Crítica de cine “La isla olvidada”: Una mágica aventura sobre amistad y memoria

Por Isabel Agurto

Joel Crawford y Januel Mercado estrenan La isla olvidada, su nueva película junto a DreamWorks tras el éxito de crítica y taquilla de El gato con botas: el último deseo (2022), que fue nominada al Oscar como mejor película animada. Con una estructura y un motor cómico que recuerdan a ¿Qué pasó ayer? (The Hangover, 2009), una villana que realmente da miedo y una animación híbrida e innovadora, la cinta cuenta una historia sobre la amistad y la memoria que podrán disfrutar niños y adultos por igual.

Jo y Raissa se conocen en el colegio, en Filipinas, a fines de los ochenta o principios de los noventa, a juzgar por detalles como la tecnología que se muestra y la música que se escucha, y ahí juran ser mejores amigas por siempre. Buena parte de su infancia y adolescencia gira en torno a las historias que les contaba la abuela de Jo sobre una isla mágica llamada Nakali. Jo es la desinhibida, quien arrastra a su amiga hacia lo desconocido y lo macabro; Raissa es la metódica, que analiza las cosas con cabeza fría antes de meterse en ellas, y esa fricción de personalidades las convierte en un dúo cómico entrañable. Las chicas han crecido y la noche antes de que Raissa se vaya a Estados Unidos a estudiar, las historias de la abuela dejan de ser folclor y fantasía y se convierten en un lugar real, cuando ambas cruzan un portal hacia Nakali.

En su llegada a la isla mágica hay una vuelta de tuerca muy inteligente ya que Jo y Raissa despiertan en ese lugar desconocido sin memoria de las últimas doce horas. Raissa aparece con la cabeza medio rapada y un par de alas en la espalda; Jo trae un nuevo amigo, el perro-lobo Raww, con quien exhiben tatuajes idénticos que no recuerdan haberse hecho. Ese vacío de doce horas es lo que mueve la primera mitad de la película, apoyado directamente en la estructura de ¿Qué pasó ayer?, en una versión apta para niños.

La mano de Crawford y Mercado se nota sobre todo en el tratamiento de la villana Manananggal, una especie de bruja vampira con colmillos y garras, capaz de partirse en dos cuando lo necesita. Los directores mantienen la disposición de que sus antagonistas den miedo de verdad; el mismo criterio que ya habían aplicado con La Muerte en El gato con botas: el último deseo. Incluso antes de que Manananggal aparezca en pantalla se advierte lo terrorífica que es y cuando aparece la tensión es real.

Todo en la isla de Nakali está construido sobre el folclor filipino, tratado con mucho cuidado a lo largo de la película. Criaturas como Batiba, el espíritu-árbol coleccionista de recuerdos, Mermahn, un sireno narciso, o el diminuto y furioso Rey Trufa Wuffle, cuya ternura física desmiente su carácter combativo, se integran a la trama con el mismo peso narrativo que los personajes humanos. La contradicción entre lo que un personaje parece y cómo se comporta es un recurso que se repite en varios de los habitantes de la isla y evita que el bestiario se sienta como una galería de curiosidades.

Visualmente la película se enriquece con la mixtura de lenguajes. Por una parte está la mezcla de la cultura filipina con la estética pop de los ochenta y noventa; por otra, una combinación de estilos de animación con influencia del animé, texturas que recuerdan al stop-motion metidas en entornos tridimensionales, y una energía de montaje que se ha comparado tanto con Spider-Man: Across the Spider-Verse (2023) como con Scott Pilgrim contra el mundo (2010), esta última comparación es más precisa, porque comparten la variedad de estilos, el pulso y la sensación de que la imagen puede interrumpirse a sí misma para un gag visual. A eso se suma una banda sonora sorprendentemente extensa para no ser un musical; es muy probable que los espectadores adultos salgan de la sala tarareando algún tema.

Con todo ese material dando vueltas: amistad, mitología, un misterio de doce horas perdidas, una villana temible, la pregunta es si la película logra sostener el peso de tantas capas a la vez, y la respuesta es sí, pero con un costo. Ese cúmulo de ideas empieza a jugarle en contra en el tramo final. Aunque el hilo narrativo es fácil de seguir, la resolución se estira mucho, y esa sobrecarga es, para mí, el único reparo serio a una película que hasta ese punto venía impecable, sobre todo pensando en que puede ser demasiado para un niño, por su extensión y cantidad de elementos narrativos. El cine de DreamWorks reciente suele construir una capa para el público infantil y otra, más densa, para el adulto que lo acompaña; acá esa doble capa funciona casi todo el tiempo, pero se nota que cerrar ambas al mismo ritmo le cuesta.

Fuera de eso, La isla olvidada logra algo significativo al llevar una mitología completa al centro de una historia comercial sin explicarla demás para un público que no la conoce, confiando en que la amistad entre Jo y Raissa alcanza para que cualquier espectador, conozca o no el folclor filipino, entre en la isla con ellas. Finalmente, uno sale de la película pensando en el valor de la amistad, en cuánto de lo que somos depende de que alguien más se acuerde de nosotros, y qué estaríamos dispuestos a cruzar para que eso no se pierda.

Ficha técnica

Título original: Forgotten Island

Título: La isla olvidada

Año: 2026

Duración: 109 min.

País: Estados Unidos

Productora: DreamWorks Animation

Género: Coming-of-age, fantasía, aventuras y comedia

Dirección: Joel Crawford, Januel Mercado

Guion: Joel Crawford, Januel Mercado

Voces idioma original: Dave Franco, Jenny Slate, Manny Jacinto, Liza Soberano, H.E.R., Ronny Chieng, Amielynn Abellera, Jo Koy, Dolly De Leon, Lea Salonga, Kristin Villanueva

Calificación: Todo espectador

Distribuidora: Andes Films

Fecha de estreno: 24 de septiembre de 2026

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