Por Patricio Robles
Entrevistamos al director, autor y actor de Sismo Juan Pablo Corvalán, obra del Colectivo Artístico Circo Virtual. La obra es una creación que cruza circo contemporáneo, teatro, música, tecnología y movimiento para preguntarse qué ocurre realmente cuando la tierra tiembla. La obra se presenta en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) entre el 28 de agosto y el 6 de septiembre.
En escena, un expedicionista intenta comprender los sismos y las capas de la Tierra. Sin embargo, la investigación comienza a expandirse más allá de lo geológico: el movimiento aparece también en el cuerpo, los recuerdos y las emociones. Pelotas de rebote, una batería intervenida, una gran tela, iluminación y sonido construyen un espacio en permanente transformación.
La creación cuenta con la co-dramaturgia y mirada externa de Ana Harcha Cortés, la asesoría científica de Sergio León y un equipo encargado de desarrollar la música, el sonido, la iluminación y los dispositivos escénicos. El montaje fue construido mediante residencias y procesos de investigación en distintos espacios, entre ellos GAM, Festival Cielos del Infinito y CRTIC.
Conversamos con Juan Pablo Corvalán sobre el origen de Sismo, la investigación científica detrás de la obra, la construcción del expedicionista y la búsqueda por entender el temblor más allá de un terremoto.
¿Cómo nace Sismo y en qué momento aparece la idea de trabajar los movimientos telúricos desde el circo contemporáneo?
La idea nace hace unos dos años, quizás un poco antes. Cuando apareció la postulación al fondo, yo estaba pensando en varias cosas que me daban curiosidad. Una era cómo trabajar con la naturaleza. El trabajo anterior hablaba sobre el ocio y sobre lo existencialista del juego, que son temas recurrentes en la compañía. En este caso me venía preguntando cómo trabajar con la naturaleza y también cómo aportar, humildemente, con una obra hacia nuestra sociedad. Quería presentar una obra que fuera profunda, pero también lúdica.
Ahí apareció la idea del sismo y de las capas tectónicas. Empecé con la pregunta: ¿Qué es un sismo? Después vino la pregunta de cómo trabajarlo. Así parten generalmente las ideas de la compañía: planteo algo y después intento darle vueltas hasta que sea suficientemente denso como para que nos pueda mantener durante dos años entusiasmados. Ahí también pensé en las pelotas de rebote como elemento circense, porque mi elemento es la manipulación de objetos.
¿La relación entre las pelotas y el sismo estuvo presente desde el comienzo?
Había dos cosas. Por un lado, estaba mi interés temático por hacer una obra que te movilizara y trabajar con la naturaleza. Después tenía que encontrar desde dónde agarrarme de esa naturaleza. Justo estábamos compartiendo una residencia en NAVE con Constanza Alarcón, que trabaja con las placas tectónicas desde la danza y el arte visual. Conversando con ella empecé a mirar las capas de la Tierra. Después pensé: nosotros también somos capas como seres humanos. Y aparecieron las pelotas, que yo venía trabajando hace tiempo. Las pelotas rebotan y vibran. Ahí encontré una relación que me permitía llevar concretamente todo eso hacia una obra.
Como chileno, ¿tienes alguna relación personal con los sismos o alguna experiencia que haya marcado la creación?
No hay algo particular que me haya marcado. Como chileno, obviamente, existe una relación con los sismos. También mi hermana trabaja con volcanes a nivel de ilustración y yo soy artista asociado de Cuerpo Sur, entonces venía mirando un poco la naturaleza desde distintos lugares. Pero sí tengo un tema con las capas. Pienso en las capas del ser humano: somos compuestos de capas, somos compuestos de memoria. Esa comparación me parecía muy similar a las capas tectónicas, las capas de la Tierra y las capas de la historia. Ahí apareció la posibilidad de que un sismo no fuera solamente algo geológico, sino algo transversal.
La obra comienza planteando una pregunta: ¿Qué es lo que realmente se mueve cuando tiembla la tierra? ¿Qué encontraron al intentar responderla?
Primero encontramos la posibilidad de hablar de muchas cosas. Hicimos una investigación durante residencias de Cielos del Infinito, en Punta Arenas, Puerto Natales y Puerto Williams, donde hablamos con glaciólogos, sismólogos y geólogos. Nos contaron sobre Pangea, sobre cómo se separaron los continentes, sobre los glaciares y sobre muchas cosas de la sismología que nosotros no conocíamos. Eso era información muy científica.
Después queríamos saber qué ocurría cuando llevábamos todo eso hacia nosotros. Cuando alguien está enojado, cuando un niño se enoja, cuando alguien se enamora o cuando tienes un susto, uno vibra. Eso también podía ser un sismo. Por eso finalmente la obra mantuvo el nombre Sismo. Muchas cosas pueden ser un sismo. Una declaración de amor puede ser un sismo, mirar a alguien a los ojos y sentir esa vibración puede ser un sismo, estar a punto de morir también puede serlo. Además, en la naturaleza existen pequeños y grandes temblores. Los glaciares también producen sismos. Entonces apareció todo un universo mucho más grande.
La obra contó con la asesoría científica de Sergio León. ¿Cómo seleccionaron los elementos científicos para incorporar y para dejar fuera?
Fue una serie de conversaciones. Con Sergio tuvimos tres o cuatro reuniones y también fuimos a ver una exposición llamada Herencia Sísmica, en la que él había trabajado como asesor. Empezamos a estudiar los sismos y fuimos seleccionando distintas cosas que nos interesaban. Después las juntábamos con aquello que también nos interesaba escénicamente. Hay una particularidad importante en nuestro proceso: construimos la dramaturgia mientras hacemos la obra. No existe una obra previamente escrita. Existía una escaleta, una serie de escenas que yo había propuesto como ideas, y después junto con Ana Harcha fuimos llenando esos espacios.
Al principio había muchos datos. Yo decía que no quería hablar principalmente de los desastres relacionados con las personas ni de prevención de riesgos, porque es lo más clásico cuando se habla de sismos en un país como Chile. Me interesaban otras cosas: los animales, los insectos, los glaciares, otras especies. Quería salir un poco de una mirada exclusivamente antropocéntrica. Sergio también fue a algunos ensayos. Una vez vio que tirábamos las pelotas contra la tela y nos dijo que aquello le recordaba las réplicas de los sismos. Para nosotros no era literalmente eso, pero gracias a su mirada descubrimos otra lectura. Para un sismólogo podía significar algo diferente a lo que veía otra persona.
En escena interpretas a un expedicionista que intenta comprender las capas de la Tierra. ¿Cómo apareció ese personaje?
Al comienzo estaba la idea del narrador. Era como yo, en cierto sentido, pero también contenía las voces de todo el equipo. Yo guiaba, pero funcionaba más como un performer y todavía no teníamos claro si existiría realmente un personaje. Después sentimos que, para la dramaturgia, para hacerla más lúdica y poder cambiar más, necesitábamos un personaje. Entonces apareció este excursionista, sismólogo o vulcanólogo. También fueron importantes algunas películas de Werner Herzog. Hay documentales relacionados con vulcanólogos que yo tenía dando vueltas porque me encanta Herzog. De hecho, La conquista del inútil, nuestra obra anterior, toma su título de un libro de Herzog. El excursionista me parecía entretenido y además me permitía resolver mi lugar como intérprete. Fuimos probando mucho. Hicimos muchas aperturas de proceso y hace tiempo me interesa trabajar a través de residencias. Es una forma de ir haciendo la obra y, al mismo tiempo, escucharla. Yo creo que cerca del 70% de lo que existe finalmente en escena apareció gracias a esa investigación.
Además de protagonizarla, eres director y dramaturgo. ¿Cómo trabajas desde esos tres lugares simultáneamente?
Es algo que hacemos hace unos diez años. Yo tengo una idea, la llevo a escena y muchas veces me imagino dentro de esa idea. Pero trabajamos mucho como equipo. Ana Harcha, por ejemplo, trabaja conmigo desde aproximadamente 2016. Hemos hecho juntos Especulaciones sobre lo humano, La conquista del inútil y ahora Sismo. Ella es co-dramaturga y también realiza una mirada externa. En el circo, sobre todo en Europa, se utiliza bastante ese rol: alguien que aparece periódicamente y observa si realmente estás haciendo aquello que quieres hacer como director. Con Ana también trabajamos desde la idea de que todas las obras tienen dramaturgia. Esta obra tiene texto, pero las anteriores tenían muy poco. Incluso cuando no hay texto existe escritura: cómo comienza la obra, cómo aparece una acción o cómo se mueve algo también es dramaturgia.
En cuanto a la interpretación, cuando soy narrador soy Juan Pablo, aunque con ciertas características más marcadas. El excursionista es un poco más personaje, pero igualmente soy yo. Es como un gran juego donde todo se revela. El público ve cómo se mueve la tela, cómo caen las pelotas. Se ve la magia. No queremos esconderla.
La música y el sonido tienen una presencia muy fuerte en Sismo. ¿Cómo construyeron ese paisaje sonoro?
Tiene que ver directamente con la idea del sismo. Queríamos sentir un sismo y pensar cómo podría existir un diseño sonoro que reflejara eso. La pregunta era cómo hacer que durante una hora se sintiera la experiencia de estar dentro de un sismo. Una cosa es escuchar un terremoto, escuchar cómo se mueven los vasos dentro de una casa. Otra es preguntarse cómo suena la naturaleza, cómo aparece la vibración. También teníamos que trabajar las dos voces, el excursionista, el narrador, el walkie-talkie y aprovechar la batería, porque en escena tenemos dos baterías partidas.
La dirección musical es de Alejandra Muñoz, con quien ya habíamos trabajado antes; Gaspar Duclos trabaja en el sonido y el diseño espacial; y Marcelo Troncoso es músico e intérprete en escena. Aunque existen roles definidos, trabajamos todos juntos en la creación. Conversamos horizontalmente y después, cuando había que tomar una decisión, alguien tenía que hacerlo.
La obra pasó por diferentes residencias antes de llegar al GAM. ¿Cuánto cambió durante ese proceso?
Casi todo lo importante quedó, pero algunas cosas se fueron. Por ejemplo, hicimos una residencia en CRTIC porque originalmente el proyecto buscaba que las pelotas, cuando golpearan, activaran videos o sonidos. Nos dimos cuenta de que era muy difícil o que requería un trabajo técnico muy específico. No teníamos tiempo para desarrollar completamente esa tecnología y, al mismo tiempo, construir una obra para este año. Las residencias fueron muy importantes. También hicimos dos residencias en GAM. Ya lo habíamos hecho con La conquista del inútil y ahora lo repetimos con Sismo, que finalmente se transformó formalmente en una coproducción con GAM. Los distintos espacios nos entregaban infraestructura y nosotros poníamos nuestros recursos gracias al fondo. Sin ese tiempo para trabajar, la obra probablemente habría sido muy distinta.
Después de estas primeras funciones, ¿Cómo ha sido la respuesta del público, especialmente de los niños?
Ha sido muy interesante. Han ido hartos niños y eso fue genial. Después de una función, muchos se metieron a jugar con todas las pelotas de tenis. Había más movimiento en la sala y se reían en momentos en que un adulto probablemente no se habría reído. Nosotros queríamos un público familiar, pero no sabíamos realmente cómo iba a funcionar. Nos dimos cuenta de que quizás un adulto se asusta en algunas partes o interpreta algunas cosas como más densas, porque tenemos un capital cultural e histórico que hace que las veamos de cierta manera. Los niños ven otras cosas. Ven las caídas, los ruidos, los sonidos, la música, las pelotas saltando, el caos. Incluso se acercaban al humo. Su aproximación es distinta.
¿Qué esperan que ocurra con el espectador después de terminar la obra? ¿Quieren que salga con alguna idea o respuesta?
Tenemos esa pregunta porque nosotros tampoco sabemos exactamente qué es un sismo.Lo interesante es la respuesta de cada persona. Para mí, el objetivo sería que alguien salga pensando que un sismo es más de lo que había pensado antes.
¿Y qué significa para ti un sismo?
Ya no puedo pensarlo solamente como el terremoto clásico. Para mí es la capacidad de estar vivo, un poco. El sismo es una forma de darte cuenta de que estás vivo. Si compartes un buen momento con alguien, vibras. Si tienes un susto, vibras. Si te enamoras, vibras. Entonces, para mí, el sismo terminó siendo una forma de estar vivo.
Ficha técnica
Título: Sismo
Dirección, dramaturgia e interpretación: Juan Pablo Corvalán
Asesoría teórica, co-dramaturgia y mirada externa: Ana Harcha Cortés
Asesoría científica: Sergio León
Dirección musical, creación y composición: Alejandra Muñoz
Creación musical y músico en escena: Marcelo Troncoso
Creación musical y sonido: Gaspar Duclos
Dirección de arte: Katiuska Valenzuela
Diseño multimedia: Cristian Canto Diseño
Iluminación: Ignacio Trujillo
Diseño y desarrollo de dispositivo escénico: Juan Pablo Corvalán y Marcelo Troncoso
Producción general: Mila Casanova
Gestión: Andrea Serrano
Gestión internacional: Luis Guenel
Registro audiovisual y fotográfico: Bastián Yurisch
Comunicaciones: Pilar Higuera Valenci
Coproducción: Festival Cielos del Infinito, GAM, Fundación Santiago Off, Circo Virtual y Espacio Checoeslovaquia.
Coordenadas:
Del 28 de agosto al 6 de septiembre de 2026 en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Sala N1, Edificio B, piso 2 — Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago.
Jueves y viernes, a las 19:00 horas. Sábados y domingos, a las 17:00 horas. Función distendida: 6 de septiembre. Duración: 60 minutos. Recomendada para mayores de 12 años.
Entradas: A la venta a través del sistema Ticketplus. Comprar entradas para Sismo
Valores de las entradas: General: $9.000. Personas mayores, estudiantes, personas cuidadoras y personas con discapacidad: $6.300. Entrada general los viernes: $5.850. Valores sin cargo por servicio.
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