Por Carola Cares
Las historias, sobre todo las clásicas, siempre vuelven. Lo vemos en los libros, en el cine, en el teatro. Sobre todo en el teatro. A veces regresan simplemente para ser contadas otra vez; otras, para formular nuevas preguntas desde el presente. Not-Antígona, el último estreno de la compañía Zudamerican Theatre, primero cuestiona por qué y para qué seguir montando clásicos y qué tiene que decirle a Latinoamérica una historia importada desde Europa. Desde ahí teje una puesta en escena que sitúa el texto clásico en nuestra realidad continental de desapariciones forzadas y de Estados en deuda con la justicia.
Not-Antígona, escrita y dirigida por Sebastián Squella, presenta dos historias que se hilvanan en paralelo: por una parte, una funcionaria del Estado (Amelia Barrés) debe informarle a la ciudadanía sobre el cierre del Plan de Búsqueda luego de la Gran Guerra; para lo que llama a su ex pareja (Noel Sain-Jean) para ayudarla a preparar un discurso, y con quien deberá volver a enfrentarse a aquello que quedó pendiente entre ambas. Junto a ellas aparece una secretaria interpretada por Belén Zambeat, figura que funciona como un puente entre las dos mujeres y entre las distintas dimensiones que propone la obra.
El desmontaje del clásico no ocurre solo en el texto. La escenografía –a cargo de Javier Pavez– también se desmonta. El muro de una oficina se convierte en el rostro de un dios, en un sitio de excavación en el desierto, en la tumba de un desaparecido. Si en Antígona, la protagonista lucha por dar sepultura a su hermano, en Not-Antígona el conflicto se desplaza hacia un territorio aún más doloroso: los muertos ya no serán encontrados ni enterrados con su nombre. La maldición cae sobre New Tebas, un pueblo que puede ser cualquiera en Latinoamérica. Por ejemplo, durante el último Mundial de Fútbol, el pueblo mexicano le recordó al mundo que en su país hay 135 mil desaparecidos. Las dictaduras en Chile, Argentina y Uruguay dejaron, por su parte, un legado de otros tantos miles. De ahí el cuestionamiento sobre hablar de muertos ajenos teniendo nuestros propios duelos que, en muchos casos, ni siquiera han podido comenzar.
Antígona, por otro lado, nunca aparece como personaje, sino que está presente como una idea que atraviesa todo el montaje y que encuentra en los personajes, que encarna Belén Zambeat, una de sus expresiones más potentes. Es, por momentos, una fanática religiosa; pero también una voz que cuestiona la falta de justicia, el olvido y la pérdida de la noción de pueblo. En ella aparece una advertencia: cuando una comunidad deja de reconocerse como tal y renuncia a recordar a sus muertos, las condiciones que hicieron posible la violencia pueden volver a repetirse. La actuación de Zambeat destaca porque no busca representar literalmente a Antígona, sino encarnar aquello que permanece de ella: la resistencia frente al poder, la necesidad de nombrar a los muertos y la insistencia en que una sociedad no puede construir su futuro sobre aquello que decide olvidar.
En la obra, la necesidad de cerrar ciclos aparece, además, en un lugar íntimo en la relación entre las dos protagonistas: ambas logran tener una “escena de discusión” donde articulan las últimas palabras que les permitirán cerrar su relación. Una trama que pareciera ser secundaria, encuentra en el final una reflexión contemporánea sobre el duelo amoroso, el que necesita de un lenguaje y de un reconocimiento para poder existir.
Not-Antígona pone sobre la mesa una pregunta incómoda para nuestra historia reciente: ¿Qué ocurre cuando quienes buscaban justicia envejecen y mueren antes de encontrarla? La cita a Luisa Toledo, fallecida en 2021 y convertida en uno de los símbolos de la lucha por los derechos humanos, resuena desde esa ausencia. La justicia puede llegar demasiado tarde o simplemente no alcanzar a llegar, y entonces la pregunta vuelve al público ¿Quién seguirá buscando después?
La obra logra desmontar el clásico para recordarnos que en nuestra realidad latinoamericana tenemos suficiente historia para montar nuestras propias tragedias.
Ficha técnica
Título: Not-Antígona
Dirección y Dramaturgia: Sebastián Squella Chávez
Elenco: Noel Saint-Jean Maucher, Belén Zambeat Meneses, Amelia Barrés Valdivieso
Producción: Macarena Valdivieso Tapia
Diseño Integral: Javier Pávez Zúñiga
Diseño Sonoro: Camilo Venegas Toledo
Compañía: Zudamerican Theatre
Coordenadas
Del 20 al 30 de agosto.
Miércoles a viernes 20:00 h; sábado y domingo 19:00 h.
Espacio Patricio Bunster
Centro Cultural M100
General: $7.000 / Est., y 3ra edad: $5.000/ Jueves popular: $5.000
Duración: 80 minutos
Desde los 14 años.
Venta de entradas en Ticketplus.
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