro hijos – llevan años haciendo crecer su nuevo negocio familiar luego de que Temis (negocio del padre) quebró. La nueva empresa, liderada por tres de sus hijos, se sostiene en un discurso de buenas prácticas, inclusión y rechazo a la discriminación al interior de la empresa. Sin embargo, ese equilibrio cuidadosamente administrado se ve alterado con la irrupción de una hermana desconocida, con un contexto radicalmente distinto al de ellos. Su presencia desajusta la dinámica familiar, irrumpe como un cuerpo extraño que desestabiliza el orden y tensiona el relato ético que los sostiene, poniendo en crisis la noción de justicia que tanto dicen encarnar. Se devela lo que muchas veces se oculta bajo los protocolos, el lenguaje correcto y las apariencias.
Temis se despliega como una obra sólida en su construcción narrativa y en el trabajo actoral, donde las y los intérpretes mantienen con precisión el tono incómodo que la propuesta exige. La progresión de los conflictos se articula con claridad, permitiendo que las tensiones familiares se desplieguen con ritmo y suspenso. La escenografía propone una lectura sobria y funcional del espacio, destacando por la profundidad de campo que sugiere una casa que excede lo visible.
Más allá de lo estético, el verdadero espesor de la obra se encuentra en las preguntas que deja abiertas. El título Temis irrumpe como una promesa problemática. Resulta inquietante que una obra chilena recurra a la mitología griega para pensar su presente. La insistencia del padre en nombrar su antigua empresa Temis no aparece como un gesto erudito, es una relación simbólica que conecta el conocimiento pasado y la actualidad. La mitología, más que un relato, es un archivo de pensamiento de estructuras universales de poder, en este caso, Temis: la justicia, la ley y el orden. En ese cruce, Temis deja de ser una diosa lejana para convertirse en una pregunta ¿qué forma adopta hoy la justicia en nuestras sociedades? ¿a quién sirve? ¿a quién excluye?
En la obra Temis es la justicia que se espera, no repara y no ordena, permanece como un grito vacío, repetido como consuelo. El padre, aferrado a un relato de justicia que nunca supo encarnar invoca a la diosa griega tratando de encontrar en su nombre perdón. Su presencia atraviesa la ruina y desorientación de una familia que evidencia que ni los protocolos, ni el lenguaje, ni la herencia familiar alcanzan para sostener un orden verdaderamente justo.
La pieza sugiere que la brecha económica, los pactos fundacionales rotos y la injusticia normalizada no son anomalías coyunturales, sino una tragedia que se repite una y otra vez. En este sentido, la mitología griega eleva el conflicto y lo inscribe en una lógica trágica contemporánea, donde el orden que dice administrar justicia produce sus propios monstruos. Y es que no basta con intentar algo distinto: protocolos, reglas, formalidades, si el fondo sigue intacto. En este sentido, no reparan una injusticia estructural, solo la ordenan mejor. Se quiere justicia, pero se sigue reproduciendo el lenguaje del poder. Por eso: el hermano desaparece, la actriz huye con el dinero y el sistema no se repara. No hay catarsis, no hay rendición, hay repetición.
A lo largo de la obra, Temis es nombrada por el padre de la familia no como institución, sino como una ley de vida, es un mito fundacional al que se aferra para legitimarse. Pero, cuando el relato se quiebra y lo mitológico irrumpe en escena (la cíclope y el minotauro), la justicia anhelada deja de ser promesa y se revela como ausencia. No existe un colapso porque Temis (la justicia) ha fallado, sino porque nunca estuvo allí. Cuando la justicia no se practica como vínculo, no funda orden: se rompe; y aunque se intente corregir el sistema, Temis no llega.
En el momento final, son el cíclope y el minotauro quienes cargan con la verdad. En la mitología griega, los cíclopes son anteriores al orden olímpico, representan las fuerzas primarias, descritos en la Odisea como seres sin ley. El minotauro, en cambio, es una criatura producto del poder, nace de una falta ética del rey Minos, una venganza de Poseidón. Con el tiempo es encerrado en el laberinto, un espacio de orden que esconde su violencia. En la obra ambos representan el resultado de un sistema que convirtió la justicia en un discurso, despojándola de toda potencia.
El cíclope con su mirada única, y el minotauro que carga con violencia engendrada por el poder, no vienen a destruir nada, revelan. Cuando afirman que la justicia nunca va a llegar, no están anunciando una condena, es más bien una constatación trágica. Por eso no hay catarsis ni solución, queda la persistencia de una injusticia que se repite porque aprendió a nombrarse de otro modo. No porque falte voluntad, sino porque nunca estuvo en un inicio. Como en la tragedia clásica, los monstruos no rompen el orden: lo exponen y lo encarnan.
Temis es una obra entretenida que deja, al mismo tiempo, capas de reflexión. No se propone la espera de una justicia por venir, sino la constatación de una ausencia original: Temis nunca estuvo ahí y, por eso, no llegará. No hay ley que venga a ordenar aquello que nació injusto.
Ficha Técnica
Título: Temis
País: Chile
Compañía: Bonobo
Dirección: Pablo Manzi y Andreina Olivari
Dramaturgia: Pablo Manzi
Elenco: Paulina Giglio, Gabriel Urzúa, Guilherme Sepúlveda, Carlos Donoso, Gabriel Cañas y Marcela Salinas
Diseño Integral: Felipe Olivares y Juan Andrés Rivera
Máscaras: O’Ryan Lab
Prótesis: Jocelyn Olguin
Música Original: Camilo Catepillan
Arreglos Musicales: Daniel Marabolí
Producción: Alessandra Massardo
Duración: 90 min
Edad: +14
Coordenadas
Teatro Municipal Las Condes
Av. Apoquindo 3300, Las Condes.
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