Crítica de cine «Aún es noche en Caracas»: El peligro de recordar el pasado

Por Sergio Castro-San Martín

Dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, Aún es de noche en Caracas (adaptación de La hija de la española de Karina Sainz Borgo) narra la caída social venezolana no como una crónica política, sino como una experiencia corporal y emocional concentrada en una sola mujer.

El film definido como un thriller de supervivencia, narra la historia de una mujer que a sus 38 años vive en una ciudad al borde del colapso. Adelaida entierra a su madre y queda completamente sola. En las calles de Caracas, las protestas contra el gobierno son brutalmente reprimidas. Al volver a casa, descubre que su apartamento ha sido invadido por mujeres leales al régimen. Sin un lugar seguro, Adelaida se refugia en el departamento vecino, donde descubre el cadáver de su vecina. Adelaida comienza una espiral de encierro, miedo y desesperación creciente. Poco a poco, comprende que, para sobrevivir, deberá abandonar su identidad y convertirse en otra.

En Aún es de noche en Caracas la noche no es un simple trasfondo argumental ni un recurso atmosférico pasajero: es el eje que articula una experiencia cinematográfica en la que la urgencia, la pérdida y la supervivencia se traducen en imágenes y silencios que se sienten antes de comprenderse. La película no relata, con precisión lineal, un evento histórico. Allí donde muchos films sobre crisis políticas buscan fechas o causas, esta cinta elige algo arriesgado y radical: hacer del cine un estado sensorial en sí mismo —una noche interminable que atraviesa el cuerpo y memoria.

La protagonista, nombrada al menos cinco veces antes del primer cuarto de hora, no camina por Caracas como quien observa un escenario; su desplazamiento es una forma de sentir el espacio que se deshace bajo sus pies. Caracas, en esta película, no se presenta como un contexto que se explica, sino como una entidad fragmentaria que se intuye en sombras, pasillos cerrados, ruidos fuera de plano y cielos que nunca clarean.

La radicalidad aparece en la elección de no explicar, sino de hacer sentir. La ciudad no se muestra entera, sino rota: planos interiores, ventanas tapiadas, presencias que llegan como amenaza que no se concretan. No hay explicaciones ideológicas, solo el impacto del colapso vivido en una consciencia atrapada en la oscuridad.

Esta decisión formal —de alejarse de la exposición política tradicional— no es simple negación del contexto histórico; es una apuesta estética para que el espectador viva el derrumbe emotivo, antes que entienda causas y efectos a través de datos. La cámara se queda con Adelaida y con lo que “no puede ser nombrado”, con el miedo que late en cada paso, con la duda de si existe un afuera seguro al que huir. Esta mirada subjetiva es el gesto más potente de la película, pero también su riesgo: deja fuera de cuadro muchas certezas históricas para concentrarse en la vivencia íntima de la fractura.

Uno de los mayores logros de Aún es de noche en Caracas reside en su concepción técnica del espacio. La dirección de fotografía de Juan Pablo Ramírez apuesta por una penumbra constante que no busca embellecer la ruina, sino volverla opresiva. La luz —escasa, lateral, casi siempre artificial— no organiza el encuadre para la contemplación, sino para la incertidumbre. Muchas escenas parecen suspendidas en un umbral: no sabemos qué hay fuera del plano ni qué amenaza puede irrumpir. Este uso del fuera de campo es clave, pues convierte a Caracas en una presencia invisible pero omnipresente, una ciudad que se siente más de lo que se ve.

El diseño sonoro refuerza esta idea de asedio permanente. Ruidos lejanos, voces indistintas, detonaciones o silencios prolongados crean una textura acústica que funciona como estado anímico antes que como información narrativa. El sonido no explica: presiona.

El montaje, trabajo de la experimentada montajista chilena Soledad Salfate, a ratos sostiene la sensación de deriva nocturna. Los cortes son sobrios, a veces casi imperceptibles, permitiendo que cada plano respire y que el tiempo se sienta espeso. Sin embargo, es precisamente en el montaje donde el film comienza a revelar su principal fisura: el uso reiterado y, en muchos momentos, desmedido del flashback.

En este sentido, Aún es de noche en Caracas comparte con la novela su obsesión por la memoria e identidad, pero tropieza con su propia técnica: mientras que en La hija de la española los recuerdos son marañas íntimas dentro de una prosa que sabe cuándo detenerse, en el film los flashbacks carecen de anclaje y no articulan una progresión, ni definen cambios claros en el arco de Adelaida .

La estructura fragmentada, que se apoya en constantes guiños al pasado, pretende articular el duelo íntimo de Adelaida. En un inicio, la idea es potente: el colapso de la ciudad reflejado en la rotura emocional de un cuerpo que recuerda. El problema surge cuando este recuerdo deja de ser una grieta expresiva y sorpresiva y se convierte en una muleta del relato.

Los flashbacks no sólo son numerosos, sino que subrayan emocionalmente aquello que la película ya sugiere con potencia en el tiempo presente. Allí donde la actuación contenida y la atmósfera nocturna logran una genuinidad intensa, el regreso reiterado al pasado cargan el film hacia un excesivo melodrama, casi pedagógico en su repetición.

Esta sobreabundancia de memoria termina por romper el delgado equilibrio que la película había construido entre contención y afecto. En vez de confiar en la potencia de lo no dicho, el film le teme al vacío y lo llena con imágenes del pasado que pretenden justificar cada emoción de la protagonista. El resultado es una hipertrofia del sentimiento, donde el dolor se repite, perdiendo su impacto original.

Tal vez el gesto más radical habría sido permitir que la noche se quedara hasta el final, sin iluminarla repetidas veces con recuerdos. Porque cuando Rondón y Ugás confían en la oscuridad, cuando el film deja que la ciudad y el cuerpo hablen sin oralidad, se alcanza una potencia que es inigualable por el repetido melodrama del pasado.

Ficha técnica

Título: Aún es de noche en Caracas

Dirección: Mariana Rondón, Marité Ugás

Reparto: Natalia Reyes (Adelaida), Edgar Ramírez (Esteban),  Moisés Angulo

Año: 2025

Color

Sonido: Dolby Digital.

Duración: 97

Idioma: Castellano

Nacionalidad: Venezuela

Estreno en salas: 05 de febrero de 2026

Distribución: BF Distribution

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