Entrevista al escritor de “Cola de Pez” Emilio Morán: «Estamos a tiempo de vivir la experiencia humana»

Por Trinidad Quinzacara

Cuerpo, identidad, deseo y ciudad atraviesan Cola de Pez: memorias en verso de una sirena urbana, el debut oficial de Emilio Morán como autor. Nacido en Concepción, el poeta y periodista presenta un poemario íntimo que se expande más allá del papel: ilustraciones, imágenes y una playlist acompañan la lectura, construyendo una atmósfera que invita a sumergirse en una experiencia sensorial y emocional. Publicado por Editorial Trayecto, el libro combina una voz profundamente personal con una escritura cercana que logra resonar en quien lee, precisamente por la universalidad que se esconde en lo íntimo.

Aunque Morán ha desarrollado anteriormente proyectos de poesía audiovisual, Cola de Pez marca un punto de inflexión en su trayectoria creativa. Aquí confluyen su formación periodística y su trabajo audiovisual con una poesía que explora el cuerpo como territorio en disputa, el amor como espacio de vulnerabilidad y la identidad como un tránsito constante. Sin caer en lo panfletario, sus versos —rítmicos, narrativos y cargados de imágenes— construyen un universo propio donde la figura de la “sirena urbana” funciona como metáfora de la experiencia queer en la ciudad.

Conversamos con Emilio Morán sobre su proceso creativo, la relación entre poesía y música, la construcción de un proyecto inmersivo y los temas que atraviesan Cola de pez, un libro que, desde la exposición más honesta de lo personal, invita a reconocerse en el otro. 

Cola de Pez es muy inmersivo y personal. Incluye música, ilustraciones y un proyecto audiovisual relacionado. ¿Considerarías que es un concepto que va más allá del libro?

Definitivamente. Siempre en mi mente creo universos, creo proyectos que son audiovisuales, y a partir de los textos hago videos, hago playlists, me intereso en colores. Me intereso en que los textos no queden solamente en palabras, sino que se traduzcan en imágenes, sonidos. No sé por qué, pero siento que para mí es un proyecto 3D.

Es importante tanto el poema en sí, que es como el alma del proyecto, pero también que cuando alguien introduzca la lectura tenga una atmósfera que lo abrace, que lo guíe en cuanto al sonido, en cuanto a los colores, en cuanto a la ilustración. Es muy importante para mí crear una atmósfera, un universo que acoja las palabras.

¿Cola de Pez vendría de un personaje o lo ves como tú?

Yo creo que Cola de Pez es lo más Emilio posible, a niveles que llega a ser vergonzoso y doloroso igual. Es muy vulnerable, muy desnudo, muy íntimo. Muchas personas se me han acercado y me han dicho que les recuerda experiencias que han vivido ellos, o que pueden sentir lo mismo. Siento que, pese a lo peculiar y personal de cada experiencia que narro, hay algo universal. Es tan adolescente, tan arrebatado, tan intenso, que va y viene como yo. Cero ropa literaria, más que mis inquietudes. Es súper desnudo, desnudamente yo, a un nivel que me da un poco de pudor compartirlo. Sin embargo, la recepción ha sido tan buena que ya el pudor se me fue y estoy contento de haberlo publicado. Está alejado de cualquier personaje y de cualquier alter ego: es totalmente yo.

¿Por qué poesía? ¿De dónde nació tu amor por este estilo literario?

Primero partí dibujando, después fueron cuentos, después historietas. Los poemas llegaron por la música, escuchando música popular, pop. Me acuerdo que cuando tenía 13 años le robé un CD a mi hermana mayor, ¿Dónde están los ladrones? de Shakira. Lo escuché y quedé como: Shakira está loca, Shakira cuenta su vida y habla de todo a través de versos, y quedé como: wow, quiero eso para mi vida. Los poemas que uno lee en el colegio son más abstractos, más lejanos, más académicos. En cambio el pop son versos absolutamente narrativos. Shakira tiene palabras preciosas, pero entiendes todo lo que está cantando.

Además, tiene mucho que ver con crecer queer. Cuando uno crece cola o LGBT, tienes pocas amistades a quienes contarles tus cosas. Yo no podía hacerlo porque todavía estaba en el clóset. La única forma de contar mis deseos, anhelos, inquietudes, era a través de la escritura. La poesía me acomodó mucho porque era la forma más romántica para poder contar mis cosas. También más divertida. Me encantaba jugar con las rimas, con la musicalidad. Partí con cuadernos, después pasé al computador. Eso fue a los 13 ó 14 años.

Hay poemas que escribiste hace muchos años. ¿Cómo fue el proceso de seleccionar los que estarían en el libro? ¿Entre cuántos textos tuviste que elegir para que al final fueran 31?

Fueron muchos. Primero pasé por muchas etapas. Incluso cuando ya estaba trabajando con el editor le dije: “Saquemos estos poemas, no me gustan”, porque sentía que se desviaban un poco de la temática del proyecto. Yo quería un proyecto íntimo, muy humano, que viniera desde las sábanas, desde el cuerpo, desde la piel desnuda. No quería irme hacia lo más políticamente panfletario o identitario. Quería quedarme en lo más urgente: el cuerpo, los romances, los amantes, mi relación con mi cuerpo, mi autodesprecio, mi autodescubrimiento, mi identidad.

Saqué muchos poemas que podrían publicarse algún día, pero no aquí. Los poemas que más me costó releer fueron los más románticos, los de los amores. Volver a esos sentimientos fue un ejercicio de memoria corporal, con vergüenza y pudor, pero sabiendo que era lo mejor para lo que yo quería contar. Fue un proceso largo de sacar poemas, de meter otros, de revisar Google Drive, correos antiguos, diarios, cuadernos viejos. Algunos textos tenían más de diez años, pero seguían siendo importantes. Hay un poema que se llama 24 de abril, que escribí a mis 19 años. Es muy simple, pero cuando lo encontré supe que tenía que estar.

También me pregunté cuántos poemas debía tener un poemario. Por eso dividí el libro en capítulos, para que fuera más fácil de leer, para que no fuera solo una lluvia de poemas. Me gusta que haya un orden, un mapa literario, como un CD en el que sabes qué canción te gusta y puedes volver a ella.

En el libro aparece el concepto de la “sirena urbana”. ¿Cómo llegaste a esa idea?

Llegué a este punto porque al principio sentía urgencia por contar estas historias. Eran poemas que tenía guardados hace tiempo, y cuando empecé a unir el concepto del libro sentía pena y rabia por habitar un cuerpo que me castigaba.

Llegué a la historia detrás del cuento de La Sirenita, una película que cuando chico me encantaba. Después descubrí que el autor, Hans Christian Andersen, era homosexual y que el personaje de la sirena era una forma de representarse: un ser que no es ni humano ni pez. En su correspondencia decía que se sentía una mujer en un cuerpo de hombre. A través de ese personaje mitológico logró narrar esa identidad híbrida. Encontré muchos paralelos entre la sirena y la experiencia queer. La sirena es una metáfora perfecta para describir a la persona queer: convivir con un cuerpo que no responde a los deseos. Como en el cuento, muchos soñamos con ser humanos, con ser normales, hasta que aceptamos que somos raros. La sirena urbana nace de ahí: así como la sirena nada por los mares, los homosexuales nadamos por la ciudad.

Has mencionado varios referentes. Entre ellos, Pedro Lemebel, de quien dijiste en una entrevista que te sentías como ahijada de él. ¿Cómo nace esa cercanía?

Creo que todas las personas LGBT que escribimos en Chile tenemos algo de ahijadas de Lemebel. Fue el primero en llevar nuestras urgencias, deseos y vivencias al papel de forma popular y mainstream. Es como la Madonna de los gays en Chile. Yo lo descubrí cuando tenía 18 ó 19 años y me fusioné con su obra. Después, en Santiago, conocí a Víctor Hugo Robles, muy amigo de Pedro, y me hice cercano a él.

Me inspiran también Esther Margarita, Areli Uribe, Caterina Rodríguez, Javier Rodríguez. En sus plumas me encuentro. Con otros autores más conocidos no siempre me pasa lo mismo.

En Cola de Pez aparecen temas como el amor, el cuerpo y la identidad. ¿Destacarías alguno más?

Yo creo que el cuerpo es el central. El libro parte con el cuerpo como prisión y termina con el cuerpo como territorio en recuperación. El prólogo habla de sentirse preso en el propio cuerpo y el epílogo de la misión de recuperar el cuerpo como territorio. Eso me ocurrió porque tengo familia en la Araucanía y una vez, saliendo de Purén, el pueblo donde vivía mi abuela, vi muchos letreros que hablaban de “territorio en recuperación”, ligados al movimiento mapuche. Pensé que mi cuerpo también era un territorio en recuperación. Como que nací con él, pero por motivos de la vida fui alejado y despojado de la autoridad sobre mi cuerpo. A medida que crezco, mi misión es recuperar la autonomía y la autoridad sobre mi cuerpo, sobre mi piel. Eso implica romances, amantes, dudas, autoflagelación, desprecio. Todo ocurre en el campo de batalla de la piel propia.

Para cerrar, ¿con qué mensaje deberían quedarse los lectores de Cola de Pez?

Con el mensaje de que no hay apuro en identificarse. No hay apuro en ponerse una sigla ni un término. Está bien ser raro. Está bien ser adolescente siempre: enamorarse, volver a partirse en pedazos, disfrutar, llorar. Creo que es una invitación a recordar que todo el tiempo estamos a tiempo de vivir la experiencia humana. Aunque cumplamos años, siempre podemos sentir emociones a mil por hora.

“¿Y a mí quién me va a querer?, si yo tengo cola de pez,

cola de pez,

para unos demasiado hombre,

para otros demasiado mujer

y si no quiero esconderme,

¿por qué tampoco me pueden ver?”

Fragmento de poema Cola de Pez, Emilio Morán. Escrito el 14/11/2024 06:25hrs.

Ficha técnica

Título: Cola de Pez

Autor: Emilio Morán

País: Chile

Editorial: Trayecto Editorial 

Año: 2025

Idioma: Español

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