Por Gabriela Bravo Chiappe desde Cannes
El director japonés Hirokazu Kore-eda vuelve al Festival de Cannes con la cinta Sheep in the Box, que nos habla de una pareja atormentada por la pérdida de su hijo, que deciden recurrir a la tecnología para hacer un androide con las mismas características físicas de su hijo, esperando que, de esta manera puedan aplacar, de cierta forma, el dolor que no les permite continuar con sus vidas.
El director japonés ya es habitué del Festival de Cannes, y sus películas han ganado múltiples premios, llegando a la consagración en 2018 con la película Un Asunto de Familia, que gana la Palma de Oro.
Hirokazu Kore-eda es conocido por ser el cineasta de las familias recompuestas donde ilustra que el amor y la preocupación no siempre están dados por los lazos sanguíneos, sino que a veces, la familia puede ser un collage de diferentes personas que se aman.
En esta ocasión el director japonés se interroga sobre los lazos afectivos que se pueden desarrollar entre los humanos y los androides, explorando la gran gama de sentimientos que pueden atravesar a los seres humanos.
Culturizarte pudo hablar en exclusiva con el ganador Hirokazu Kore-eda de su ultima película, Sheep in the Box, que se presenta en competencia oficial del Festival de Cannes.
Se habla mucho sobre la inteligencia artificial en estos momentos ¿Qué opinión tiene usted sobre la IA?
Creo que depende de cómo interactuemos con ella. Todas las entrevistas que he tenido hasta ahora han comenzado hablando de la IA. Sin embargo, yo no me propuse escribir una historia sobre la IA en sí, sino sobre personas que sienten que la necesitan. Me interesaba explorar qué es lo que nos separa y nos hace humanos a medida que la IA se vuelve cada vez más antropomórfica. Creo que es una gran pregunta. Por un lado, nos ofrece la posibilidad de expandir nuestras habilidades, como cualquier otra tecnología como los aviones o las calculadoras. Pero, al mismo tiempo, corremos el riesgo de mermar nuestras propias capacidades, algo con lo que debemos tener mucho cuidado tanto en nuestro trabajo, como en cualquier otro aspecto de la vida.
Me gustaría preguntar sobre la profesión del personaje femenino. ¿Por qué decidió que fuera arquitecta?
Investigué muchísimo para hacer esta película. Al principio, había pensado en ella como una diseñadora de muebles. Sin embargo, durante mi investigación, me topé con un patrón muy común en el que la esposa era arquitecta y el esposo funcionario público. Así que pensé en ella como alguien que podría construir una casa desde una perspectiva diferente, y esa fue una de las razones principales para elegir esa profesión.
Además, para este film leí mucho sobre la inteligencia de los árboles y la forma en que están conectados de una manera invisible para el ojo humano; cómo trabajan juntos, coexisten y protegen su entorno, la salud del bosque y se cuidan entre sí. También hablé con expertos en IA generativa y leí sobre cómo las inteligencias artificiales empezaban a comunicarse entre sí sin intervención humana. Pensé que, si las IA comienzan a conectarse y a crear una red propia, esta podría ser muy similar a la red que tienen los árboles. Por ello, quería que los personajes tuvieran una relación estrecha con los árboles y la madera. Descarté la idea de la diseñadora de muebles y me decidí por una arquitecta, haciendo que él trabajara en un depósito de madera. Así, ambos estarían involucrados en la construcción de viviendas, pero desde contextos diferentes.
Hablando de los árboles, tenía curiosidad por la ambientación de la película, el lugar específico de Japón donde transcurre la historia. ¿El hecho de necesitar naturaleza y la cercanía de un bosque fue el factor principal para decidir la locación? Supongo que la misma historia en el centro de Tokio funcionaría de manera muy diferente.
Sí, totalmente. Al final decidimos ir al bosque, a un bosque con árboles grandes que no existen en la ciudad, por lo que nunca estuvo en los planes filmar esa parte en Tokio. Sin embargo, me causaba curiosidad lo que la gente sentía por Tokio y sus árboles. Escuché que en Tokio sorprendentemente hay muchos árboles antiguos y majestuosos; la mayoría están en parques gestionados, pero tienen historias de cientos de años.
La razón por la que la historia se desarrolla en Kamakura es simplemente porque allí encontramos la casa que nos permitió rodar. Una vez que se decidió la locación, reescribimos partes del guion para aprovechar las características particulares de Kamakura. La película tenía que terminar en un bosque grande, así que ambientarla en Tokio nunca fue una opción. Aunque Tokio tiene bastantes árboles para ser una metrópoli, Kamakura es mucho más verde, y adaptamos el guion para reflejar ese nuevo entorno.
La película explora la relación entre los androides y los humanos, cuestionando cuánta humanidad poseen las personas -incluso aquellas con buenas intenciones- ya que terminan utilizando a los androides para su propia comodidad. ¿Podría hablarnos de este tema? ¿Siente que es una bendición o una maldición poder traer de vuelta a los seres queridos que hemos perdido?
Ya sea que los llames androides o «los muertos», en este contexto se les utiliza para nuestros propios fines. Me pregunto hasta qué punto somos capaces de asimilar las cuestiones éticas y de imaginación que esto implica. En el caso de este matrimonio, simplemente eligen los recuerdos que les resultan convenientes para introducirlos en el humanoide. Creo que eso es lo que pasaría en la realidad: debido a una falta de imaginación, crearían esa brecha con tal de diseñar una pareja que les resulte cómoda.
Por otro lado, considero que es una bendición. Puedo comprender la debilidad humana que nos impulsa a hacer algo así. A través de este proceso, la pareja de la película realiza varios descubrimientos; tener la oportunidad de disculparse, incluso ante este hijo sustituto, es algo que los ayuda a salir adelante. No todo es negativo, pero si continuaran por ese camino indefinidamente, se convertiría en una maldición. Ellos necesitan dejar ir al humanoide y despedirse de nuevo. Es duro, pero una vez que el robot se va, es cuando realmente pueden empezar el proceso de su duelo. Al volver a casa y ver los dos árboles en el jardín, logran recordar a sus dos hijos de forma sana. Esos árboles les permiten recuperar la capacidad de imaginar. Para mí, la historia es el proceso de recuperar esa imaginación. No es que todo quede perfectamente resuelto, pero al final espero que haya sido una bendición para ellos.
En la mayoría de sus películas, desde Nadie sabe en la historia siempre hay un niño. En Occidente se tiene la imagen de que en Japón hay un sentido muy tradicional de la familia: una pareja heterosexual con uno o dos hijos, pero sus películas siempre presentan alternativas a eso. ¿Es su misión demostrar que las familias japonesas pueden ser diferentes?
No suelo pensarlo de manera consciente, aunque es un tema recurrente. Hubo un tiempo en el que me convencí de que los ojos que juzgan el mundo de los adultos son los de los niños dentro de la historia, y los de los muertos desde fuera de ella. Sentía que esos dos puntos de vista eran fundamentales para los guiones que escribía. Es algo en lo que no suelo reflexionar hasta que alguien me lo pregunta directamente. En esta película, supongo que ambos elementos se combinan, ya que el personaje fallecido es un niño.
Respecto a la familia, creo que la mayoría están rotas hasta cierto punto o siempre les falta algo. No me propuse hacer películas sobre la familia de forma intencionada; no empecé a pensar en ello hasta que mi padre murió. Fue entonces cuando sentí que faltaba algo en mi propia familia y comencé a cuestionarme qué es un padre, qué significa serlo y si yo podría ser uno. Si todos están presentes, no hay necesidad de cuestionarse nada, pero cuando falta alguien, surgen las preguntas.
En cuanto a su otra duda, no diría que es mi misión mostrar familias diversas, pero es una realidad innegable en el Japón actual. El sistema japonés se basa en el modelo tradicional de dos padres y dos hijos, y todo se planifica bajo esa premisa unitaria. Sin embargo, menos del 20% de las familias reales responden a ese esquema hoy en día. Uno de cada cuatro o cinco hombres estará soltero toda su vida; de hecho, actualmente el 30% de la población (tanto hombres como mujeres) estará soltera durante toda su vida. Existe una imagen errónea de la familia idealizada que hace que el sistema actual no funcione. Por eso, para mí es natural retratar a las familias tal como existen en la realidad. También suelo mostrar familias que no están conectadas por lazos de sangre. En la sociedad tradicional japonesa se enfatiza tanto la consanguinidad que los lazos de sangre se consideran absolutos, y eso es algo que me gusta cuestionar, aunque no sea mi objetivo principal explícito.
Su película toma su nombre de un pasaje del libro El Principito ¿Qué tan significativa es esta obra para usted?
Cuando lo leí en mi adolescencia, no lo entendí bien, me pareció un libro difícil de comprender. Sin embargo, para la película, quería que la madre le leyera un cuento antes de dormir a su hijo, algo que estuviera profundamente relacionado con la imaginación. Recordé la escena de El Principito sobre la caja y pensé: un humanoide solo vería una caja como una caja física, pero ¿por qué los humanos somos capaces de ver al cordero dentro de ella? Por eso decidí incluir esa escena, y luego pensé que también funcionaría muy bien como título.
Ficha técnica
Título: Sheep in the Box
Género: Drama
País: Japón
Año: 2026
Duración: 126 minutos
Director: Hirokazu Kore-eda
Elenco: Haruka Ayase, Daigo Yamamoto, Rimu Kuwaki
Festival de Cannes /Competencia Oficial
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