Crítica de cine “Palestina 36”: La historia siempre empieza antes

Por Álvaro Guerrero  

El primer plano de Palestina 36 nos envuelve rápidamente en la noción de historia como imaginería, imago mundi. Son tipos de imágenes de aspecto documental que pueden haberse concebido en la cabeza, o haber sido vistas brevemente por ahí, sobre lo que era un territorio en su estado previo al conflicto que se perpetua hasta hoy, a las insurgencias, las guerras, y la contemporánea desolación. En un mundo donde se multiplican las imágenes generadas por AI, incluyendo ciudades nuevas de oro, o estatuas gigantes del presidente de Estados Unidos, el cine puede competir con culturas visuales distopicas, a través de imágenes que muestran pasados visuales tan vívidos como inversamente el presente se nos escapa, en cordura, hasta en un sentido estético. Por ejemplo, la reconstrucción de lo que eran las calles de una Jerusalén en los años 30’, poblada principalmente por palestinos, avenidas de edificios y automóviles de la época, adornadas de árboles y faroles. La fotografía de la francesa Helene Louvart, levemente envejecida para simular el efecto documental, se integra al resto de la historia sin que se note costura alguna. Básicamente una ciudad en movimiento, con la sombra y la influencia, ya aceptada, de la ocupación del imperio británico.

Esta propuesta de cine histórico revisionista de la memoria colectiva, firmada por Annemarie Jacir, comienza su periplo en 1936. Sobre una colina, los ojos de una niña y los de su madre atestiguan la llegada de colonos judíos sionistas, desde Europa. La hija le hace unas preguntas a su madre sobre los nuevos vecinos: porqué construyen altos cercados, porqué vinieron aquí. La madre le responde que allá donde vivían fueron rechazados y perseguidos. De ahí en más serán contadas las apariciones de los colonos que comenzaban a vivir en régimen de Kibutz, una estricta vida comunitaria, por aquella época, y siempre de fondo, como sujetos anónimos, porque esta es una historia de palestinos e ingleses. Si un arte narrativo fuera parangonado con Palestina 36, sería el de la crónica, aún más pensando que uno de los ejes en la trama está protagonizado por una mujer periodista muy decidida, educada en Oxford: Khuloud (Yasmine Al Massri), esposa de un hombre de poder y director del mismo periódico.

Lo primero que llama la atención es el ritmo narrativo con que la película va mostrando el asombro generalizado, la sorpresa de la velocidad en la que desde el punto de vista palestino, va avanzando la influencia y poder de los colonos, con la complicidad del “protector británico”: perdida generalizada de puestos de trabajo, de terrenos, influjo e intereses del poder económico de determinados colonos sobre los mismos palestinos ricos, falsa propaganda política y periodística.

El otro eje de la trama, gira alrededor de una aldea campesina que ha visto llegar a un joven enviado del imperio británico, quien viene para advertirles del peligro que conlleva el no sub dividir los terrenos en propiedades individuales, desafiando lo que uno de los hombres viejos reafirma como tipo de propiedad común y trabajo de cultivo y regadío en terrazas, que habría sido llevado a cabo por sus antepasados, desde hace milenios. Jacir filma muchas veces colocando la cámara cerca de los cuerpos, o en especial de los rostros, de miedo, ira, y con un estilo melodramático enlazado a la narrativa nerviosa, pero ordenada, una que va entrelazando múltiples sucesos que se explican en relación a otros ya ocurridos con claridad, en una forma de filmar clásica, que a pesar de quedarse breves momentos con cada personaje individual o colectivo, avanza como galopando, tal como una crónica en la que se vuelve con los personajes, un rato después. Hay un bello plano lateral de un caballo corriendo por la colina, mientras el mundo conocido alrededor va desdibujándose, de forma incisiva, pero sin acelerarse de más, ni atropellarse. La directora tiene pulso instintivo para no gastar toda la tensión que cada secuencia promete y acumula. Porque eso también es Palestina 36, una acumulación matemática de energía que va llenando los espacios, los decorados, el punto de vista que se vuelve escudriñador, desconfiado, los tiempos y la rápida evolución de sus seres camino de algo incierto pero permanente, un limbo. La creciente sorpresa en los rostros es transversal a ambos mundos: ciudad y campo, aunque será en el segundo desde donde se vaya conformando una materia invisible pero viscosa, y cada vez más violenta. La presencia británica se muestra primero desorientada, luego peligrosa, del todo inservible excepto para incentivar con sus constantes abusos las primeras revueltas de palestinos, organizadas en las colinas.

Hay un sacerdote ortodoxo y su hijo pequeño, un joven que ha visto partir prematuramente a su padre, siendo asesinado por un colono cuando una comitiva de hombres de la aldea se acerca a para dialogar sobre la posesión y uso de los territorios. Su hermano preso y él integrando esas tempranas, precoces fuerzas de insurrección. El tono anímico parece venir desde el punto de vista femenino, de la cineasta y sus personajes, como testigos tan sintientes como luchadoras. La idea de territorio común como la ‘madre’. No es una película de personajes sino de estampas, y su arco narrativo se relaciona con aquello que el alto oficial inglés a cargo de Palestina, personificado por Jeremy Irons, señala en un momento: los palestinos priorizan lo colectivo por sobre el individuo. Visiones concretas de un choque que al comienzo enfrentará a palestinos con los colonizadores ingleses. O estos últimos no han tenido la astucia o experiencia política y estratégica suficiente, o simplemente operan en base a intereses. La película no duda en avalar la tesis de que Inglaterra avaló el camino a la incomunicación, o simplemente no hizo nada por acercar a las partes, mientras las otras voces se fueron sepultando y renaciendo entre tanto ruido de malas noticias (también de parte de la miope o malintencionada visión británica hacia el problema palestino), y muertes casi anónimas.

Ficha Técnica 

Título original: Palestine 36

Dirección: Annemarie Jacir

Guion: Annemarie Jacir

Reparto: Hiam Abass, Jeremy Irons, Yumna Marwan, Robert Aramayo, Jasmine Al Massri, Liam Cunningham, Dhaffer L’Abidine, Saleh Bakri, Billy Howle, Sam Hoare.     

Fotografía: Helene Louvart, Sarah Blum, Tim Fleming.

Montaje: Tania Reddin

Diseño de producción: Nael Kanj

Diseño de vestuario: Hamada Atallah

Sonido: Rawad Hobeika, Bruno Tarriere, Samuel Mittelman

Música original: Ben Frost

Duración: 119 minutos

Género: Drama histórico

País: Gran Bretaña

Estreno: 12 de febrero

Distribuidora: Cinecolor

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