Crítica de danza “Cumulonimbus”: Estados de desborde

Por Romina Burbano Pabst

Los Cumulonimbus son nubes densas que concentran en su interior distintas cargas en tensión. En ellas se distribuyen cargas negativas en la base, positivas en la cima, generando un campo eléctrico que recorre toda su extensión. No son nubes quietas, más bien, son sistemas dinámicos donde coexisten fuerzas opuestas en constante reorganización, dando lugar a fenómenos intensos como tormentas eléctricas.

Una parte de esta arquitectura atmosférica se encarna en Cumulonimbus, obra coreográfica dirigida por Thomas Bentin. La pieza se instala en ese umbral donde el orden y el desorden coexisten en tensión, una experiencia que oscila entre la vitalidad y la ansiedad, el caos y la libertad de movimiento, la extrañeza que desestabiliza y el silencio que contempla. La obra se adentra en los Cumulonimbus, sosteniendo una energía que está en permanente estado de inminente desborde.

Coproducida por Plataforma Mono, Espacio Checoslovaquia y Thomas Bentin, el montaje se presenta en el marco de los diez años de la compañía, inaugurando un ciclo de repertorio que consta de tres reestrenos: Cumulonimbus, Agitadores y La Cacería. En este contexto, Cumulonimbus abre el ciclo proponiendo una exploración coreográfica en torno a la relación entre orden y caos, así también entre la geometría espacial y el movimiento. La obra construye un espacio escénico único, donde el espectador se ve arrastrado a un estado continuo de atención y duda.

Dentro de la nube

El Cumulonimbus está compuesto por gotitas de agua, gotas de lluvia, pedrisco, copos de nieve y cristales de hielo. En escena, esa diversidad se traduce en cuerpos en movimiento. El elenco compuesto por: Francisca Wastavino, Alicia Pizarro, Gabriela Suazo, Daniela Guajardo, Javier Muñoz, Jorge Olivera y Fernando Núñez; configura un colectivo que se organiza y desorganiza continuamente, desplazándose entre la sincronía y la dispersión, la contención y el desborde.

La visibilidad, al igual que dentro de la nube es tenue. Los cuerpos aparecen en la calidez de un tono azulado y desaparecen en la oscuridad del teatro, se interceptan en la luminosidad de la superficie, se rozan en la sombra y se pierden momentáneamente en la densidad del espacio escénico. No hay jerarquía, es una circulación constante de energías que, como las partículas de la nube, se mueven desplazando el foco de atención hacia la diversidad de sus danzas.

Aquí, el movimiento adquiere un carácter poderoso y turbulento. Las secuencias no buscan una linealidad o lógica virtuosa, la danza se articula desde la acumulación, la repetición, la interrupción y el despliegue. La coreografía insiste en la fricción entre control y descontrol, generando momentos de alta intensidad donde la energía parece descargarse súbitamente, como una irrupción que atraviesa, afecta y reorganiza los cuerpos.

Es preciso destacar la agilidad corporal de los y las intérpretes, quienes se expanden, se contraen, colisionan y se rearman, tensionando constantemente sus propios límites sin perder su singularidad. El lenguaje no se reduce al gesto, sino que se construye a partir de las dinámicas, cualidades y texturas de movimiento que cada intérprete ofrece. De esta forma, la danza logra transitar desde lo meditativo y sutil hacia lo frenético y caótico.

Debajo de la nube

Visto desde abajo, el Cumulonimbus adquiere un aspecto oscuro y fragmentado, con bordes irregulares que se disuelven en formas dispersas, como jirones entre capas más densas que dificultan distinguir con claridad sus límites. En la obra, la atmósfera se construye desde lo tenue, con un inicio y final dominado por una luz azulada que envuelve a los intérpretes en un registro casi onírico. Aparecen figuras que remiten a lo cotidiano: un carrito de compras, un monopatín, dos bicicletas, un skate; que circulan en una circularidad y territorio circense. Hay en este comienzo y final una cualidad lúdica y extrañamente familiar, donde lo conocido se transforma.

La banda sonora original de Santiago Farah acompaña el proceso mediante una mezcla de sonidos ambientales, electrónica y referencias a lo contemporáneo e industrial, reforzando la idea de una atmósfera densa y envolvente. En conjunto, estos elementos configuran un espacio de alta carga expresiva, donde la visibilidad nunca es total, en este sentido, la experiencia se construye desde la intensidad y la percepción fragmentada.

Sobre la nube

Cumulonimbus se caracteriza por sus fuertes contrastes de luminancia: zonas intensamente iluminadas conviven con otras sumidas en la sombra, lo que genera una percepción inestable de su forma. Por momentos, su superficie se ilumina por sobre otras capas, mientras velos nubosos la rodean y transforman continuamente su contorno. La obra es fiel a estos contrastes, los traduce en un diseño lumínico, sonoro y coreográfico bastante interesante que intensifica la escena.

La luz, por su parte, no cumple una función descriptiva, sino que opera como una fuerza más: irrumpe, recorta, oculta, revela cuerpos que activan distintos estados de energía. Hay momentos en que la escena se expande bajo una luminosidad más abierta, y otros en que se contrae en zonas de penumbra, intensificando la percepción del movimiento. Este juego de luces se presenta como un campo de fuerzas simultáneas, donde lo visible y lo oculto se disputan la atención, donde la energía circula, se acumula y se transforma.

Nube

La obra surge desde una fascinación por varios fenómenos contemporáneos que, durante los últimos años, han aumentado, tal como la aceleración de la economía capitalista, la crisis climática y la sobrecarga de información asociada al uso de nuevas tecnologías. Estos fenómenos que poseen un comportamiento caótico, y que pareciera no ser posible de controlar comparten una lógica inestable.

Cumulonimbus, no trata de representar una nube, sino que se construye en relación al presente, una imagen que refleja la realidad de las sociedades contemporáneas. Un sistema que expone a las personas y sus cuerpos a una constante tensión y agitación, donde múltiples fuerzas coexisten, impactan y afectan las singularidades. La pieza no ofrece una síntesis o solución, recae en la reflexión y sostiene la fricción, haciendo visible el estado de inestabilidad que no se detiene y sigue desbordándose.

Ficha Técnica

Título: Cumulonimbus

País: Chile

Dirección: Thomas Bentin

Elenco: Javier Muñoz, Daniela Guajardo, Gabriela Suazo, Francisca Wastavino, Fernando Núñez y Jorge Olivera

Intérprete y Producción: Alicia Pizarro

Jefe Técnico: Matías Segura

Diseñador de Iluminación: Nicolás Jofré

Diseño Sonoro: Santiago Farah

Duración: 53 min

Todo espectador 

Coordenadas

Centro Cultural Matucana 100

Teatro Principal

2 al 4 de Abril 2026

Matucana 100

Sala Patricio Bunster

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