Entrevista a la actriz y directora de “Hamnet”, Jessie Buckley y Chloé Zhao: “El duelo es algo con lo que todos podemos identificarnos”

Por Gabriela Bravo

El cine tiene la capacidad de contar un mismo hecho desde puntos de vistas tan diversos, que dos temáticas similares pueden dar origen a películas completamente diferentes.

En esta oportunidad la directora Chloé Zhao (Nomadland), trae la historia de Hamnet, el hijo de William Shakespeare que inspiraría la célebre obra Hamlet. Sin embargo, en esta cinta el escritor no es el protagonista de la historia, sino que lo es Agnes, su mujer, a través de quien el relato se ira desarrollando. Protagonizada por Jessie Buckley, Agnes es una mujer conectada profundamente con la tierra, con la vida. Un espíritu libre que cruza el camino de Shakespeare y con quien terminará fundando una familia.

Basada en el libro de la británica Maggie O’Farrel, Hamnet, nos confronta al doloroso tema de la pérdida de un hijo y como se puede seguir viviendo tras un sufrimiento tan profundo. Como es su costumbre, la directora Chloé Zhao construye unos personajes llenos de poesía y humanidad, lo que le valió a Jessie Buckley ganar un Globo de Oro y una nominación a los premios Oscar, y a Chloé Zhao ganar el Globo de Oro a la mejor película dramática y estar nominada a 8 premios de la Academia, entre ellos: mejor directora y mejor película.

Culturizarte tuvo la oportunidad de conversar con la actriz Jessie Buckley y la directora Chloé Zhao sobre la realización de esta película.

¿Qué significa para ti contar esta historia desde la perspectiva más femenina, en contraposición a lo que siempre se ha contado sobre la obra de Shakespeare?

Chloé Zhao: Realmente todo se remonta a Maggie O’Farrell, para ella era una auténtica pasión poder contar la historia desde la perspectiva de Agnes. Yo tiendo a pensar que no es solo Agnes; por cierto, Hamnet también se perdió en la historia. Es como si el lado más tierno, más femenino de su vida hubiera sido borrado, y creo que existe una tendencia a deshumanizar a nuestros genios, a hacernos pensar que el genio está de algún modo desligado del mundo material, que todo proviene del espíritu y que ellos fueron de alguna manera elegidos para eso. No, en realidad simplemente vivieron la vida, luego sintieron la vida, sostuvieron la vida y después tomaron inspiración de la vida. Y esa es una cualidad muy femenina. Así que creo que Maggie —y todos nosotros— sentimos una gran pasión por desmitificar esa parte de Shakespeare.

La película retrata el duelo de una manera muy cruda e íntima. Quería preguntarte ¿cómo quisiste representarlo en pantalla, por qué querías hacerlo así y qué querías evitar al hablar de ello?

Jessie Buckley: Es casi imposible siquiera empezar a intentar crear una idea de lo que es el duelo, porque es completamente personal y no tiene principio ni final. Perder a un hijo es inconcebible y, con absoluto respeto hacia cualquiera que haya pasado por eso, yo pensaba: “adonde sea que esto me esté pidiendo ir, levanto las manos y voy a ir allí”. No tenía ni idea que me llevaría a los lugares a los que me llevó, pero avivé el fuego todo lo que pude para llegar a ese punto, y lo que salió, salió, y eso en realidad no tuvo nada que ver conmigo. Creo que el duelo es algo con lo que todos podemos identificarnos, y también es un duelo antiguo; el duelo que ella experimenta es el grito de cien madres y cien padres que han perdido hijos, o de personas que han perdido a quienes aman. Eso viene de algún lugar que no conozco realmente y que tampoco quiero conocer; está bien que viva en cierto misterio. Pero no quería entrar en esta historia para contar una historia sobre el duelo; quería entrar para contar una historia sobre el amor y la humanidad, y sobre lo complejo, valiente y corajudo que es vivir plenamente sabiendo que somos mortales. Vivimos y danzamos entre la vida y la muerte desde el momento en que nacemos o somos concebidos, y ese también es el acto de creación en todos los formatos.

Uno de los elementos que más impacta en Hamnet es la manera en que se utiliza el arte para sanar. Me preguntaba si tú, como intérprete ¿también usaste esa herramienta en esta película para canalizar emociones?

J. B: Creo que ese siempre es el viaje. Cuando llegué, acababa de terminar The Bride (La Novia de Frankenstein), dos semanas antes de que empezáramos a rodar, y llegué desde un lugar muy particular de mi corazón. Me di cuenta de que ese era exactamente el lugar desde el que debía lanzarme a este mundo. Podría haber sido completamente diferente si hubiera venido de otro sitio. Y no quiero usar la narración como terapia, pero sí quiero usarla como algo para experimentar la vida más plenamente y para volverme más humana a través de mi arte y mi trabajo. Ha sido una educación por la que estoy muy agradecida, para comprender qué significa ser humano y estar vivo.

¿Crees que el arte también puede dar sentido al dolor?

C.Z: Absolutamente. Por eso existe la narración desde el principio. Tenemos cuatro estaciones en nuestras vidas, cuatro estaciones en cada experiencia humana. El dolor es la mitad de la ecuación, por desgracia. Pero usar la narración para dar sentido, para poner orden en el caos de nuestra existencia, es la razón por la que sobrevivimos como especie desde el inicio. Varios filósofos modernos han escrito sobre la capacidad del Homo sapiens para creer en cosas que no existen —ya sean héroes o el dinero—, cosas que de algún modo nos conectan. Para bien o para mal, la narración es eso: nos hace humanos. Así que la respuesta es sí.

Chloé, la película ha sido muy bien recibida en todo el mundo; la gente está muy conmovida. ¿Crees que no es solo —obviamente— por la calidad de la película, sino también porque colectivamente hemos atravesado un duelo durante los últimos años y porque ahora muchas de nuestras interacciones están mediadas por pantallas? ¿Hay algo de eso también en el atractivo de la película para el público?

C.Z: Absolutamente. Hacemos lo mejor que podemos para crear una suerte de contenedor, una estructura, para canalizar algo que quiere hablar a través de nosotros, algo que sentimos que el mundo necesita. Respondemos humildemente a ese llamado y hacemos lo mejor que podemos. El mensaje que llegó a través de nosotros me resultó muy claro. Y ahora que hemos podido interactuar con audiencias de todo el mundo se siente muy validador. En estos momentos de separación, soledad y sensación de aislamiento, esta conexión nos recuerda nuestra unidad, de dónde venimos todos y hacia dónde vamos. El gran factor que nos iguala es ese vacío que nos contempla y nos dice: vive, vive, por favor vive, no me tengas miedo. Anhelamos profundamente sentir esa unidad entre nosotros y con la naturaleza. Así que creo que tienes razón: el momento histórico está ayudando, de algún modo, a que la gente quiera escuchar esta canción ahora mismo.

Jessie, hay una imagen preciosa de la película en la que tú y Chloe están recostadas en el suelo del bosque, y eso se me quedó grabado. Me recordó lo increíblemente difícil que es capturar en el cine los peores momentos de la vida y la condición humana sin caer en trampas o falsos tonos. Las mejores interpretaciones no necesariamente vienen de actores que hayan pasado por experiencias extremas en su vida personal. Mi pregunta para ti, Jessie, es: conociendo el trabajo de Chloé antes de Nomadland, ¿hubo algún momento clave en el proceso —más allá de la simple química o de tomarse de la mano— en el que dijeras: “ah, este es un espacio distinto, aquí puedo trabajar”?

J.B: Creo que algo muy importante ocurrió entre las dos antes incluso de empezar a rodar. El año pasado yo estaba en Nueva York filmando The Bride y Chloé estaba allí. No nos conocíamos muy bien; quizá nos habíamos visto tres veces, pero ya habíamos firmado ambas el contrato. Eran como las doce de la noche y le escribí a Chloé diciéndole algo como: “estoy pensando en ti, espero que estés bien, jaja”. Y ella respondió: “¿puedo ir?”. Abrí la puerta y nos abrazamos.

C.Z: Yo no estaba bien, estaba en un lugar muy peligroso, realmente no era bueno.

J.B: Lo que ocurrió en ese momento fue, en realidad, la disolución de una jerarquía. Fueron dos seres humanos encontrándose. Pasamos toda la noche sentadas en el sofá, hablando de la vida, apoyándonos. Creo que fue ese lugar desde donde nos movimos durante todo el proceso de traer esta historia, esta mujer, desde nuestros corazones, confiando en que podíamos sostenernos mutuamente en este río humano tan intenso y tan vivo. Nunca había tenido una directora que llamara a mi puerta a la una de la madrugada para pedir ayuda, y fue algo realmente hermoso. Lo recordaré siempre.

¿Hay algún momento que aún recuerden después del rodaje, incluso ahora que la película ya se estrenó, algo a lo que todavía vuelven con la memoria, algún instante que se haya quedado grabado durante todo el proceso creativo?

C.Z: Para mí fue hacia el final, estar en el Globe Theatre y saber que Jessie sabía lo mismo que yo: que el final no estaba funcionando. Entonces recibí de ella una inspiración que me reveló el final. Llegar al set esa mañana y explicarle a todo el equipo cuál era ese nuevo final, sentir el silencio y la comprensión de que todos estaban esperando eso, y luego, sin una palabra, que todo el mundo se pusiera a trabajar durante cuatro días para hacerlo realidad de forma tan fluida. Sientes que estás haciendo magia, que realmente te mueves como una sola colmena. Esa sensación de unidad… podrías compararla con estar en una ceremonia de Ayahuasca, te sientes sostenida por la Gran Madre. Fue una experiencia increíble esos últimos cuatro días.

J.B: Quizá en contraste con eso, para mí fue el primer momento en la raíz del árbol, cuando descubres a Agnes. Antes de llegar al set ya estás soñando ese mundo, imaginando qué son esas cosas. El árbol era muy importante para mí; ese vacío era muy importante. Contenía mucho de quién era ella hasta ese momento. Su madre, el origen del nacimiento, estaba en la raíz de un árbol. Recuerdo que llegamos al set y dije: “tengo que bajar ahí”. Y en la primera prueba nos dijeron algo como: “no sé, es demasiado peligroso, no puedes bajar, no es seguro”. Y yo pensaba: “ya estoy ahí, ya estoy en la raíz del árbol”. En el momento en que me senté en ese hueco sentí como una grieta emocional y pensé: “oh, estoy a punto de emprender un viaje enorme”. Empecé a sollozar, a llorar.

Después de rodar esta película, ¿aprecias un poco más la vida moderna o no?

C.Z: Para mí, sí. Porque siempre he tenido mucho miedo a la muerte, y pasé cuatro años de mi vida trabajando en esa crisis. Esta película llegó al final de ese periodo de transición. Ahora tengo un poco menos de miedo a la muerte y, por lo tanto, creo que viviré más plenamente.

J.B: Yo creo que me iría bastante bien allí atrás. Vivo en una casa del siglo XVI, así que básicamente ya es esa casa. Probablemente me gustaría volver y vivir allí más que en la vida moderna.

Después de un viaje tan intenso y extraordinario como fue hacer Hamnet, ¿cambió tu apreciación de la obra de Shakespeare? ¿Y cuál es tu obra favorita de Shakespeare?

J.B: Siempre he amado a Shakespeare… bueno, no siempre, eso es mentira. En la escuela me intimidaba bastante. Luego me mudé a Londres y al descubrirlo allí fue un cambio total: la idea de que podía tener solo palabras y actuar, sin necesitar música para contener emociones tan grandes. Fue como el primer fósforo que encendió en mí el reconocimiento de mí misma como actriz, y de cuán plena puede ser una sola palabra dentro del enorme barco de humanidad que son los mundos de Shakespeare. ¿Mi obra favorita? No tengo una; pero me gustaría hacer Macbeth.

C.Z: Esa es mi favorita también, siempre Macbeth. Mi apreciación creció mucho. No soy especialmente conocedora de Shakespeare, pero me encanta el simbolismo y el misticismo de sus imágenes. Cada vez que veo una imagen —una portada de una obra o una película— pienso: “este tipo está conectado con algo”. Hacer esta película me ayudó a entender qué es ese “algo”. Creo que ahora leeré sus obras de una manera completamente distinta; entiendo Hamlet de forma muy diferente ahora.

Tu película está llena de poesía. Como directora y como actriz, ¿qué importancia tiene la poesía en sus vidas?

J.B: La poesía es casi la manera en que camino por el mundo. Mi padre es gerente de un bar, pero siempre ha sido un poeta, y su forma de expresar lo que no ha podido decir en persona ha sido a través de la poesía. Siempre he tenido una relación con ella y recurro a ella en distintos momentos de mi vida. Ahora mismo estoy completamente obsesionada con David Whyte: la manera en que navega el lenguaje y el paisaje en su poesía me ha hecho enamorarme del lenguaje otra vez. Dijo el otro día que no tenemos suficiente lenguaje para describir el territorio en el que nos encontramos actualmente. Deberías leerlo, es increíble.

C.Z: Para mí la poesía es el lenguaje de los profetas. Lo creo de verdad. Los profetas no hablan en verdades fácticas; siempre hablan de forma alegórica, porque el misterio no puede ser capturado por el logos. Misterio y logos son iguales. Conocemos muy bien el logos; lo estudiamos, nuestra civilización se construyó sobre él. Así que para mí la poesía es supervivencia, es la otra mitad.

¿Cuáles fueron los desafíos y los aspectos positivos de llevar a la pantalla figuras históricas de las que no se registró mucho sobre sus personalidades y sus vidas privadas?

J.B: No hay desafío, porque eso significa que puedes crear desde un lugar honesto e inmediato y encontrarte con estas personas como personas, no como hechos históricos. Nos interesa su humanidad, no una clase de historia. Supongo que el diseño de producción y el mundo que se crea es diferente; eso muestra cómo existían físicamente: moler, preparar medicinas, cocinar, encender fuegos. Estaban mucho más implicados físicamente en su vida que nosotros ahora, porque tenían que usar su propio cuerpo para crear cualquier cosa. Yo tuve que aprender un acento.

C.Z: Para mis actores rezo para que no piensen en estas cosas, porque su trabajo es traer el momento presente, la humanidad del momento presente. El trabajo del equipo de producción y de construcción del mundo es darles el espacio para que puedan caminar entre esas dos realidades. Nuestros jefes de departamento son increíbles y los elegimos no solo por su talento, sino por su capacidad de rendirse: rendirse a la verdad histórica, a los hechos, y desde esa rendición traer la verdad emocional y la poesía para este mundo, para nuestro mundo. Malgosia, nuestra diseñadora de vestuario, es un gran ejemplo: conoce las formas y las reglas básicas y, dentro de ese contenedor, es libre para encontrar la verdad emocional de los personajes. Ni el vestuario ni el peinado de Paul y Jessie son históricamente exactos; muchas cosas no lo son según las imágenes que tenemos, que además fueron pintadas después de que murieran. ¿Es eso realmente lo que eran? Es, de nuevo, una danza: una danza entre el logos y el misterio.

A los actores a menudo se les pide que se compartan mucho de sí mismos, no solo en su trabajo sino también con los medios ¿Te preocupa la mirada que la gente pueda tener sobre ti? o, en pocas palabras, ¿cómo estás manejando la parte de la fama en tu trabajo?

J.B: Me resulta muy incómodo. Entre trabajos llevo una vida muy, muy sencilla: vuelvo a casa, hago tostadas, cocino, hago jardinería- bastante mal-, enciendo el fuego y leo. No conozco este mundo, y estoy intentando estar presente en él y afrontarlo de la manera más auténtica posible. No quiero fingir que soy algo que no soy en este momento. Estoy aquí con una historia de la que me encantó formar parte, crear y compartir con estas personas increíbles, y eso es lo que soy: soy una narradora. No soy famosa; soy humana y soy narradora, y estoy intentando vivir este momento con la mayor honestidad posible.

Ficha técnica

Título: Hamnet

Género: Drama

País: Estados Unidos

Año: 2025

Duración: 125 minutos

Director: Chloé Zhao

Elenco: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe

Distribuidora: Andes Films

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