Por Galia Bogolasky
La dimensión desconocida es una adaptación teatral de la novela homónima de Nona Fernández bajo la dirección de Marcelo Leonart, que se está presentando en el GAM. La obra transforma el escenario en un espacio donde la memoria y la ficción conviven para enfrentar al espectador con uno de los periodos más oscuros de la historia chilena. Inspirándose en el imaginario de la serie televisiva del mismo nombre (The Twilight Zone), la obra reconstruye el testimonio de Andrés Valenzuela Morales, ex agente de la dictadura, que llega a contar su verdad a una periodista de un medio de oposición en plena dictadura.
El eje dramático recae en la figura del ex agente, presentado como un monstruo arrepentido, un hombre que decide entregar su testimonio y realizar una declaración sobre los crímenes cometidos. Sin embargo, la obra deja claro que esa confesión no lo absuelve. Su arrepentimiento no elimina la responsabilidad ni el daño causado. El personaje aparece como una figura atrapada entre el deseo de aliviar su conciencia y la certeza de que nadie lo entendería. Se plantea el conflicto del protagonista desde el lugar del victimario que no puede más con la culpa y decide desaparecer, comprendiendo que su confesión no puede borrar el pasado ni ofrecer una reparación suficiente. Su decisión puede interpretarse como un último acto de rebeldía, aunque también como la aceptación de que deberá convivir para siempre con la culpa. El testimonio adquiere entonces un doble sentido: constituye un aporte indispensable para la verdad histórica y al mismo tiempo lo ahoga en el miedo, consciente de que la verdad no puede reparar el pasado.
Marcelo Leonart logra crear un montaje muy interesante, que reúne muchos elementos de manera orgánica; logra llevar a escena la novela de Nona Fernández, donde la fuerza de la narración logra una buena cohesión con una puesta en escena atractiva, actuaciones impecables y un ritmo intenso que no da respiro. La escenografía y los objetos adquieren un fuerte valor simbólico. Las tazas rotas en el suelo representan una vida cotidiana destruida de manera irreversible, mientras la constante limpieza del escenario intenta borrar el pasado que es imposible eliminar. Las fotografías funcionan como archivo para reconstruir la historia, de quienes fueron víctimas de la dictadura, recordando que la memoria persiste incluso cuando se intenta ocultarla. La música y la iluminación constituyen elementos que aportan a un montaje ágil, poderoso y actual.
La violencia nunca se representa únicamente desde lo físico. Las referencias a la tortura, las expresiones corporales que evocan el sufrimiento, el olor que parece impregnar el espacio, la loza rota, y la oscuridad construyen una atmósfera profundamente perturbadora. A pesar de lo narrativo del texto, la obra consigue transmitir el horror sin recurrir a una representación explícita, utilizando conceptos como las ratas, las tazas rotas, las cenizas, para transmitir la sensación de miedo. El montaje utiliza la repetición de frases, movimientos de escena, gritos, personajes que van rotando, movimientos en escena, y cambios de roles entre los tres actores, como una forma para representar la repetición de los interrogatorios durante las torturas.
Nona Fernández, Francisca Márquez y Francisco Medina realizan una potente interpretación, donde están vestidos igual, de traje negro y mientras van rotando de personaje se van poniendo la parka blanca, se la sacan, se ponen guantes amarillos, se los sacan, y así van girando en torno a este personaje que entrega la declaración y la periodista que recibe el testimonio. También aparece un abogado, que lo ayuda a escapar. Los tres actores pasan por los tres personajes, no importando bien quién es quién, ya que todos son todos.
El intercambio constante de personajes sugiere que la violencia no pertenece exclusivamente a un individuo, sino que forma parte de una estructura en la que distintos sujetos pueden ocupar el lugar de víctima, victimario o testigo. La circulación de información secreta, las referencias a los centros de detención y el ocultamiento sistemático de los hechos evidencian el funcionamiento del aparato represivo durante la dictadura.
La obra toma como referencia el programa La dimensión desconocida, muy famoso en los 80, donde pasaban cosas extrañas, con Aliens, y seres misteriosos que alejaban al espectador de la realidad que estaban viviendo. Ese es el hilo conductor donde transita la obra, y nos permite incorporar este elemento más original a la obra, que es la cultura pop. Uno de los momentos más atractivos del montaje es la utilización de las imágenes del video clip de la canción We Didn’t Start the Fire de Billy Joel, para luego proyectarlo con la canción de fondo, y así terminar de armar el sentido detrás de las imágenes, lo que tiene que ver con el significado de una sucesión vertiginosa de acontecimientos históricos que reúne el videoclip, y la canción, que marca la época de los 80. Este momento nos recuerda que la violencia no pertenece a un único momento ni lugar, sino que forma parte de una memoria colectiva que continúa acumulando nombres, imágenes y heridas hasta el día de hoy.
La obra utiliza el concepto de la repetición para enfatizar ciertos conceptos, los personajes intercambian sus roles, las acciones vuelven una y otra vez y el tiempo parece avanzar en círculos, reforzando que el pasado nunca desaparece del todo, pero resulta insuficiente para obtener perdón. En definitiva, La dimensión desconocida es una obra que convierte la memoria en una experiencia teatral intensa y profundamente reflexiva. A través de símbolos, repeticiones y un lenguaje escénico cuidadosamente construido, invita a pensar sobre la responsabilidad individual, el peso de las acciones individuales y la necesidad de mantener vivos los recuerdos de las víctimas. La obra demuestra que, frente a las desapariciones, la tortura y el silencio, el teatro puede transformarse en un espacio de memoria y registro histórico.
Ficha técnica
Título: La dimensión desconocida
Compañía: La Pieza Oscura
Dramaturgia: Nona Fernández, basada en su novela homónima
Dirección: Marcelo Leonart
Elenco: Nona Fernández, Francisca Márquez, Francisco Medina
Diseño: Catalina Devia| Asistencia diseño: Isidora González
Iluminación: Nicolás Jofré
Música: Dante Leonart
Producción: Francisco Medina
Coordenadas
10 al 26 Jul 2026
Ju a Sá— 19.30 h
Do— 18.30 h
Sala A2 (Edificio A, piso 1)
Centro GAM
$15.000 Gral.
$10.500 Personas mayores, estudiantes, personas cuidadoras y personas con discapacidad.
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