Crítica literaria “La vida breve”: «La vida está hecha de malos entendidos. Fuera de esto, nada»

Por Paulo Adriazola Brandt

¿Qué razón habría para que alguien lea esta novela?

Si coincidimos en que la realidad está teñida por una cuota relevante de ficción, que nada existe sino cómo lo interpretamos, y que para sobrevivir en esta realidad estática y aburrida, debe intervenir la creatividad para hacernos la vida más llevadera, entonces celebraremos que el protagonista de La vida breve, Juan María Brausen, un hombre melancólico que trabaja en una agencia de publicidad donde le piden que haga un guion de cine, ese personaje considera que la manera más fácil para tener una buena vida, es dejar que la ficción penetre en la realidad de manera sostenida y sin concesiones. Poco a poco las “personas” se transforman en personajes, y ocupan un lugar en la trama que discurre en la mente de Brausen, como una película que no se detiene, y él mismo va situándose en el rol de Diaz Grey, el médico inventado para la ciudad de Santa María, recién fundada por la imaginación de Brausen. Y para conocer a su vecina, la Queca, inventa a Arce, un hombre violento y despechado. Y estas historia se cruzan una y otra vez hasta difuminarse los límites entre la realidad y la ficción. En consecuencia, leer esta novela será un viaje hermoso por ese constante sustituir ficción por la realidad, y también creer que esa ficción es tan real como acariciar una flor.

¿Por qué Santa María es una ciudad peculiar?

Muy conocido es Macondo. Conocido también es Comala. Y algo menos, Yoknapatawpha. Todas ellas creaciones brillantes de escritores igualmente extraordinarios, donde se desarrollaron sus ficciones más atrevidas, en un marco de realidad que las encuadraba, para que el lector se viera más fácilmente reflejado en un pueblo que puede ser el suyo, en su niñez. Pero Santa María no nace de la misma manera, sino que es inventada por el protagonista de la novela, Brausen. Es él quien la va construyendo lentamente a medida que su imaginación se despliega, y en ese lugar, vecino de una colonia alemana, los personajes se asientan, los edificios y las casas crecen sin orden, para que las siguientes historias de Onetti se desarrollen en Santa María, cuyo fundador, todos los habitantes lo saben, fue Brausen. Es decir, la ficción dentro de la ficción, modernidad pura, en una novela publicada en 1950, precedida por historias costumbristas, indigenistas, valiosas todas, pero desprovistas de la compleja realidad de la certeza por la muerte de Dios. Y lo peculiar, lo realmente creativo, es que Brausen decide refugiarse para siempre en su Santa María, cuando decide ayudar a escapar a Ernesto, el supuesto asesino de Queca.

¿Existe el amor romántico en esta novela?

Depende de qué imagen tengamos, o que concepto aceptemos acerca del amor romántico, que sin dudarlo ha sido transformado profundamente por el capitalismo, al punto que ya son indistinguibles, porque no hay amor romántico verdadero que no se desarrolle en una idílica playa, o que no se exprese en festivas celebraciones y se exponga una y otra vez. Ese amor tergiversado y exigente no forma parte de esta novela, sino otro más visceral y comprometido, como el de Brausen que cuida a Gertrudis, su pareja, luego de sufrir una mastectomía; o el recuerdo inmaculado que aquél mantiene de su relación con Raquel, su anterior novia, incluso cuando ella lo visita para aclarar que ese romance fue un error y mostrarle su embarazo de pocos meses; tal vez el amor incondicional de Lagos hacia Elena, una mujer adicta a la morfina, la cuida, y comprende, al mismo tiempo, la irracionalidad que la unió a un gigolo que no buscaba dinero a través de sus engaños, sino solo el placer de seducirla; y quizás el Brausen convertido en Arce, cuando visita a Queca, una mezcla de puro erotismo, perversión y engaños, en una relación en que se va olvidando, por tantos malentendidos, la razón de porqué se siguen aceptando.

¿Hay belleza en esta novela?

Por supuesto, y en abundancia, pero hecha de lenguaje, de palabras que nos trasladan a bellas metáforas, pensamientos lúcidos, sentencias bien construidas, admirables, sorpresivas reflexiones que desafían nuestro intelecto y que nos maravillan por la resonancia que puede lograr el lenguaje, arma primordial en el éxito de nuestra civilización. Así por ejemplo, cuando describe un rostro sinuoso y particular, dice el narrador: “las curvas de la boca, trabajadas por el tiempo y el hastío”. O la descripción desde el balcón del departamento de Queca: “la noche extensa, casi sin ruidos; del otro lado, el silencio inflexible, tenebroso, del departamento vecino”. Y por último, la fatal honestidad de una relación herida: “me hago cargo de que no nos entendamos del todo, y de que será necesario rellenar muchas distancias, con olvidos y buena voluntad”.

¿Quién es el autor?

El autor es Juan Carlos Onetti (1909 – 1994), uruguayo, que residió los últimos años de su vida en Madrid, en un autoexilio. Escritor de grandes novelas como El astillero o Juntacadáveres, asi como de brillantes novelas cortas, algunas como Los adioses o Tan triste como ella, y sin dejar de mencionar sus cuentos, entre ellos, Un sueño realizado o Bienvenido, Bob. Sin embargo su trayectoria literaria estuvo marcada por las insatisfacciones y el escaso reconocimiento. Uno de sus relatos obtuvo el primer lugar en el concurso de cuentos del periódico La Prensa, pero junto a otros nueve participantes. Luego, ganó el primer lugar del concurso de cuentos del diario Marcha, pero junto a otros tres participantes. Después, su novela Tiempo de abrazar, fue seleccionada para concursar en el Rinhart y Farrar de Nueva York, pero junto a otras seis novelas. En su discurso al recibir el Premio Cervantes, único galardón en su vida, dijo que le sorprendía ese premio, ya que “estaba acostumbrado a ser un perdedor sistemático, un permanente segundón”. Sin duda, es el mejor escritor uruguayo del siglo XX, y para mí, sin lugar a duda, es el mejor escritor latinoamericano.

Ficha técnica

Título: La vida breve

Autor: Juan Carlos Onetti

Novela

Editorial: Editorial Sudamericana

Año:1977                    

Páginas: 308

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