Entrevista a los actores de “Una espacie de Alaska” Nathalia Aragonese y Marcial Tagle: “Es una obra te va a poner en un lugar pensante”

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a los protagonistas de Una especie de Alaska, obra del dramaturgo británico Harold Pinter que llega al Teatro Ictus, dirigida por Cristián Plana. con un potente elencoCon un potente elenco. La obra cuenta la historia de Deborah (Tamara Acosta), una mujer que despierta de un coma después de treinta años, enfrentándose a un cuerpo y un mundo que avanzaron sin ella. Mientras intenta comprender su nueva realidad, su hermana Paulina (Nathalia Aragonese) y Hornby (Marcial Tagle), médico y marido de Paulina, intentan acompañarla, ocultándole parte de la verdad más dolorosa.

La obra se sitúa bajo el contexto de principios del siglo XX, donde se propagó por el mundo “la enfermedad del sueño” en el cual los sobrevivientes más afectados, se hundieron en un estado singular de sueño que duró décadas. Cincuenta años más tarde, Harold Pinter escribió Una especie de Alaska, inspirado en el caso de una de las pacientes (Rose R) del neurocientífico y escritor Oliver Sachs, en el que se crea la cura para esta enfermedad. El libro reveló una existencia insoportable que la mujer fue incapaz de comprender: seguía sintiéndose en el pasado, congelada. Se volvió una bella durmiente que nunca aceptará que la vuelvan a “despertar”.

Esto fue lo que Marcial Tagle y Nathalia Aragonese nos contaron acerca de la obra.

Cuéntenos un poco cómo surgió que ustedes se integrarán a esta obra que dirige Cristián Plana, que es un texto de Harold Pinter, icónico dramaturgo, en el Teatro Ictus ¿Cómo fue ese proceso para cada uno de ustedes?

Nathalia Aragonese: De partida, una maravillosa, muy grata sorpresa, muy preciosa invitación que acepté de inmediato. Con Cristian Plana fuimos compañeros en la escuela, nos formamos juntos en el club de teatro. Nos conocemos mucho, de muchos años, pero desde que salimos de la escuela no habíamos tenido la oportunidad, la posibilidad de trabajar juntos. Fue hermoso porque siento que fue un reencuentro artístico importante para mí, que lo admiro, que lo quiero mucho y que me encanta su trabajo. Fue muy especial desde ese lugar también para mí. Me pareció super atractivo también cuando supe que estaban Tamara (Acosta) y Marcial (Tagle), que son dos compañeros con los que hace muchísimos años tenía muchas ganas de trabajar. Me cuenta de esta obra que primeramente era pensar en Tamara, que era una obra muy para ella. Estos otros dos personajes eran los que la circulaban. Desde ahí en adelante, el proceso fue increíble. Hicimos un arduo y profundo trabajo de mesa primeramente y luego ya tomamos el cuerpo. Fue un proceso muy fluido, muy inspirador todo el tiempo. Estábamos muy contentos los cuatro de trabajar juntos, fue muy fluido, y el resto del equipo que después se fue armando. Fue todo muy maravilloso, la verdad.

Marcial Tagle: Yo ya había trabajado con Cristián con una misma obra, pero en dos momentos distintos, con diez u ocho años de espacio. La verdad es que para mí Cristián Plana es el director o uno de los tres directores más interesantes, para mi perspectiva teatral, de trabajar. Creo que lo que propone Cristián es súper atractivo para mí en una visión fundamental del teatro, y él cubre una necesidad, un área teatral nacional que pocos directores y pocas compañías la trabajan. Están enfocados en que es un teatro muy pensante, muy puntudo, muy revisionista, muy alternativo, desde poner en escena textos perdidos, textos que nadie conoce, y que Cristian los rescata y los posiciona en montaje, para mí, por lo general, muy atractivo. Me interesa mucho su visión, es tremendamente creativo, con lo cual, para mí me genera un goce ser parte de esos colectivos o compañías, grupos, que él arma para trabajar, porque aprendo, me nutro, me alimenta. Eso, para mí, en el teatro siempre ha sido lo más importante y hoy día, ya más viejo, pudiendo seleccionar mejor los trabajos de los cuales quiero participar, es fundamental. Me ocurre eso con Cristián, tengo una devoción, admiración, y siempre que me llame, con algunas mínimas condiciones de tiempo o de las vidas de la familia, voy a estar ahí. También me pasa que era un texto hecho para Tamara, la conozco desde la escuela, estudiábamos juntos, éramos compañeros. Le tengo mucha admiración, le tengo mucha empatía, y después también aparece Nathalia, que de verdad siempre la he encontrado espectacular como actriz. La he visto en teatro, la he visto en cine, la he visto en teleserie, y siempre destaca con una verdad, con realismo, que me encanta. Poder compartir escena con Tamara y con Nato, siempre digo que es como el tenis, uno lo tira a mejorar el nivel, entonces no había por donde no subirse. Además, la verdad es que creo que Plana me puede matar, pero creo que es un elemento diferenciador, importante hoy en día en teatro, sobre todo con un teatro cabezón, duro, Una especie de Alaska.

Cuéntenme sobre los temas que aborda la obra, sobre el paso del tiempo, de estar fuera, de salirse un poco de la sociedad. También ese lado de la devoción, de estar al cuidado de una persona que está durmiendo, que no sabe si despertar o no. Cuéntenme un poco cómo pensaron sus personajes ¿Cuáles fueron los desafíos de estos personajes en base a los temas que aborda la obra?

N.A: Creo que son muchísimas capas al mismo tiempo, desde la propia visión del autor, que se basa en un libro escrito, hay otra capa y ese libro también está escrito sobre un contexto real que ocurrió en Europa. Luego vienen los otros personajes que están desde distintos lugares triangulando en este contexto. Entonces, cada una de las áreas, cada una de las partes, es una capa y un velo que si uno lo corre, es una temática súper amplia que uno podría ir profundizando. En el caso de mi personaje, que es Paulina, que es la hermana. Siento que encarno en síntesis el rol de la cuidadora y de la familia. Todo lo que ocurre en relación a una enferma o una persona que queda invalidada por completo, porque no habla, no se mueve, no despierta, pero, sin embargo, está ahí y con todas las demandas que exige una vida, un cuerpo. Empieza a suceder que además es durante tantos años, tanto tiempo, que es un proceso también largo de vida que empieza a ocurrir en donde se deja entender en la obra que la familia fue también viviendo su propia existencia, su propia vida, y esta mujer fue quedando un poco aislada, sola, en donde la familiar que queda cerca a ella soy yo, que soy su hermana más chica, a tal punto de la convivencia que termino emparejándome y casándome con este doctor, que finalmente estamos los dos entregando la vida, dejando de vivir nuestra propia vida romántica, de pareja, por el cuidado y la demanda de atención de esta mujer. Desde mi personaje se abre la capa del familiar y de cómo también se producen muchos quiebres en la familia, cómo se rompe también, cómo va repercutiendo este personaje, este familiar que está en esta condición. Está también el lugar de que la característica que tenían estas personas era que en algún momento o morían o podían despertar, como ocurre en el caso de Deborah, y es esa esperanza que llega en este momento de una espera larga, de pensar que una vez que despierte todo va a estar bien, o quizás no, o es un abismo que solo se va a dilucidar en el momento en que despierta, que es el momento en que está puesta también la obra, la historia. La obra cuenta justo el momento en que esta mujer despierta y es cómo también nosotros, los personajes, reaccionamos y recibimos este despertar.

M.T: Hay varias cosas que me pasan a mí, en términos de la temática de la obra. Lo que más me resalta, o lo que más me está llamando la atención ahora en este proceso que está vivo y que estamos empezando con las funciones, es todo el rollo que ocurre en la cabeza de estas personas que están y no están. ¿Qué es lo que pasa con la mente, qué es lo que pasa en ese silencio del enfermo en coma, del enfermo neurológico, de estos pacientes que están en un limbo que aparentemente aparece? Hay algo, hay cosas que ocurren. Revelar eso, ponerse en esa cabeza de ese segmento de personas que están en estas condiciones, me parece súper interesante.  Por otro lado, es también una cosa existencial que ocurre, que es estar siempre en el lugar del que padece y no darse cuenta que tú eres un padeciente también, que estás padeciendo igual, incluso más. Porque a veces ocurre, y eso es lo que uno va descubriendo, por eso te digo que es vivo, porque la obra es tan compleja que a mí me ha costado ponerme en sintonía con ese relato, con esa narrativa desde inicio hasta fin. Lo que yo voy viendo es que, y como gran descubrimiento fue, que finalmente Deborah está en un lugar placentero, pero en un limbo que es menos purgatorio que el que vivimos nosotros que estamos ahí dedicados a ella. Hay mucha frustración en eso. El viaje que hace mi doctor, mi personaje o el personaje de Paulina, al no ser reconocida, como decía Nathalia, es la única de la familia que está y que se ha mantenido ahí, y no la reconoce, no la identifica. Se queda con Estela, se queda con el papá, se queda con la mamá, se queda con esa Paulina que tiene ella en su cabeza, pero no la ve, no la reconoce. Es frustrante. Yo a usted no lo conozco, usted me hizo esto, usted me hizo este otro. Hay una serie de cosas que es muy frustrante. Ese viaje, desde el personaje mío, es complejo. Me ponen en un lugar que no me había tocado. Otras obras de teatro, por lo general, tienen un principio, un fin, un desarrollo. Más allá del final feliz o no final feliz, donde se encuentran las cosas, para bien o para mal. Pero acá se desencuentran y la opción viable es que se vuelva a su casa. Me quiero volver a mi casa, es como dale, te pegamos un empujón, incluso, cuando ahora lo voy a empezar haciendo la cama girar, dale, vuela. Es raro. A mí me cuesta en mi cabeza, entrar a jugar con todos estos elementos. Por eso también es súper atractivo hacerlo y estar en los procesos, en la etapa, el trabajo de mesa que decíamos al principio, que fue súper profundo, muy profundo. También ahora en esta etapa de ir descubriendo en escena lo que va ocurriéndonos.

N.A: También hay otra cosa que particularmente a mí me encanta, que es cuando hay ciertas cosas que no tienen explicación o por lo menos no las entendemos. Lo que ocurrió, cuando ocurrió, que no se sabe también cómo llamarle. Enfermedad, virus, una pandemia, una encefalitis, o la enfermedad del sueño o lo que sea. Si ocurriera hoy día, a lo mejor con la tecnología se sabría quizás con más certeza qué fue. Hay una teoría en relación a esta enfermedad que yo la rescato harto, que tiene que ver con que podría ser una especie de efecto colateral de trauma posguerra. Fue después de la Primera Guerra Mundial, entonces ese espacio de desconocimiento o de especulación a mí también se me hace súper atractivo, súper interesante, porque teatralmente genera una obra súper abierta también. Desde dónde tomarla, desde el punto de vista, desde las interpretaciones, de todas las metáforas que se van levantando en la obra. Todo puede significar una y mil cosas. Eso también tiene la obra.

¿Cómo fue el trabajo con Cristián Plana? ¿Cómo enfrentaron las complejidades del texto? ¿La complejidad tiene que ver más con el texto? ¿Cómo se los planteó a ustedes y cómo ustedes enfrentaron ese desafío?

N.A: Creo que fue exactamente ambas, como dice la obra. Todas las anteriores, porque no por nada también es un texto que eligió Cristián y la obra de Harold Pinter está tal cual. Nosotros no le sacamos nada, no hubo una edición. Sí hubo ciertas referencias que toma, que en el fondo ahí cruza un poco las temáticas, como por ejemplo esta alusión a La Bella Durmiente, que eso no es parte del texto, pero es una mirada y un cruce con un matiz de la obra. Creo que es precisamente el cruce del autor con esas características, porque Harold Pinter también tiene una especie de existencialismo extraño, roza lo absurdo, pero es mucho más existencialista. Es una mezcla que está, yo creo, en esta puesta en escena. Se levantan esos conceptos, esas miradas desde la dramaturgia. La puesta en escena de Cristián, o su dirección, cruzan muy bien esos tonos. Fueron varias cosas acá que se unieron muy bien. Me acuerdo que Fernando decía que cuando el género y el estilo están en el mismo cauce, hay una buena actuación, una buena dirección, no hay cómo que la obra no funcione. Yo creo que aquí pasan todas esas cosas.

M.T: Creo que coincido con Nathalia en su mirada. Hay cosas que aparecen en la obra, todas estas cosas que tú decías, es increíble porque nosotros, por ejemplo, y ya nos pasó con el estreno de la obra, cuando la obra se empieza a dar, esta confusión, apertura, con respecto a si mi personaje está muerto o no. Nosotros nunca lo pensamos. Sabemos que no. Nunca se nos pasó y entendíamos: “Yo estoy viuda” como una ironía, un sacar en cara de Paulina hacia el doctor, hacia su marido, hacia su hermana, pero nunca nos fuimos en esa volada. En el montaje, poniendo la narración que sí incorpora Plana para contextualizar el primer monólogo, un poco la obra, sí empieza a abrirse esta posibilidad, sin querer queriendo, en otro tono, en otro lugar. Entonces el espectador va, es maravilloso porque, finalmente, lo que ocurre es que empiezan a aparecer otras cosas. Uno más uno no es dos, es tres, porque tiene que hacer ahí, entonces es muy bonito.

N.A: También creo que, como una buena consecuencia, tiene que ver con escenificar la cabeza de Deborah. Que existan también esas variantes está bien porque responden a esas variantes que tiene también Deborah en su cabeza. Me parece que es muy coherente que todas esas partes se abran. Es como que también entráramos a ratos en esa alucinación que tiene Deborah, en que qué es lo que piensa, lo que piensa lo cree, lo que piensa lo soñó, lo que piensa lo está viviendo, lo que está pensando es lo que está pasando, es lo que está imaginando. A mí me gusta pensar que la cabeza es lo que estamos tratando de escenificar, ese recorrido cerebral, esa pérdida.

Es una obra para vivir la experiencia. ¿Pueden dejar a la gente invitada a ver la obra, por favor?

N.A: No se la pueden perder porque es una pieza corta de Harold Pinter, muy desconocida y es muy buena. Parece que está resultando, que está bien puesta en escena. Está tomando una vida teatral maravillosa. Nosotros, sinceramente, estamos muy contentos con el proceso, con el trabajo, con estar juntos. Te da una sensación de trabajo muy placentera. Verla, no perdérsela. La invitación es amplia.

M.T: Creo que es una muy buena alternativa dentro de la cartelera nacional de hoy y, en general, los trabajos de Plana, de ver un teatro pensante, puro, crudo, vanguardista, de alguna manera. Cuando tú eres testigo de la obra, cuando tú participas, ves el espectáculo, eres público, te vas con un algo para poder pensar luego. Al terminar ese proceso, tú, en tu cabeza, en tu conversación, es una obra que te va a quedar dando vueltas y que te hace pensar, te hace cuestionar y te hace ponerte en lugares donde uno no siempre se pone. Para mí eso es fundamental y es uno de los objetivos primarios del arte escénico teatral. Más allá de que es entretenida y de que está bien contada, que es corta, que ocurre, te va a poner en un lugar pensante y creo que eso es necesario y un buen ejercicio.

N.A: Humanamente, es muy sensible la obra. Y eso siempre es maravilloso.

M.T: Estamos los viernes y sábados a las 20.30 en el Teatro Ictus, Sala La Comedia en Merced, y los domingos a las 19 horas. Solamente vamos a estar dos fines de semana más, así que nos quedan seis funciones en esta primera temporada. Aprovechen de ir a verla y no se van a arrepentir.

Ficha artística

Título: Una especie de Alaska
Dramaturgia: Harold Pinter
Dirección: Cristián Plana
Elenco: Tamara Acosta, Marcial Tagle, Natalia Aragonese
Diseño Integral: Laurène Lemaitre
Composición musical y universo sonoro: Benjamín del Río
Producción: Cristián Plana y Lissa Moret
Diseño de vestuario: Laurène Lemaitre y Javiera Muñoz
Técnico en iluminación: Cristobal Manríquez
Redes sociales: Cruce comunicaciones | Rocío Valdéz
Fotografías: Pola González Durney
Diseño gráfico: Laurène Lemaitre

Coordenadas

📅Funciones desde el 11 al 28 de junio | de viernes a domingo
⏰Horario diferenciado: viernes y sábado: 20.30 H | domingos: 19.00H
🎟️Entradas disponibles en Ticketplus
Precios: viernes $12.000 general | sábado y domingo: $15.000 general
Descuento estudiante, tercera edad y socios Redsalas: $7.000
📍Teatro ICTUS, Merced 349, Santiago

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