Crítica de teatro “Becky Shaw”: Incómoda, lúcida y entretenida

Por Galia Bogolasky

Becky Shaw es el nuevo estreno del Teatro Zoco, dirigida por Héctor Morales, adaptación de la obra homónima de Gina Gionfriddo. El montaje irrumpe como un artefacto incómodo, filoso y deliberadamente cruel.

A pesar de la que obra se llama Becky Shaw, la protagonista no es Becky, sino Susana, interpretada de manera notable por Adriana Stuven. Ella está deprimida ya que su padre murió hace 4 meses y no tiene ganas de hacer nada. Su hermano postizo, llamado Max – gran interpretación de Max Salgado- llega a resolver los problemas financieros de la familia y la motiva a hacer algo por su vida, ya que ha pasado tiempo suficiente para seguir en duelo. Esta conexión es el punto alto de la obra, ya que los padres de Susana adoptaron a Max cuando sus padres murieron. Sin embargo, entre ellos existe una química especial, lo que desencadena en que terminen teniendo sexo casual, pero que a pesar de la incomodidad por el pseudo incesto, se percibe una fuerte conexión entre ellos.

Gaby Hernández interpreta a la madre de Susana, un gran personaje, que a pesar de las pocas escenas en las que aparece, marca una fuerte presencia y termina siendo la más realista, ya que los otros personajes tienden a mantener el tono más neutral de la adaptación y se sienten un poco forzados, sobre todo en el lenguaje, como de castellano neutro.

Luego de la escena del encuentro sexual entre Max y Susana, corte a 8 meses después y Susana ya está casada con Andrew (Francisco Reyes Cristi) a quien conoció en el viaje de esquí al que la mandó Max, y se casaron rápidamente en Las Vegas. Durante todo el transcurso de la obra hasta este momento podemos entender que la fuerza dramática recae en el drama familiar a raíz del descalabro económico que trata de resolver Max, y a la tensión sexual entre Max y Susana.

Recién a mitad de la obra aparece Becky Shaw, interpretada por Victoria de Gregorio, una amiga de Andrew, que le quieren presentar a Max. Ahí la obra toma otro vuelo, y se convierte en una historia de una mujer muy insegura que fuerza un romance con un hombre que la ignora y maltrata. Todo lo que hoy en día se vuelve tan incómodo de ver. A veces incluso nos perderemos en la temporalidad de la obra, como que nos remontamos a los años 80 cuando las mujeres podíamos permitir algo así y nadie se impresionaba. Hoy en día ese tipo de relaciones entre una persona manipuladora y una muy manipulable, no tienen mucha resonancia en la realidad, las mujeres nos empoderamos y no aceptamos ese tipo de maltrato (o tratamos). Lo que hace que esta situación sea tan inverosímil, finalmente deja un espacio para que se genere un vuelvo y que ella se transforme en la verdadera manipuladora. Es en ese momento cuando la obra hace un giro dramático, y se vuelve aún más interesante.

Bajo la dirección de Héctor Morales, el montaje asume con inteligencia el riesgo principal del texto: sostener el equilibrio entre la risa y la incomodidad sin caer en la caricatura. Y lo logra. Morales articula la obra como un mecanismo de relojería donde cada diálogo —punzante, veloz, casi quirúrgico— empuja a los personajes hacia un abismo moral del que no hay retorno.

La puesta en escena tiene un toque como de estética de años 90. Una habitación con una cama que debiera parecer un hotel, pero no tiene ese estilo. Un living con un estilo bastante clásico y de fondo un espacio que no se utiliza, por lo que a nivel de diseño escénico creo que queda al debe. El vestuario también es bastante noventero, lo que confunde aún más sobre la temporalidad de la obra.

Lo que en un comienzo pensamos que iba a pasar cambia totalmente, y ahora nos encontramos con una trama que puede desencadenar en cualquier cosa, y nos puede sorprender. Lo que sigue es una demolición progresiva de las relaciones humanas, donde la ayuda se revela como una forma de control y la empatía como una máscara frágil. En ese terreno resbaladizo se mueven los cinco personajes, unidos más por sus carencias que por sus afectos.

El elenco —Gabriela Hernández, Victoria de Gregorio, Max Salgado, Francisco Reyes Cristi y Adriana Stuven— responde con solidez a las exigencias del montaje. Destaca particularmente Adriana Stuven como Susana y Max Salgado como Max, construyendo personajes inquietantes, siempre al borde de lo impredecible, que pueden desarmar cualquier intento de lectura unívoca. Ambos personajes tensionan la escena con una ambigüedad que incomoda y fascina a la vez.

Uno de los mayores aciertos de esta versión es no suavizar la brutalidad emocional del texto. Aquí no hay redención ni moraleja tranquilizadora. Hay momentos que incomodan, que obligan a revisar las propias certezas sobre el amor, las relaciones familiares, sentimentales, la responsabilidad y el altruismo.

El montaje también dialoga con un contexto mayor: su estreno simultáneo con la llegada de la obra a Broadway no es solo una coincidencia estratégica, sino una declaración de principios. Pablo Halpern, desde la dirección artística de Zoco, posiciona así a la escena local en sintonía con los debates contemporáneos del teatro internacional.

En definitiva, Becky Shaw no busca agradar, y ahí radica su mayor virtud. Es una comedia negra que incomoda con precisión, que disecciona los vínculos afectivos sin anestesia y que deja al espectador enfrentado a una pregunta persistente: ¿cuánto de lo que hacemos por otros es realmente generosidad, y cuánto es una forma de sentirnos mejores con nosotros mismos?

Incómoda, lúcida y ferozmente entretenida, esta versión confirma que el teatro, cuando se atreve a incomodar, sigue siendo un espacio privilegiado para mirar —sin filtros— la complejidad de lo humano.

Ficha artística  

Título: Becky Shaw

Dramaturgia: Gina Gionfriddo

Dirección: Héctor Morales

Elenco: Gabriela Hernández, Max Salgado, Francisco Reyes Cristi, Victoria de Gregorio, Adriana Stuven.

Diseño integral: Rocío Hernández

Diseño de iluminación: Andrés Poirot

Composición musical y diseño sonoro: Yair Gómez

Asistencia de dirección: Constanza Rojas

Realización escenográfica: Fernando Quiroga

Maquillaje y peinado: Margarita Nilo

Fotografías: Daniel Corvillón  

Coordenadas

Temporada: 18 de marzo al 3 de mayo

Funciones: jueves, viernes y sábado 19:30 h | domingo 18:00 h

Sin funciones: 2 al 5 de abril (Semana Santa) / 1 de mayo

Dónde: Teatro Zoco, Avenida La Dehesa 1500, Lo Barnechea

Estacionamiento liberado

Entradas: preventa y venta general en Punto Ticket.

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