Crítica de cine “Resident Evil: noche cero”: Sobrevivir a la ironía

Por Alvaro Guerrero 

Zach Cregger es un cineasta cuyas dos primeras películas sostenían en buena medida su atractivo en una estructura narrativa fragmentada: para el caso de Barbarian (2022) en partes temporalmente separadas, y en Weapons (2025) a través de una construcción dramática de los hechos presentada desde distintos puntos de vista. Ahora el talentoso director toma una antigua franquicia de películas adaptadas desde un videojuego y firma una historia contada, por primera vez, de forma lineal.

Resident Evil: noche cero es una película apocalíptica que inicia con un viejo tópico en este subgénero: el hospital, el ambiente aséptico previo a la contaminación. Pero solo es un par de instantes antes de que el único protagonista, Bryan (Austin Abrams), un joven que trabaja trasladando material médico sensible como “delivery”, inicie una odisea obviamente inesperada, y que se va a dividir entre escenarios opuestos, con la naturaleza invernal más aislada por una parte, y la gran ciudad moderna convertida en un teatro del infierno, por otra.

El primer tramo va tejiendo una atmósfera enrarecida bajo la nieve, donde el uso del sonido, y a veces también del silencio, preanuncian lo que se espera de un director de la talla de Cregger: recursos expresivos que estén por sobre la media del cine de horror hollywoodense. Hay aquí algo de la fantasmagoría que se apreciaba en Weapons, en esas figuras esperpénticas que en términos lógicos no deberían estar donde están, así como elementos muy dinámicos que traducen la acción al terror. El director va sumando a la ansiedad del panorama ambiental el arte de los sustos, de la incredulidad creciente, y que sin embargo, no logra quebrar a Bryan, quien es la apología del hombre “común” enfrentado a circunstancias extraordinarias que sacan a relucir condiciones que él mismo desconocía de sí, en un proceso que nunca lo hace creer del todo el cuento fantástico que está viviendo. Puede ser la única forma de sobrevivir basándose en la acción propia.

Uno de los nudos simbólicos y de construcción de personajes en Barbarian y en Resident Evil: noche cero, es el coraje, algo que se repite en varias ocasiones durante el metraje de esta última, y que parte desde la falta de compromiso que Bryan muestra hacia su pareja cuando ésta le confiesa que está embarazada. No hay ningún otro elemento significativo que se revele para dar cuenta de la identidad del protagonista, solo un diálogo entrecortado y finalmente trunco que deja en claro la escasa capacidad del joven para enfrentar algo que no sea necesariamente muy coyuntural, o por el contrario, de rutina.

El resto de su odisea está signada por la acción pura, la sorpresa, y de forma recurrente, aunque mucho menos que en Weapons, el humor. Esta vez, sin embargo, habrá más espacio para la ironía, el otro pilar fundante del devenir de la historia. Ante esa condición, el arrojo del protagonista internándose en la noche apocalíptica, es el reto de un superviviente que probablemente en su vida ha disparado un arma, y que puesto frente a otros, engrandece su figura como agente de vida pura y dura ante tanta monstruosidad tentacular, y a ratos cobardía humana imperante a su alrededor. El cambio del paraje desolado a la ciudad apura la sensación de hacinamiento, cambiando la fantasmagoría y los sustos por el caos.

Una película nocturna como ésta también le debe sus quilates al concepto de belleza cinematográfica. Ante la constatación de su relato lineal y de un protagonista que pase lo que pase no debería morir, a riesgo de que simplemente se acabe el filme, Cregger sopesa lo “cool” de su propuesta también sosteniéndose en un puñado de imágenes muy atractivas, hasta ensoñadoras, que avalan la atmósfera de civilización encontrándose abruptamente con su final. No hay que olvidar de que esta es una franquicia con ciertas exigencias genéricas. El hecho de que el cineasta haya respetado el ritmo de acción, y dentro de ese arte brillante del montaje logre concatenar y componer un tono finalmente entre irónico y melancólico, y siempre de oscuridad, no hace sino revalidar su talento como autor. Allí donde un final brusco, moralmente ambiguo, puede reestructurar la mirada que el espectador va construyendo cuando se deja llevar por el viaje al corazón de la noche y del miedo.

Un apunte para los créditos. La canción Animal farm de The Kinks, con toda su evocación folk y neoromántica, es una última apuesta demasiado acertada que irrumpe en forma de contraste, también melancólico y pop, al grito animal, desgarrado y primigenio, en parte justo, en parte absurdo, hacia el que la historia se dirige en buena medida.

Ficha técnica

Título original: Resident Evil

Título: Resident Evil: noche cero

Dirección: Zach Cregger

Guion: Zach Cregger, Shay Hatten

País: Estados Unidos, Alemania

Elenco: Austin Abrams, Zach Cherry, Paul Walter Houser, Kali Reis,

Fotografía: Dariusz Wolski

Montaje: Joe Murphy

Duración: 90 minutos

Música: Hays y Ryan Holladay

Productoras: Vertigo Entertainment, Constantin Films, PlayStation Productions

Distribuidora: Andes Films

Fecha de estreno: 17 de septiembre

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