Por Galia Bogolasky
A lo largo de sus dos décadas, el Centro Cultural La Moneda ha transitado por distintas etapas que reflejan las prioridades culturales del país: desde un énfasis inicial en la democratización del acceso a la cultura hasta enfrentar el desafío de sostener la calidad en contextos sociales y tecnológicos cada vez más complejos hacia la democracia cultural. Esta trayectoria se sintetiza en el eje de “continuidad y cambio”: continuidad para mantener un centro de excelencia con altos estándares artísticos, y cambio para evolucionar hacia una organización que responde a las transformaciones contemporáneas y a una ciudadanía que demanda participación real y sentido.
En 2026, el CCLM proyecta estos principios en una programación inspirada en el lema vivir la cultura, con el que el centro celebra sus 20 años de historia. Desde esta perspectiva, la cultura se concibe como un puente para dialogar con otras dimensiones del desarrollo, como la economía, el medioambiente y la interculturalidad, articulando además proyectos de participación ciudadana con foco territorial y colaboraciones internacionales de alto nivel. Todo ello consolida al CCLM como un espacio de encuentro para públicos diversos.
Regina Rodríguez es periodista de la Universidad de Chile y licenciada en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España), se ha desempeñado como coordinadora nacional de artes escénicas y artes visuales en el Departamento de Industrias Creativas, ProChile (2017-2019); secretaria ejecutiva del Consejo Nacional del Libro (2014-2016) y directora de Prochile en Italia (2008-2013).
Posee más de 30 años de experiencia tanto en el sector privado como en el público, donde también asumió cargos de responsabilidad técnica en cuatro ministerios: De la Mujer y la Equidad de Género (ex Sernam), Hacienda, Relaciones Exteriores y de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (ex CNCA). Durante su carrera ha estado a cargo de la coordinación de grandes equipos junto a la gestión de proyectos a nivel nacional e internacional, con experiencia en cultura, relaciones internacionales, comunicaciones y políticas públicas.
Esto fue lo que la directora ejecutiva del CCPLM nos contó acerca de la conmemoración de los 20 años.
Ud lleva tres años a cargo del Centro Cultural La Moneda, donde se ha logrado posicionar como el centro cultural más importante de Chile, con exposiciones relevantes que han marcado estos últimos años. ¿Cómo ve, en ese contexto, el aniversario de los veinte años del Centro Cultural con esta consigna de “vivir la cultura”?
El lunes celebramos los veinte años. Esto es una celebración que debería ser de todos, porque una infraestructura de este tamaño, tan importante, que se creó hace veinte años, se mantiene y hay continuidad. A pesar de muchas vicisitudes, el Centro Cultural ha pasado seis gobiernos, ha habido una pandemia, ha habido una revuelta social, francamente es algo patrimonial que es muy importante celebrar desde el punto de vista de la ciudadanía.
Efectivamente, como tú dices, el sello de la gestión, que en realidad ya no es tan nuevo, en marzo cumpliré tres años, pero sí es nuevo en un contexto de veinte años, mantiene una fidelidad clara al sentido de la creación de este centro en el año 2006: permitir o facilitar el acceso a la cultura, pero también adaptándonos a los cambios de los tiempos del país, de la sociedad y de la cultura misma. Por lo tanto, hemos puesto énfasis en los últimos años en la apertura a la ciudadanía. Primera medida importante: todas las actividades son gratuitas. Eso tiene un costo y un esfuerzo que hemos estado dispuestos a asumir, porque significa cumplir el objetivo de que no haya barreras para que las personas sientan que este centro es suyo, porque en realidad el centro es de todos y de todas. Eso fue lo primero.
Después, la programación. Primero me tocó el 2023, el aniversario de los cincuenta años del golpe de Estado. Había una programación mayoritariamente hecha, que llevamos adelante con bastante éxito de público. En 2024 continuamos con esto e iniciamos formas de trabajo diferentes, porque incluimos una alianza con EFE, Ferrocarriles del Estado, lo que significó conectarse con las memorias de la gente. Pudimos captar qué cosas inquietan, qué cosas hacen sentir identificado a un público muy distinto. Fue muy interesante esa experiencia. No había habido una experiencia similar, siempre había sido básicamente arte en todas sus dimensiones, extraordinario por supuesto, pero esto era un poco distinto.
Hicimos una evaluación interesante y, con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, se realizó un estudio de públicos. Un estudio para poder saber, y esta es la pregunta que nos hemos venido haciendo estos tres años: ¿para quién trabajamos? No basta con hacer buenas ofertas culturales, buenas exposiciones y actividades, sino que debemos preguntarnos a quiénes estamos llegando y a quiénes queremos llegar.
Ese estudio fue riquísimo, nos dio elementos para entender que tenemos un público cautivo, un público que pasa y un público al que no estamos llegando. En 2025 implementamos muchas cosas que surgieron de ese estudio. Desde la señalética, por la que siempre había reclamos debido a la estructura difícil del centro, hasta identificar que hay un público cautivo que se ha convertido en embajador del centro cultural, para ser líderes de opinión en sus mundos y comunidades, que ha sido muy importante. Evidentemente el saber que tenemos un público de mediana edad y bastante público mayor que viene a hacer actividades regularmente al centro cultural, como Tai Chi y talleres. También hemos hecho un trabajo muy importante con niños de todas las edades. Seguimos trabajando con la idea de responder esta pregunta de para quién trabajamos, porque la cultura es mucho más que las obras de arte, que es la expresión más reconocida. La cultura es la forma cómo nos relacionamos, cómo habitamos el espacio público, cómo nos saludamos con los vecinos y cómo vivimos en sociedad.
En estos tres años de gestión ¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha enfrentado? Mencionó algunos temas, como llegar a nuevos públicos, el tema del financiamiento ¿Hay algo que le ha llamado la atención especialmente de este centro cultural? ¿Algo que ha rescatado, que ha contribuido a fortalecer el trabajo?
Yo estaba fuera de Chile cuando fui seleccionada para este cargo. Había estado cuatro años fuera, me había saltado el estallido y la pandemia, por lo tanto, me encontré en un país distinto. Aunque he trabajado muchísimos años en cultura, en muchos ámbitos de la cultura; con el cine, los libros, las artes visuales, desde ProChile donde trabajé muchos años, y conozco los mundos culturales, estuve cuatro años fuera. El desafío fue entender los cambios, hay que entender a la sociedad porque los cambios son culturales y sociales, y han habido muchos en estos cuatro años.
Todo el tiempo me encontré con los efectos de la pandemia, de haber estado trabajando de manera individual, siempre en la casa, con poca disposición a los espacios de encuentro. Creo que eso lo estamos viviendo en todos los ámbitos de la sociedad; hay una cultura mucho más individualista. Yo vengo de una generación distinta, apuesto por el trabajo comunitario y de equipo, porque las cosas se hacen en conjunto, entre todos, crear equipos ha sido un trabajo. No es sólo la programación y la llegada a los públicos, eso no lo haces sola. No existe mi gestión solamente, existe que hay que armar equipos para que eso sea posible. Hay equipos valiosísimos, que tienen una experiencia larga en el centro cultural, de buen nivel siempre.
Lo más interesante que rescato y sobre lo que construimos, es el nivel de las cosas que hacemos. Siempre buscamos la excelencia, en lo posible, porque esa es la manera de relacionarse con los públicos respetando su dignidad. No es cosa de ofrecer cualquier cosa, o de hacerlo a medias, eso significa mucho esfuerzo profesional, de gestión y económico. Eso me parece importante.
Dado que el debate público está poniendo temas prioritarios, como el crecimiento y la seguridad, hay que comprender un esfuerzo que hemos hecho, es comprender que la cultura es central para el futuro del país. Está relacionado con la seguridad en la medida que haya más convivencia ciudadana, más ocupación de los espacios públicos y más disfrute de la vida. Por eso «vivir la cultura» es tan importante como eslogan. Habrá más posibilidades de apoyarse mutuamente en situaciones difíciles y de ir construyendo entre todos una sociedad más pacífica. Es verdad que es importante la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia, también, pero tiene que ir unido a estos otros cambios culturales.
Sobre el tema del desarrollo económico, que también es otra prioridad en el contexto, nosotros no nos hacemos los lesos. Hicimos un seminario sobre cultura y economía, porque pensamos que los temas culturales y económicos deben ir de la mano. No sólo porque la empresa privada puede financiar el arte y la cultura —cosa que debería ser mucho más, como en otros países—, sino también porque eso favorece el clima de negocios y el clima de crecimiento económico. Eso está muy estudiado por grandes organismos internacionales financieros como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Corporación Andina de Fomento (CAF, actual Banco de desarrollo de América Latina y el Caribe). Están dando señales clarísimas de que están invirtiendo en cultura porque sus estudios dicen que es rentable invertir en cultural y hacer estas alianzas. Eso es importante.
Creo que hubo una época en que era distinto el contexto económico, Chile crecía al 7% y había mucha más disposición de los empresarios de apoyar grandes muestras internacionales. Las directoras de la época lo hicieron muy bien y tengo mucha admiración por el trabajo que se hizo antes. Desde el punto de vista económico sucedía eso. Eso empezó a disminuir hace bastante tiempo, pero está sucediendo esta otra corriente que me parece muy interesante, a nivel de futuro, y a la que nos hemos conectado con esa corriente. Pensamos que el modelo de gestión de los espacios culturales, nosotros somos privados desde el punto de vista legal, permite allegar recursos privados para garantizar la sostenibilidad en el tiempo. Tenemos recursos públicos muy importantes y la continuidad de este centro cultural ha tenido que ver con políticas públicas sostenidas de Estado, que deberían permanecer, pero no es suficiente. Por lo tanto, toda gestión que allegue recursos privados, garantiza sostenibilidad en el tiempo y garantiza que la ciudadanía cuente con este espacio. No es un tema privado nuestro, del equipo del centro cultural. Creo que estamos trabajando para el país.
Con los 20 años del Centro Cultural La Moneda se inaugura la exposición Historias en movimiento junto con la Cineteca Nacional, que pertenece al SERPAT. Quería preguntarle sobre esta exposición puntual y sobre otros hitos que se vienen en la programación.
El año 2026 va a ser muy interesante. Iniciamos el próximo lunes con esta gran muestra, dos enormes salas de 600 metros cada una, sobre el cine en Chile. Recorre de manera cronológica desde fines del siglo XIX, cuando llega el cine a Chile en sus primeras máquinas, casi inmediatamente después de que lo inventaran los hermanos Lumière en París. A partir de ahí se empieza a hacer cine silente y luego hay todo un desarrollo. Hay inversión privada en el cine, porque en ese tiempo no había inversión pública y hasta los años 50 ya hay inversión pública con la creación de Chilefilms.
Esta muestra tan increíble da cuenta de algo que hemos vivido varias generaciones. Los más viejos estuvieron en la época del cine mudo, y cada vez somos más. Vemos cómo Chile se fue siempre acompasando con los grandes cambios mundiales en el ámbito del cine; cuando entra el cine sonoro, cuando entra el color, y cuando vivimos años muy oscuros, en la dictadura, donde sin embargo se mantiene y se sigue haciendo cine, muchas veces afuera de Chile o con otros soportes. Eso también está registrado. Todo lo del cine chileno y el florecimiento del cine nacional tiene especial importancia en la línea de cómo se vincula la cultura con la economía. No es cualquier país el que puede hacer cine propio y mostrar sus propias imágenes. Para eso se requiere un desarrollo interesante de ese país. Los países cuyo desarrollo es muy bajo no tienen posibilidades de crear imágenes de sí mismos, por lo tanto, son contados por otros. El cine ha acompañado el desarrollo del país y ha acompañado la vida cotidiana de las personas. La historia de ir al cine, de las primeras pantallas y donde estaban las salas de cine, se lo van a encontrar en la muestra. Están hasta los hitos más contemporáneos, como Historia de un oso y los dos Oscar que ha ganado Chile, lo cual es una señal para el mundo económico. No es casual que en países desarrollados se invierte en industrias creativas e industrias cinematográficas, porque eso sitúa a los países en el contexto internacional, hace imagen país, no solamente sino que genera divisas. Eso requiere inversión continua, requiere creer en esto. Además de disfrutarlo, van a ir los niños, abuelitos y gente joven que va a ver animación. Es una muestra que va a haber que visitar varias veces.
Con eso se inicia la programación 2026. Luego tenemos al menos dos o tres cosas que daremos en primicia el lunes. Vamos a traer la Bienal de Sao Paulo, que es la bienal más importante, después de la de Venecia. Una vez tuvo una presencia en Chile, con el MAC y con Cerrillos, ahora es una muestra grande, con la Bienal de Sao Paulo y con artistas contemporáneos. Eso va a ser otro hito muy importante. Otra cosa, que tiene que ver con lo internacional, desde una programación más nacional, del 2025, vamos a volver a conectar con el carácter internacional, a través de la bienal, a través de una muestra de artistas argentinos y una gran muestra de Qatar, que es tecnológica y estuvo en la Bienal de Venecia. Es muy interesante, sobre la cultura de esa región del mundo. Estamos volviendo a la vocación internacional. Tenemos más cosas pero esas tres te dan una idea de cómo se viene la programación 2026, que inicia el lunes.
Por último, sobre el futuro del Centro Cultural La Moneda y su relación con el Ministerio de las Culturas, considerando el anuncio del nuevo ministro Francisco Undurraga, quien viene más del sector público y político. Ud ha trabajado en el sector público. Quería saber su opinión de cómo se viene esa relación del Centro Cultural con el ministerio en el futuro.
Soy bastante pragmática, no me parece tan inteligente ponerse a suponer cómo va a ser. Creo que es una persona inteligente y tiene bastante que ver con la gestión, porque ha sido gestor, productor de televisión y ha estado en el Parlamento. Por lo tanto, me parece que podemos establecer un diálogo muy constructivo sobre la base de que las políticas de cultura, como otras, deberían ser siempre políticas de Estado para asegurar continuidad.
Por supuesto, hay que hacer los diálogos y traspasos correspondientes. Nosotros hemos hecho un plan estratégico 2025-2027 que implica el tema de la programación, mantener la línea ciudadana y también está el tema de la sostenibilidad económica, donde tenemos bastante que conversar. Lo entendemos pero también lo hacemos. Tengo la expectativa de que podamos hacer un trabajo constructivo. De hecho, la experiencia del Centro Cultural es esa: ha habido momentos de cambios, pero ha habido básicamente una continuidad en el espíritu del centro cultural, que se ha ido profundizando y adaptando a los contextos. En este contexto es lo que nos ha tocado hacer. Hay un equipo muy interesante y sólido en el Centro Cultural, con experiencia, que no llegó conmigo, que está dando resultados excelentes. Mi disposición es a construir en conjunto y a aceptar cualquier decisión que se tome, desde el punto de vista de quien tiene el poder de tomarlas, pero cuidando la continuidad del Centro Cultural. Lo que importa son las instituciones, que son las que quedan, las personas nos cambiamos. Yo he estado como en 5 ministerios, a nivel técnico, no a nivel político no este caso, que fue un concurso públicl. No es algo que debiera significar una ruptura, espero y apuesto por que así sea.
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