Por Marisol Aguila Bettancourt
«Tú no sabes nada, yo no sé nada, nadie sabe nada», le dice enfática una abuela (Paulina Urrutia) a su nieta Inés de 9 años (interpretada con gran naturalidad por la pequeña Maya O’Rourke), cuando se investiga la desaparición de una joven esquiadora alemana alojada en un remoto hotel invernal en El Deshielo (2026), la ficción representante de Chile a los premios Oscar, con la concienzuda y cuidada dirección de la directora nacional Manuela Martelli.
Son los años noventa en plena transición a la democracia y Chile se muestra al mundo en el stand de la Exposición Universal de Sevilla ’92, como un gélido iceberg extraído del territorio antártico chileno, trasladado a Europa en barco y mantenido con un sistema de refrigeración a diez grados bajo cero para que no se derrita. Los padres de Inés son parte de la delegación chilena a este encuentro mundial, por lo que junto a sus hermanos y primos está al cuidado de sus abuelos en el hotel.
El Deshielo es la segunda parte de un tríptico histórico realizado por Martelli y protagonizado por mujeres, que en su primera entrega –1976, del año 2022- aborda la dictadura desde el punto de vista de una mujer acomodada, que se ve involucrada en situaciones inesperadas de persecución política por cuidar a una persona a petición de un sacerdote. Mientras, en la película de 2026 que nos representará ante la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, es una niña la que en el período histórico posterior irá perdiendo la inocencia y comenzando a mentir sobre el caso de su amiga, en un contexto donde persisten los pactos de silencio, en este caso, al interior de la familia.
La maestría de Martelli se expresa en trasladar a la cotidianidad de los vínculos afectivos y familiares, aspectos que reflejan la gran historia o conflictos políticos de una época, encarnados en historias más pequeñas. En el caso de Carmen (Aline Küppenheim) en 1976, ópera prima de Martelli, la dictadura es mirada desde lo doméstico, desde el lugar de una mujer privilegiada que se ve enfrentada a la brutal realidad de abusos del régimen, que su entorno familiar y de clase prefiere no ver.
En El Deshielo, el espíritu de la época de la transición política de la dictadura a la democracia se manifiesta en el congelamiento de lo que la clase política prefirió no abordar y terminó administrando el mismo modelo económico y constitucional del régimen autoritario. Es la figura de la desaparición de la joven esquiadora alemana, la que no requiere estar vinculada a razones políticas para que desencadene la misma lógica que si lo estuviera: se impone el silencio. «Tú no sabes nada, yo no sé nada, nadie sabe nada».
A pesar de las advertencias de su abuela, la curiosa Inés se hace amiga de los huéspedes y se mete en sus habitaciones, buscando compañía ante la ausencia de sus padres, tal como lo hace con las empleadas del hotel. Es así que acompaña los días de la esquiadora Hanna (Maia Rae Domagala) cuando no está entrenando como parte del equipo de alto rendimiento de esquí alemán, cuyo padre vivía «en un país que ya no existe» (Alemania Oriental o RDA). A pesar de la diferencia de edad -una es niña y la otra, adolescente-, Inés actúa como traductora de Hanna (la película está hablada principalmente en inglés y también en castellano y alemán) y la acerca a la idiosincrasia chilena, en que un grupo de jóvenes la introduce en la «piscola» como «chilean typical drink».
Es interesante cómo los ojos inocentes y esperanzados de una niña (Inés) son equiparables a la juventud de nuestra democracia, que ofrecía promesas de igualdad, justicia y progreso propias de la modernidad que terminó por incumplir. Aunque Inés sabía más, había visto situaciones previas a la desaparición de Hanna que podrían explicarla y se había apropiado de su diario de vida, se ve influida por los adultos (el stablishment, el antiguo régimen, la oligarquía, lo que permanece por defecto) para callar, al punto de inventarse una historia y un discurso en su cabeza, que explicaría la supuesta partida de su amiga.
Como suele ocurrir cuando mujeres con conciencia de género hacen películas, en El Deshielo Manuela Martelli no sólo plantea protagónicos femeninos con agencia y que toman decisiones, sino que expone situaciones de discriminación o trato despectivo hacia ellas, como cuando califican a Hanna como «una niñita conflictiva», consideran que ella se lo buscó o la policía descalifica los intentos de su madre por sumarse a su búsqueda en las montañas.
A nivel técnico, la notable fotografía de El Deshielo del chileno Benjamín Echazarreta plantea un intenso contraste entre las parkas de invierno verdes y rojas de las niñas, que resaltan en el blanco de la nieve invernal, que se expresa en la inmensidad de un paisaje aislado y gélido. Es impresionante cómo el blanco se despliega en una paleta de colores tan amplia y variada del paraje cordillerano, que no sabíamos que existía. Asimismo, la textura de la imagen de la época y las imágenes de archivo del hito del iceberg, nos trasladan a otro momento político donde permanecían congelados aspectos que el tiempo terminó por derretir.
No deja de ser simbólico que la película elegida por los miembros de la Academia de Cine de Chile para representar al país en la sección internacional de los premios Oscar -además de considerar las ventajas de distribución a nivel global que representa esta ficción (estará presente en 21 países)- venga a interrogar a la transición a la democracia en los años noventa, justo cuando los acuerdos civilizatorios que creíamos haber alcanzado como sociedad estén puestos en cuestión a nivel nacional y global.
La reflexión sobre la identidad nacional que consensuamos en algún momento y que pareciera haberse licuado, encuentra en El Deshielo de Manuela Martelli -primera directora chilena en competir en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes- una interesante capa que podría generar un necesario debate político y social sobre el Chile que queríamos ser y parece que olvidamos anhelar.
Ficha técnica:
Título original: El deshielo
Título internacional: The Meltdown
Dirección y guion: Manuela Martelli
Países de coproducción: Chile, Estados Unidos, España y México
Duración: 100 minutos
Elenco: Maya O’Rourke, Saskia Rosendahl, Maia Domagala,
Jakub Gierszal, Paulina Urrutia, Mauricio Pesutic, Lautaro Cantillana Teke, Paula Zúñiga, Roberto Farías,
Luis Uribe, Daniela Pino, Marcela Salinas, Victoria Giesen Carvajal, Rodrigo Velasco, Santiago Cantillana, Moisés Angulo, Alonso Torres, Alejandra Paredes
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Montaje: Yibran Asuad
Dirección de arte: Francisca Correa, Nohemí Rodríguez
Sonido: Federico González Jordán, Javier Umpierrez
Música: Maria Portugal
Productoras: Ronda Cine (Chile), Cinema Inutile (EE.UU), Wood Producciones (Chile), Elástica Films (España), Piano (México) y Fundación Río (Chile).
Distribuidoras: El Camino Pictures y Cinecolor
Fecha de estreno: 3 de septiembre
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UN PLACER ,LEERLOS
Interesante y completo análisis de la película «El DESHIELO». Iré a verla, hay que apoyar el cine chileno.