Crítica de danza “Voces”: Una experiencia ensordecedora y mágica a la vez

Por Florencia Ponce Allende

El reestreno de la obra Voces del coreógrafo británico Ihstan Rustem, nos recuerda la excelente capacidad de interpretación y expresión del actual Ballet Nacional Chileno. Y es que en aproximadamente una hora logran llevar al público en un viaje intrincado por las vicisitudes de nuestra realidad, que aún pasado ocho años desde su estreno original, siguen persiguiéndonos a día de hoy.

Con un ritmo oscilante y cambiante, desde un principio como espectadores nos vemos sumidos en un mundo en que el sonido, los ruidos y las voces son clave para entenderlo y navegarlo, aunque en muchas ocasiones el hilo conductor se enrede, se corte y se vuelva a anudar. Cuando hablo de voces, me refiero a todo aquello que expresa y comunica. Y es que a través de sus propios códigos y lenguajes los bailarines generan conversaciones y monólogos entre ellos durante toda la función. Mostrándonos la forma en la que como sociedad nos expresamos frente a la vida y frente a otros, a veces hablamos al unísono, a veces solo unos pocos nos acompañan y nos escuchan, otras simplemente hablamos todos cosas diferentes, cual torre de babel, sin comprendernos en absoluto.

Esto último lo pude observar patentemente una vez fuera del teatro. Escuchando, al principio sin querer, la conversación de una pareja de espectadores, oí que uno de los interlocutores decía algo como: “no creo que la palabra sea necesaria en un espectáculo de danza…” y la verdad es que esto me quedo dando vueltas un largo rato. En un momento crucial de la obra, los bailarines, como nunca o como casi nunca, son convocados a usar la palabra hablada para dirigirse a nosotros. Esto, además de sorprendernos o darnos un momento de alivio cómico luego de la intensidad vivida previamente, también nos pone en jaque, ya que nos interpela cuestionándonos si durante los últimos cuarenta y cinco minutos hemos puesto atención, hemos querido escuchar lo que nos llevan diciendo en su propia lengua. O si bien, simplemente los queremos ver, desde un sentido de belleza desprovisto de una dosis, a veces necesaria, de estética crítica o incluso, por qué no, política. Y es que, a través de este gesto, nos damos cuenta de lo incomodo que nos resulta a veces escuchar lo que el otro piensa. Nos incomoda profundamente ser capaces de escuchar lo que un bailarín piensa mientras baila, sobre todo si, como en este caso, es disruptivo y carece de esa intensidad “profunda” de las “artes prodigiosas”.

Por otra parte, es destacable la forma en que Rustem crea una pieza con la capacidad de potenciar y enmarcar las individualidades estilísticas y de movimiento de cada interprete, llevándolos incluso a ciertos límites, desnudándolos y sacándolos de sus zonas de confort, con tal de salir de la idea de la idea de cuerpo de baile. En este caso nos enfrentamos a individuos conectando y desconectando los unos de los otros constantemente, a su propio ritmo y  con sus propios miedos, dando vuelta el espejo hacia nosotros, entregándonos una radiografía de nuestra sociedad actual.

En esta atmósfera ensordecedora de los ruidos y susurros que los intérpretes comunican a través del movimiento, y sus voces, es que nos encontramos con una belleza de puesta en escena, que marca un nivel artístico que no deja de calar profundo en un espectador atento. La calidad impresionante de intérpretes en escena, en conjunto con un impecable diseño de iluminación realizado por Andrés Poirot, nos demuestra una genialidad a la hora de construir cuadros con imágenes potentes e inolvidables que dejan huella en la retina, y realmente, en el cuerpo entero.

Me encantaría poder decir mucho más, sin embargo, felizmente esta experiencia nos permite salir de la sala, con más preguntas que certezas, que funcionan como una reactualización de la obra vista, una y otra vez durante nuestro cotidiano: ¿Cómo resuena mi voz en el espacio que habito? ¿Cuánto y cómo lo digo? ¿Qué callo?

Ficha Técnica

Título: Voces

Coreografía: Ihsan Rustem

Reposición: Laura Fernández

Diseño de iluminación: Andrés Poirot

Diseño de vestuario: Carolina Vergara

Música: Scanner, David Lang, Coil & Black Sun Productions, The Antlers, Giovanni Battista, Wolfgang Amadeus Mozart.

Compañía: Ballet Nacional Chileno

Coordenadas

4,5 y 6 de septiembre, 20:00hrs

Teatro Universidad de Chile

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