STGOFOTO Entrevista a la directora de “Sara Facio. Haber estado ahí”, Cinthia Rajschmir: “Todos estamos atravesados por la fotografía”

Por Ignacia Pezoa

En el marco de STGOFOTO entrevistamos a la realizadora argentina Cinthia Rajschmir, directora de documentales, pedagoga y periodista, que capturó uno de los últimos registros de la icónica fotógrafa argentina, Sara Facio. A través de las entrevistas y la revisión de sus fotografías, Rajschmir logra volver a aquellos lugares en los que sólo el lente de Sara Facio pudo “haber estado ahí”. El resultado es un documental íntimo y lleno de historia.

El interés por la literatura de la realizadora queda plasmado en éste y en su documental anterior, Cortázar y Antín: cartas iluminadas (2018), pero también hay un reflejo de la admiración y el vínculo que las dos artistas construyeron a lo largo del filme.

Conversamos con Cinthia sobre Sara Facio. Haber estado ahí (2023) a propósito de su exhibición en la versión 2026 de StgoFoto, que por primera vez incluye muestras documentales dedicadas a figuras de la fotografía chilena y argentina. Esto fue lo que nos contó.

Una de tus preocupaciones más importantes es que los grandes referentes se están yendo ¿Cómo nació la idea de documentar a Sara Facio?

Son dos vertientes. Una es que Sara me brindó las fotografías de Julio Cortázar para mi película anterior, que estuvo en Chile, la proyectaron en el Festival de Cine Iberoamericano organizado por el Ministerio de las Culturas y había sido seleccionada por la Embajada Argentina. Ella me brindó las fotografías, generosamente, de Cortázar para que yo pudiera componer el personaje de Julio para la película Cortázar y Antín: cartas iluminadas, porque yo tenía las cartas que él le había enviado a Antín y también la voz en una fonocarta, pero no tenía la imagen. A ella le gustó mucho la película.

En 2018 fui a ver una exposición extraordinaria que se llamó Perón en el Museo MALBA en donde se expusieron fotografías inéditas de Sara de todo un periodo de la vuelta de Juan Domingo Perón a la Argentina después de 18 años de exilio hasta los funerales, cuando falleció el mandatario un corto tiempo después de que volviera. Eso fue documentado por Sara, ese corto tiempo. Desde la alegría popular de recibir a su líder a un acontecimiento muy trágico, que se llamó la masacre de Ezeiza, con la tristeza del pueblo. Entonces yo fui a ver esa exposición, quedé fascinada y ahí le propuse hacer la película y me dijo que sí. Sí porque le habían gustado mis películas anteriores.

Por otro lado, yo venía haciendo películas sobre grandes maestros argentinos, muy grandes, de 93 y 94 años que habían sido muy icónicos e importantes para la historia de nuestra educación y se estaban yendo. Eso es cierto, también venía trabajando en ese sentido, pero con Sara fue por esta fascinación. Por supuesto, ya conocía a Sara, conocía su obra, no a ella, pero conocía su obra y esa fascinación – entre su generosidad para brindarme las fotos de Cortázar y la maravillosa exposición de Perón – fue cómo nació el proyecto.

¿Cuál fue la disposición de Sara? ¿Dijo de inmediato que sí? Porque me imagino que es muy distinto estar detrás de la cámara toda la vida y luego estar en frente. ¿Qué fue lo primero que te dijo cuando le propusiste documentarla?

Yo estaba sentada y le trataba de explicar cómo yo hacía los documentales, que yo era muy cuidadosa, que hacía que la película fuera dialogada con la protagonista, que siempre iba a ser un ida y vuelta. Y ella me dice “esperá, esperá, esperá. Si vos estás sentada ahí es porque yo te elegí, si no, no estarías sentada ahí”. Así que fue una impresión muy grande, me temblaban las piernas porque era una responsabilidad enorme. Me dio miedo que me dijera eso. Después era una alegría inmensa. Ella me aclaró: “Yo te elegí porque me gusta lo que hacés”. Fue un acontecimiento precioso en mi vida, ese acontecimiento y en todos mis documentales, eso de que los protagonistas aceptaran que yo hiciera una película con mi mirada sobre los acontecimientos de su vida, sus vidas y sus obras.

Me gustó mucho que el título, Haber estado ahí, queda graficado de una manera muy inteligente en esto de haber vuelto a los lugares que Sara fotografió, como el casco histórico de Buenos Aires ¿Cómo fue el proceso de filmación, en cuanto a producción, pero también emocionalmente para ti y para Sara?

Nosotras fuimos a La Boca porque ella había hecho unas fotografías bellísimas, bellísimas. Pero además fuimos en un auto, un Fiat 600, el “fitito”, porque ella me había dicho que iba a sacar fotos desde adentro del Fiat 600. Entonces yo dije: “Tengo que conseguir un Fiat 600” y le pregunté si ella estaría dispuesta a que fuéramos. Me dijo que por supuesto. Es una mujer tan dispuesta, tan vital, tan alegre. Fue hermoso. Hicimos los primeros tres rodajes en febrero del 2020. En esos tres rodajes hicimos las primeras entrevistas, pero además nos fuimos a pasear, que no fue a pasear, fue a rememorar esos lugares en donde ella había fotografiado a los boteros y a los trabajadores de la zona de La Boca. Y a los pocos días cayó la pandemia, entonces estuvimos un año y medio sin grabar.

Esta idea de ir a todos los lugares, porque yo quería seguir yendo con ella y ella también, se vio muy dificultado. Después de la pandemia tuvimos que volver de a poco. Tuve que ir encausando otra transformación en el documental – que yo siempre estoy dispuesta a ello porque trabajo de una manera en que las circunstancias entran dentro del documental, lo que estamos viviendo. Es parte del descubrimiento.

Estuvimos primero en un momento de nuestra historia previo a la pandemia y después el poquito tiempo posterior a la pandemia, que de alguna manera se refleja en la película. No del todo, pero yo lo siento cuando la veo. Son distintos momentos. De hecho, hay unos jóvenes con barbijo y yo los quise dejar porque es una marca de tiempo también. Me pareció que esto estaba bien dejarlo.

Me puedes contar también sobre la visita a Isla Negra, a la casa de Neruda.

La visita a Isla Negra fue lo último que hice porque yo ya tenía grabada prácticamente toda la película y era un momento difícil porque ya no teníamos más presupuesto. A veces sucede eso. Pero no podía dejar de hacer esas escenas porque para Sara había sido una de las experiencias más importantes de su vida. Yo no soy de abandonar una idea que creo que es importante, menos un deseo que es importante, más que nada para la protagonista.

Yo me propuse ir a Isla Negra y en ese momento tuve la enorme generosidad y acompañamiento de la Embajada Argentina en Chile, y la embajada articuló con dos universidades chilenas: la Universidad Diego Portales, que permitió mi viaje hasta allí e hicimos una entrevista con Diego Zúñiga, muy hermosa, que quedó en la universidad; y luego la Universidad de Chile, que la carrera de Cine y Televisión me propuso – como yo soy pedagoga, además – realizar los rodajes con estudiantes muy avanzados de la universidad que tenían que hacer sus prácticas. Para mí fue una experiencia extraordinaria trabajar con estudiantes excelentemente formados y con un corazón… Personas hermosísimas a nivel humano. Una experiencia bellísima coordinada por Daniela Jordán (Jefa de carrera).

Tuvimos reuniones, primero virtuales y luego en la embajada, y luego nos fuimos a Isla Negra con un equipo hermoso: Camila Pérez, Sebastián Meléndez y Vicente Arenas. Tres, en su momento estudiantes, ahora profesionales, artistas con quienes me gustaría volver a trabajar en algún momento. Íbamos y volvíamos todos los días a Isla Negra, grabábamos todos los días. Hubo algo muy bonito que quedó registrado en un material que ellos produjeron, un backstage de Isla Negra, en el que nos comunicábamos con Sara en ese momento. Le mandábamos videos nuestros y ella nos contestaba por WhatsApp a todo el equipo y nos deseaba mucha suerte y nos contaba que había sido una experiencia hermosa para ella.

Quedó muy bien montada esa parte, no se nota que Sara no va a Isla Negra. Siento que hay una cercanía tremenda entre lo que está contando y en lo que estaban haciendo ustedes.

Mi idea es que la cámara son los ojos de Sara. En cine decimos que es una subjetiva de Sara. Mi objetivo era que ella volvía, con su mirada, a Isla Negra, a aquel lugar en el que ella fue tan feliz. Y hay otros momentos en que sí mostramos el dispositivo, que estamos nosotros grabando, porque me parece que también es muy bonito mostrar eso, el cómo se hizo, e integrar esas imágenes que nosotros podíamos registrar con las fotografías tomó.

Me pasó algo muy curioso. Yo había grabado su voz en off contando esa experiencia y ella en un momento dice que la casa (de Pablo Neruda), cuando la fue a ver muchos años después, le pareció más chiquita, que se había quedado con la imagen de las fotografías de ella que debían haber sido tomadas con un gran angular. Y a mí me pasó exactamente lo mismo. La imagen que yo tenía de la casa era la de las fotografías de Sara y me parecía que era mucho más grande. Esa experiencia me atravesó a mí también.

Sobre lo que estabas diciendo de las conversaciones con Sara, también me da la impresión de que lo que más quisiste rescatar en el documental son estos diálogos con ella. Hay pocos momentos en que no escuchamos su voz, entonces quiero saber si esta idea la tuviste desde un principio o fue una decisión en la edición al final.

Un poco y un poco. Cada documental tiene su forma y su estructura. Aquí me parecía que lo más valioso tenía que ver con una intimidad con Sara y la construcción de un vínculo con ella, y que en ese vínculo iba surgiendo todo una historia. La protagonista era ella. Por supuesto que tuve que dejar cosas afuera. Una a veces prevé algunas cuestiones en el hacer del documental y después, cuando la historia se completa en la sala de montaje, te das cuenta de que la historia empieza a tener relieves. Relieves que quizás no habías previsto en una hipótesis, pero que son contundentes a la hora de terminar de construir la historia en imágenes. Eso me sucedió. Con lo cual tuve que dejar fuera algunas cosas que había grabado y dejar que prevalezca el vínculo y la historia narrada en primera persona por la protagonista.

Esto al mismo tiempo es mi historia, en el sentido de que es mi mirada, mi mirada de ese acontecimiento. No digo que sea la verdad, sino unos acontecimientos en la vida de Sara, narrados en primera persona por Sara, desde la construcción de la mirada que pude hacer como directora y que ella además me permitió. No es algo que una hace sola, ni tampoco es la verdad, sino que es mi mirada.

Acerca de este sello de autor, en esta película hay momentos que están claramente marcados: Buenos Aires, Perón, la literatura, María Elena Walsh… Primero quería preguntarte por tu interés en la literatura y cómo crees que esto envuelve todos tus trabajos.

A mí siempre me interesó la literatura. Creo que Sara hizo una fusión entre literatura y fotografía extraordinaria que se concretó en el libro Retratos y autorretratos, que fue su primer libro de fotografía junto con Alicia D’amico. Casualmente es un libro que llegó a mis manos a los 18 años. Te voy a decir la verdad: me lo prestaron y no lo devolví. Y después yo lo presté y no me lo devolvieron. Fue justo. Y ese libro fue fundamento de este vínculo y tiene que ver con varias cosas; Una es que yo era una adolescente en ese momento, era el fin de la dictadura acá en la Argentina y el principio de la democracia. Entonces llega a mis manos un libro de fotografías de dos extraordinarias artistas; fotografías de los grandes escritores del boom latinoamericano y los escritores, al verse en las fotografías de Sara y Alicia, tenían que escribir un autorretrato. Los textos de esos escritores hablando de sí mismos a partir de las imágenes que habían tomado de ellos, y ella porque también estaba Silvina Ocampo, fueron extraordinarios. A mí me formó la literatura, la poesía y la fotografía.

Pero además Sara había creado en 1985 una fotogalería en un pasillo entre lo que es el Teatro San Martín en la calle Corrientes – de la ciudad de Buenos Aires – y el Centro Cultural San Martín, que estaba al otro lado de la calle Sarmiento. Estaban unidos por un pasillo. Ahí crea la Fotogalería San Martín, que ahora se llama Fotogalería Sara Facio. Y todos los jóvenes, y las personas grandes, todo el mundo, pasaba del Teatro al Centro en los albores de la nueva democracia. Pasando por el pasillo entendí que la fotografía era un arte.

Tanto la literatura como la fotografía me nutrieron muchísimo. En este caso están fusionados. Y en el caso de la película anterior es la fusión entre la literatura y el cine porque es la historia entre Julio Cortázar y el director Manuel Antín.

El otro punto que había mencionado como momento importante es que el documental lo terminaste con los retratos de María Elena Walsh. Claramente es algo que no podía quedar fuera, pero que también Sara siempre mantuvo con cierto resguardo ¿Cómo lo abordaron?

En el primer encuentro, cuando empezamos a trabajar, le pregunté cómo conoció a María Elena y ella me empieza a contar la anécdota que quedó después en la película: La conoce a través de un libro que su profesora de castellano del bachillerato en artes que ambas habían sido alumnas – María Elena era un poco más grande que ella –. Le llega el libro y se queda enamorada de la letrita. La letrita era la dedicatoria que María Elena le había hecho a su profesora. Entonces cuando ella me cuenta eso yo sentí que me dijo todo, porque a los 17 años, como tenía ella, quién no se ha enamorado de un gesto, de un detalle, de alguien.

El detalle de la letrita lo sentí muy profundamente. Lo sentí muy honesto, muy profundo, muy adolescente, muy hermoso, y dije: “Aquí está, ya me lo contó todo”. Después, a lo largo del tiempo ella se encontró con María Elena en distintos momentos de sus vidas porque Sara era fotoperiodista, pero además hacía las fotos de los teatros, de los artistas. Pero esto que me cuenta al principio para mí es un hilo conductor de la historia de amor que ella me lo transmite de manera muy profunda cuando estamos revisando las fotografías de María Elena. Fue un momento muy conmovedor. La entrevista sobre María Elena creo que fue la última que hice después de la pandemia. Ya habíamos estado casi dos años conversando y grabando, profundizando en las carpetas con los contactos de todas sus fotografías, de cada carpeta que ella iba abriendo y que para mí era todo un tesoro. La última carpeta que vimos juntas fue la carpeta con las fotografías de María Elena. Es un momento profundo que quedó plasmado en la película. Ella se queda mirando hacia sí misma, para adentro, y está viendo a María Elena.

¿Qué esperas del público trasandino en la exhibición del documental en StgoFoto?

Espero que vaya mucha gente. Esta es una oportunidad tan linda en un evento como es StgoFoto, no sólo espero que visiten la propuesta general que ofrece el festival, sino de visitar la delicadeza de este segmento dedicado al cine y la fotografía. Entonces que vayan, que recorran, que participen, y que puedan disfrutar de la película siendo afines a la fotografía y al cine, pero no necesariamente, porque mi película no está hecha para un público determinado, no está hecha para fotógrafos. Está hecha para seres humanos.

En la película hay un grupo de jóvenes que están representado mi propia historia cuando descubrí el libro Retratos y autorretratos, que lo veíamos en grupo y estábamos fascinados todos, y leíamos y mirábamos. Yo quise recrear esa situación. Pero además es el presente – futuro. Yo creo que las obras de arte se realizan en un contexto, pero trascienden ese contexto. Creo que la fotografía de Sara trasciende su propia historia. Por eso viene gente muy joven también y que no necesariamente tienen que ver con la fotografía. Todos estamos atravesados por la fotografía; todos estamos atravesadísimos por la imagen.

Espero que la película pueda llegar de esa manera, que la disfruten, que se puedan emocionar, que puedan pensar, y que además conversen también. Como dice Lucrecia Martel, que las películas que a ella le gusta hacer son las que la gente entra y después sale conversando sobre la película.

Ficha técnica

Título: Sara Facio. Haber estado ahí

Dirección: Cinthia Rajschmir

País: Argentina

Año: 2023

Duración: 70 minutos

Coordenadas:

StgoFoto

Sábado 1 de agosto

18:00hrs

Cineteca Nacional

Centro Cultural La Moneda

Plaza de la Ciudadanía 26, Santiago

Acceso gratuito, previa descarga de

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