Por Isabel Agurto
La nueva creación de Proyecto No-Oficial, con dramaturgia de Xaviera Vera Gutiérrez y dirección de Patricio Poblete Hormazábal junto a la propia Vera Gutiérrez, parte de una premisa doméstica, en la que tres amigos esperan a un cuarto que vuelve a Chile después de quince años en misiones humanitarias alrededor del mundo. En el escenario vemos una casa de paredes rosadas y floreadas, un sofá, una mesa de centro y un letrero de bienvenida colgado con anticipación. Este espacio corresponde al living de la mamá de Gonzalo (Agustín Sanhueza), y es donde él junto a Gabriel (Alex Acevedo) y Martín (Cristóbal Bravo), se preparan para recibir a Benjamín (Jean Raymond). Está todo dispuesto para celebrar, pero lo que sigue transforma la escena en un campo de batalla ideológico en que cada personaje es un tipo humano reconocible y al mismo tiempo una tesis sobre el Chile de ahora. Todo con un humor delirante en que el público no para de reír durante sus dos horas de duración.
Pampa es una obra compleja de abarcar. Es una comedia negra, política y absurda, que aborda un conjunto de tramas difíciles de contener en un solo libreto, sin embargo, Xaviera Vera lo consigue al construir siete personajes masculinos a través de los cuales plantea gran cantidad de temas transversales. Todos están muy bien escritos y eso es fundamental, porque la obra se sustenta en esa sólida construcción e interpretación, con actuaciones a la altura de cada uno de ellos. Esta es, ante todo, una obra de personajes.
Gonzalo tiene la cabeza vendada porque sufrió un portonazo y se ampara en ese evento para justificar su miedo y rechazo a los migrantes. Es un retrato reconocible del chileno en estado de alerta permanente, convencido de que hay que armarse y actuar de manera organizada. Martín lleva ocho años con una mujer que lo dejó por otra y es incapaz de aceptar que el deseo ajeno no es un error corregible. Su patetismo tiene una ternura que lo hace tan querible como temible. Gabriel es el progresista de manual que tiene una fundación para niños en situación vulnerable y un secreto que develar. Benjamín vuelve con un relato ambiguo sobre sus misiones humanitarias y su sola presencia activa uno de los grandes móviles de la obra: el miedo al otro y la necesidad de que ese otro sea culpable. Cada uno de estos personajes hace reír y pensar por sí solo, y al interactuar en escena el resultado es hilarante, mas no caótico. Se nota el cálculo preciso que requiere la comedia, y el trabajo de estos actores junto con la dirección y dramaturgia está notablemente logrado.
A estos cuatro personajes se suman otros tres que ensanchan todavía más el delirio. El hijo adoptivo de Gabriel (José Domingo Sánchez) resulta ser algo muy distinto de lo que aparenta, y la relación entre ambos es de una naturaleza que todos perciben, pero nadie nombra directamente. Un delivery (Aukán Cerda) que en vez de comida trae un monólogo en la mochila sobre las condiciones del arte y los artistas en Chile. Y un guardia de seguridad ciudadana (Darío Chahuillco) que Gonzalo convocó por su miedo generalizado, pero que tampoco es lo que parece. Cada personaje tiene su monólogo que lo termina de dibujar por completo, y cada uno de éstos sigue sacando más risas.
El resultado es una obra muy diversa en cuanto a los asuntos contingentes que trata, desde la xenofobia, las masculinidades frágiles, la memoria inventada, el miedo como construcción ideológica ―y más―, sin que ninguno se sienta forzado. Todo emerge de la acción, del vínculo y de lo que los personajes no pueden dejar de ser, aunque lo intenten. Y de todo eso sale humor. Humor inteligente, incorrecto y político.
Un momento muy destacable es cuando Martín decide que quiere ser mujer y lesbiana. Primero, por lo incorrecto de sus motivaciones y segundo, porque la escena es musical. Llega sin aviso, sin preparación y con coreografías y canciones en las que cada personaje expresa su opinión sobre la idea. Es absurdo y desbordante, sin embargo, no rompe nada. Es exactamente igual de delirante que todo lo anterior, cumple con su propia lógica interna y cuando termina, la obra retoma su curso como si esa hubiera sido siempre la forma natural de las cosas. Y quizás lo es.
La duración de la obra se siente. No aburre, pero la acumulación de monólogos hace que el ritmo decaiga en tramos. Una edición quirúrgica, sin tocar lo esencial, probablemente la haría más contundente sin restarle nada de lo que la hace interesante y disfrutable.
Pampa toma el Chile del miedo, de las identidades en disputa, de los vínculos desgastados, y lo convierte en comedia negra. Eso requiere valentía dramatúrgica y un elenco a la altura para sustentar la propuesta. Proyecto No-Oficial cuenta con ambas.
Ficha artística
Título: Pampa
Dirección: Xaviera Vera Gutiérrez y Patricio Poblete Hormazábal
Dramaturgia: Xaviera Vera Gutiérrez
Diseño integral: Isidora Guital Rodríguez
Diseño de iluminación: Francisco Herrera
Community manager: Matilde Mora Castillo
Elenco: Alex Acevedo Moreno, Agustín Sanhueza Céspedes, Cristobal Bravo Luengo. Jean Raymond, José Sánchez Medel, Aukan Cerda Silva y Darío Chahuillco Atenas
Coordenadas
Funciones hasta el 13 de junio. Jueves a sábado a las 19:30 h
Teatro Camilo Henriquez ― Amunátegui 31, Santiago
Entradas en Ticketplus
Recomendada para mayores de 14 años
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