Por Violeta Díaz
Tiempo de una memoria es la exposición de collage textil de la artista visual chilena Elie Rojas, que reúne 27 obras realizadas con retazos de tela y materiales textiles. Las piezas, que van desde los 40 centímetros hasta los tres metros de altura, reconstruyen recuerdos de su niñez, juventud y primera adultez en Chile. A través de estas composiciones, la artista entrelaza memorias personales, relatos escuchados y escenas del país que observa desde la distancia del exilio. La muestra, curada por Florencia Aspèe, fue presentada por primera vez el año pasado en el Museo Regional de Rancagua y ahora llega al Centro Cultural de Lo Barnechea.
Elie Rojas nació en Santiago el 14 de julio de 1938 bajo el nombre de Regina Elisa Godoy Astica. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y trabajó como profesora de artes plásticas antes de partir al exilio en 1973, debido al comienzo de la dictadura. Desde entonces reside en París, donde ha desarrollado gran parte de su trayectoria artística y docente. Su trabajo se caracteriza por el uso del collage textil como lenguaje para explorar la memoria, la identidad y las experiencias marcadas por el desarraigo.
La artista aborda el proceso creativo detrás de sus obras, el rol que cumple la memoria en su trabajo y las experiencias que han marcado su trayectoria entre Chile y Francia. A lo largo de la conversación también reflexiona sobre el arte textil, recuerda cómo la dictadura chilena impactó su vida incluso estando en el exilio y comparte su mirada sobre el Chile actual, incluso reflexionando sobre su presencia en el país durante el Estallido Social y las transformaciones que ha observado en la sociedad chilena desde entonces.
La última vez que expuso en Chile fue en 2017 ¿Qué le provocó volver a Chile y traer su arte de nuevo después de tanto tiempo?
Me planteé la idea y como existe el Fondart, dije, a lo mejor si pido un Fondart para repatriar mi obra… pero después me dije ¿qué tengo que estar pidiendo? Entonces me la traje de a poquito. No pedí nada.
¿Y por qué acá en Lo Barnechea?
Contacto de Florencia, ya había expuesto en La Reina, entonces, ¿por qué no?
¿Le gustaría que se expandiera quizá a otros lugares de Chile?
Teniendo más años de vida, claro que si.
Usted vive actualmente en París ¿viene a Chile por la exposición de sus obras?
Yo tengo familia aquí. Antes podía y venía todos los años porque tenía a mi hermana, pero el año pasado perdí a mi hermana. Entonces, ahora hay que repensarlo todo.
A través de todas estas obras que expuso hoy, reconstruye la memoria, la memoria de lo que usted recuerda de Chile. ¿Cómo le ha servido su arte para no olvidar? Y para poder compartir esa memoria con otras personas ¿Cómo le ha servido este arte para poder llegar a ese objetivo?
Mi primer objetivo es dialogar conmigo misma. En mi obra juego. Juego con eso y voy marcando y se van mezclando recuerdos. Esa es la facultad de la memoria, de ir mezclando. Una cosa te lleva a otra y te lleva a otra. Hace bien, ese tipo de trabajo te limpia y te hace bien, y de repente de una idea te surge otra. Hay una cuestión, también, es primordial valorizar lo que uno hace. ¿Qué importancia tiene que la gente te diga “me gustó o no me gustó”? Lo primero es lo tuyo y si en lo tuyo hay algo que no te gusta, lo eliminas nomás, vas guardando lo que te interesa. Con los recuerdos, también, uno hace lo mismo, vas eliminando lo que te ha herido mucho y vas guardando los recuerdos que tú quieres guardar.
Cuando dice que usted primero tiene que valorar su arte, ¿le costó llegar a eso?
No. Por la sencilla razón de que yo era profesora de artes plásticas y era lo que yo trataba de inculcar, que la gente se valorice. ¿Qué es eso de andar copiando a otro pintor? Es bueno para saber cómo formalmente trabajan, qué es lo que los anima y todo eso, pero no estar copiando el estilo de alguien, sino que inventar su propia visión. No me sorprendió que haber llegado a esa conclusión y luego tomé la jubilación, entonces me entretengo.
Usted estudió artes en Chile y enseñó artes en Francia. ¿Hay alguna diferencia de cómo se aprecia el arte y de cómo se enseña el arte en Chile versus Francia?
Sí, hay muchas diferencias. Los franceses son más teóricos, yo soy más práctica. Entonces, en un atelier yo enseñaba a pintar, a tomar el pincel, cómo hacerlo, a planificar un trabajo, pero mis colegas eran más teóricos, había una gran diferencia.
¿Ha incursionado en otro tipo de arte aparte del arte textil?
No, me gusta el arte textil. Ahí me quedé porque si tú decides tener otra cosa, en París es muy difícil tener un taller. Es muy difícil tener un espacio donde trabajar porque todo lo que es habitación, todo eso, es muy caro. No pude darme el lujo de tener un taller. Entonces esto es muy práctico para mí, me veo el taller con amigas. Hemos conseguido un lugar donde trabajamos en conjunto, una vez a la semana y ahí compartimos los géneros, las telas, todo lo que encontramos que tenga que ver con la costura, ya sea cintas, botones, todo lo que uno se encuentre. Así va mucho mejor porque no necesito tener el taller en mi casa. En mi casa hago lo mío, tranquilamente.
Se escucha un trabajo pacífico, pero ¿Hay momentos donde pase rabia haciendo esto?
Hay momentos, si, se meten entremedio. Por ejemplo, una vez yo estaba haciendo el océano Pacífico, estaba tranquila haciendo las olas, las rocas y todo eso, de repente me llama una amiga, me dice que, a un gran amigo chileno, en ese preciso momento, le han abierto el corazón y lo están operando. Termina de hablar ella e inmediatamente empiezo a buscar el género y empiezo a armarle el corazón y a coser, coser, coser, coser, de tal manera que le quede bien cosido el corazón. Eso fue un acto mágico. En el mismo cuadro, me viene un recuerdo muy doloroso también, que fue siendo profesora. Acompañamos unos cursos a la playa, éramos dos colegas y mi colega, que era hombre, había sido cura. En el curso de él, desaparece un niño y no lo pudimos encontrar, fue imposible, entonces, yo haciendo El Pacífico, en mi mente siempre estoy buscando a ese niño. ¿Cómo puedo manifestar que él no está más? Entonces hice un balde, solo, abandonado. Eso es, lo que se puede decir, la memoria en acción. Te ilumina y ya. Hay que aprovechar ese instante y hacerlo, es un momento creativo.
Su inspiración es la memoria, los recuerdos. ¿Hay alguna memoria, algún recuerdo que le haya costado trabajo plasmar en su obra, o que quizás ni siquiera lo ha logrado aún?
Sí. Hay momentos que son tabú, que no se pueden enfrentar. Por ejemplo, la muerte de mi madre. No lo puedo enfrentar. No lo puedo traducir, quizás pedo traducirlo en ausencia, pero no. Hay muchas cosas, muchas cosas de memoria, que quedan guardadas, de lado. Quizás en otro momento aflora, pero no puedo atacar cualquier cosa.
Quería hablar un poco de su exilio ¿Alguna vez soñó con volver a vivir en Chile?
Yo siempre tuve ganas de volver, pero las cosas se van complicando a medida que pasa el tiempo. ¿Volver a qué? En primer lugar, en cualquier tiempo que uno pueda llegar a decir, “aquí estoy de vuelta, devuélvanme mi trabajo”, no se puede. El único trabajo que uno tenía era el que teníamos allá, en París. Luego pasa el tiempo y jubilamos. A pesar de tener FONASA, no podía volver porque no son las mismas condiciones ante una enfermedad. Estoy atada a Francia, pero eso no me molesta. Yo nací el 14 de julio (día de conmemoración a la Revolución Francesa), es como normal que yo estuviera en Francia, que es el aniversario. Sé que dependo más de Francia que de Chile.
A pesar de haber nacido en Chile, ¿considera Francia su hogar?
En Francia, cuando uno pasa a tener la estadía, y después de tener los papeles de franceses, te tratan como a todo el mundo. Tú tienes los mismos problemas de todo el mundo, no hacen diferencia. Así que, ante la enfermedad, yo y cualquier francés es lo mismo. En cambio, acá no sé cómo es.
Esta exposición es una selección de varias obras de su vida. ¿Cómo fue la curatoría?
Florencia Aspèe hizo la curatoría. Ella está haciendo un libro, ella es la curadora, y ella postuló para hacer una exposición aquí.
¿Y quedó contenta con la selección de obras?
Sí. Es el ojo del otro el que interesa.
¿Hay alguna de las piezas en esta exposición que la represente más a usted en esencia?
Sí, podría ser Santiago. Aunque yo creo que todas me representan, todas tienen un pedazo mío, como La caperucita roja en telarañas, por ejemplo, es muy de mí. Al ser mis reacciones con respecto a la vida. La Llorona, la mujer que puse a llorar para no estar llorando yo, me representa.
Su obra ¿ha ido cambiando con el tiempo?
Ha ido evolucionando, y todo depende del encuentro, de qué es lo que encuentro, es muy bueno eso. Antes yo trabajaba con algunos generitos que recuperaba, ahora tenemos más géneros, tenemos más disposiciones, tenemos más ideas.
¿Los materiales que usa los consigue en Francia? ¿O alguna vez se ha llevado de Chile para hacer su obra?
Sí, una vez me llevé. Tenía una prima muy querida, que era una actriz y a ella la tomaron detenida, la torturaron durante la dictadura. Ella murió. Un día cuando vine a Chile, mi hermana me dice: “Te voy a llevar al lugar donde la torturaron”, que es Casa Memoria José Domingo Cañas. Llegamos ahí, entré, miré y dije: “Tengo que hacer algo, lo que sea”. Esa fue la primera vez que compré género aquí. Fue bien extraño, porque compré un género que me sirviera para hacer el cielo y un género que me sirviera para la tierra. Ahí empecé a cocer, siempre empiezo por los fondos primero y empecé a construir el trabajo, y en esa Casa Memoria, al fondo, hay una palmera. Yo me decía, esa palmera vio todo, escuchó todo, eso me entusiasmó, y me largué con la palmera. Después seguí viendo los distintos lugares. En fin, cuando ya estaba a punto de terminarlo, descubro que ese género, el que yo compré para hacer la tierra, que eran distintos tonos de beige, de café, armaban unas imágenes, unas imágenes que se repetían, dije “dios mío, yo no he puesto esas imágenes”. Estaban en el género, inconscientemente debo haber elegido el género y la imagen queda como si fueran sombras de militares. Eso me impresionó, finalmente lo terminé y lo regalé a la Casa Memoria.
Últimamente el momento político y social de Chile ha estado un poco vertiginoso, se cuestiona harto la memoria, sobre si recordar o no recordar y olvidar el pasado. ¿Qué tan importante es para Chile recordar?
Es muy importante porque me doy cuenta de que la juventud no recuerda, no sabe lo que pasó en Chile. Nosotros vivimos la revuelta aquí, llegamos a la semana siguiente, en 2019. Estábamos encerrados con lo del toque de queda. Yo no entendía mucho el movimiento, traté de entenderlo, de explicármelo todo, pero notaba que había mucha rabia. Aun así, nuestra generación no habría actuado como ellos actuaron, se habría construido más que destruir. Es lo que yo creo. Ver cómo destruían cosas, quemaban cosas, eso me molestó mucho, pero no es mi generación y creo que tengo que entender esta generación.
¿Y logró entender?
No. Veo mucho el consumismo que hay acá, se vive el presente nomás. No se piensa mucho en el futuro. Me planteo… ¿Qué va a pasar ahora? ¿Te imaginas que el pueblo chileno eligió por su propia cuenta a alguien que representa lo que no queríamos?… pero el pueblo lo elige y es la democracia.
Eso es algo que genera mucha incertidumbre, sobre todo en el área de la cultura, muchas personas que se dedican al arte hoy sienten incertidumbre, por lo que pueda venir en los próximos cuatro años. ¿Qué piensa al respecto?
En nuestra época el arte se hacía con nosotros nomás. Nos arreglábamos. El escritor realizaba su libro y no salía a cacarear su huevo, sino que lo hacía pasar por varias instancias y de repente lograba la publicación del libro. Encuentro que ahora último, en todos estos últimos años, la gente creadora ha tenido mucha ayuda y no puedo criticar, no puedo decir nada al respecto porque no sé cuáles son los resultados, pero los medios que tienen ahora no tienen nada que ver con los medios que nosotros teníamos. Si esos medios se van a perder, si ya no les van a dar más ayuda, van a tener que volver a hacer lo que nosotros hacíamos. Van a tener que volver a enfrentarse a la vida. Por ejemplo, ahora se publica mucho, pero no hay filtro. Es bueno publicar, es bueno hacerlo, pero también son buenas las críticas, no hay críticos.
En un tiempo tan polarizado políticamente, ¿usted cree que el arte sirve como un espacio de conversación?
Evidentemente. Es lo que el arte siempre tuvo, el arte era eso. El arte estaba en cada acción tuya. Te ibas, por ejemplo, a un restaurante a conversar con los amigos y ahí se estaban haciendo cosas, se estaban proyectando cosas.
Mi padre era escritor. Entonces, yo veía el mundo en acción con eso. Después seguí mi propio camino, igual en Bellas Artes y también era así, no sé lo que pasa ahora. Creo que son más individualistas, creo y lo siento. En cambio, veo que hay bastantes jóvenes que se despiertan y tratan de descubrir lo que pasaba antes. Una vez quedé sumamente sorprendida porque nosotros estábamos… hace mucho tiempo, unos 35 o 40 años atrás. Vinimos a París y conocíamos a la agregada cultural francesa, la cual nos invita e invita a otra persona. Estábamos ahí y llega un muchacho con un entusiasmo loco. Le comienza a contar a la agregada cultural “mira lo que me encontré, fui a una venta de cosas y he encontrado mucho material. Mira la revista, mira esto”, “¿Y cuál es la sorpresa?” dice ella, “esto nosotros no lo hacemos”, pero era lo que hacíamos nosotros antes, esas eran las revistas que teníamos antes, todo eso que él estaba descubriendo como algo insospechado. Por lo menos, hemos conocido gente joven que está motivada, que se motiva y que hace cosas.
¿Le gustaría hacer clases acá en Chile? Para los jóvenes artistas de Chile.
Yo hice, como profesora del liceo. No he vuelto a tener contacto con ellos, con los jóvenes.
Si tuviera que darles un mensaje a los jóvenes artistas chilenos que están por emprender su vida dentro del arte. ¿Qué les diría?
No esperar nada de regalo. De buscar ellos, creo que es lo más saludable, no esperar que le va a caer del cielo para hacer tal y tal cosa. Puede que me equivoque.
¿Usted cree que su arte hubiera evolucionado como evolucionó en su vida actual, si es que hubiera seguido viviendo en Chile?
Si me hubiera quedado aquí, sí, aunque yo no he cambiado, pero la verdad que no te puedo decir porque lo que vivió Chile fue muy doloroso. Los que estuvieron acá… no, no puedo ponerme en ese papel. Nosotros éramos la ausencia nomás, el no tener el país. En cambio, aquí, no se daban cuenta y estaban sufriendo en carne propia.
FICHA TÉCNICA
Título: Tiempo de una memoria
Artista: Elie Rojas
Curaduría: Florencia Aspèe
Técnica: Collage textil (retazos de tela, fragmentos textiles y materiales de costura)
Año: 2025–2026
COORDENADAS
Galería de las Tradiciones, Centro de las Tradiciones Av. Lo Barnechea 1200, Lo Barnechea, Santiago.
Desde el 6 de marzo al 6 de junio de 2026.
Horarios: Lunes a viernes entre 9:00 y 20:00 horas.
Sábado entre 9:00 y 13:00 horas.
Abierta a todo público
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