FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Entrevista a directora de “Chicas Tristes”, Fernanda Tovar: “Es importante cómo narramos nuestras propias historias”

Por Gabriela Bravo desde San Sebastián  

El primer largometraje de la directora mexicana Fernanda Tovar, Chicas Tristes, se presentó en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. La cinta ya había encontrado un gran éxito en el Festival de Berlín, donde obtuvo el Oso de Cristal en la categoría Generation 14Plus.

Chicas Tristes cuenta la historia de dos amigas adolescentes, Maestra y Paula, que forman parte de un equipo de natación y que se están preparando para ir a competir a Brasil. Ambas transitan por la vida de manera despreocupada y ligera. Pero sus vidas tendrán un giro inesperado cuando una de ellas sufra una agresión sexual por parte de uno de sus propios compañeros de equipo.

La película tendrá su première en Chile en el Festival Internacional de Cine de Valdivia.

Culturizarte pudo conversar con la directora Fernanda Tovar en San Sebastián.

Lo que me llamó la atención de tu película es que pareciera ser un mundo sin adultos. Y cuando entran los adultos en acción, no sirven para nada.

Siento que fue una decisión por dos cosas en particular. Por un lado, la perspectiva adolescente, el punto de vista de la película está puesto sobre ellas. En la adolescencia, aunque mis padres estaban ahí, yo sentía que no estaban. Era mi amiga y yo contra el mundo; los adultos no nos entendían y cuando llegaban era solo para empeorar las cosas. Eso fue directamente un reflejo de esa idea adolescente de sentir que estás sola con tus amigos y hay que resolverlo todo.

Por otro lado, es una realidad que el dinero cada vez alcanza para menos. Las personas que tienen la oportunidad de quedarse en casa para criar a sus hijos son muy privilegiadas. La realidad en México y en muchos países es que ambos padres —o el padre o madre que esté— tienen que salir a trabajar todo el día porque solo así se pueden pagar las cuentas. Finalmente, no es una ausencia malintencionada o porque no les importe, pero es muy real desde el punto de vista adolescente y social que vivimos hoy en día.

Sin embargo, cuando una de ellas pide ayuda a un adulto, o consejo, o una guía, no está ahí para ayudarla.

Sí, ese adulto al que le piden ayuda —sin querer hacer spoiler— de alguna manera es una figura de autoridad dentro de su comunidad. Para mí era mostrar que a veces, cuando las chicas piden ayuda en este tipo de situaciones, se encuentran más bien con un muro que no ofrece nada. Les dicen «no te metas en problemas, es mejor quedarse tranquila». Creo que es una respuesta que viene no solo del mundo adulto, sino también del ámbito institucional, de los gobiernos y de las sociedades: es mejor quedarse tranquila que hacer algo al respecto.

Hay algo muy contemporáneo en tu película, eso se puede ver en la escena en que una de las protagonistas trata de ayudar a su amiga, pero no tiene palabras y le piden a ChatGPT que le diga cómo ayudarla. Es una escena entre muy graciosa y muy conmovedora. ¿Cómo la trabajaste?

Justo de lo que hablábamos siempre era sobre la diferencia entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, y es una conversación que va a crecer y crecer. Sentía que la inteligencia artificial hace esto: les arroja definiciones y palabras frías en una pantalla y ya está, te cambió la vida sin que nadie se enterara del otro lado. Versus la amiga que no tiene esas herramientas para hablar o explicar lo que está pasando, pero sí tiene la capacidad de acompañar, de estar, del tacto y de la mirada. Por un lado, es la frialdad de la elocuencia de la inteligencia artificial, versus la poca capacidad de nombrar y de saber qué decir, pero con un tacto y un acompañamiento muy valioso.

A las actrices les vino muy natural porque son jóvenes. Ya nos confesamos todo lo que le habíamos preguntado a ChatGPT sobre nuestras vidas; obviamente yo la primera, consultando: «me duele el estómago, ¿qué tengo que hacer?» Es algo que cada vez va a ocupar más espacio en la conversación social y en las películas. La realidad es que ahora existe la inteligencia artificial y le estamos preguntando cosas. Entonces, ¿qué vamos a hacer con las respuestas?

¿Qué importancia tiene para ti dar una mirada femenina sobre un tema femenino que durante muchos años se trató desde un punto de vista masculino? Es decir, una agresión sexual era siempre en unos callejones oscuros con un cuchillo. Sin embargo, estamos viendo cada vez más escenas que son mucho más comunes y con personas mucho más conocidas y queridas. ¿Cuál es la importancia para ti de esta mirada que le entregas a este problema?

Creo que tiene que ver con el personaje de Paula y la agencia que tenemos las mujeres de decidir sobre nuestras vidas. También es el derecho de las mujeres de contar nuestras vidas y narrarnos como nosotras queramos y como somos. No porque las mujeres seamos buenas y los hombres malos, sino porque nos merecemos poder expresar cómo es nuestra vida, cómo es la lectura de habitar el mundo desde un cuerpo y una identidad femenina, y poderlo hacer con libertad, sin tener que cumplir con ciertos mandatos, ideas o prejuicios.

Al final, uno hace una película compartiendo lo que se siente ser un humano parado en este planeta en una situación particular. La mitad de la población mundial somos mujeres, entonces ¿por qué no contar también lo que es desde esa perspectiva? Está muy bien que las mujeres hagamos películas de este tema. Cuando empecé a escribir el guión hace 8 años, decía: «de aquí a que la haga ya se resolvió, la violencia de género va a ser historia del pasado y va a ser como hacer una película del COVID». Y no, está peor en muchos países y lugares. Naturalmente vamos a querer hablar de las cosas que nos preocupan y duelen; no creo que haya una mujer en este mundo a la que no le preocupe y le duela esto.

También hay mucha sinceridad en el relato y en cómo muestras a tus protagonistas. Hay mucho cariño; no las haces sufrir por sufrir, sino que muestras más bien el camino que ellas llevan.

Para mí era retratarlas con el mayor respeto y la mayor responsabilidad posible, en especial al personaje de Paula. Intenté no revictimizar, permitiéndole tener espacios para esconderse del espectador, de su amiga y de la cámara, tratándolo con mucho respeto, distancia, cuidado y dignidad. Esa siempre fue la clave. Con Darana, la actriz, hablábamos mucho de eso: muchas veces las víctimas son retratadas como si ya no tuvieran nada. Yo siempre le decía que hay mucha dignidad en el personaje de Paula; que haya pasado eso no es su culpa ni tampoco de su amiga. Es plantarse y decir: «bueno, me pasó esto, pero voy a seguir nadando y voy a seguir adelante». En el retrato de las víctimas femeninas siempre hay un dejo de «ya no hay nada, todo está mal», y no es cierto. Es importante cómo narramos nuestras propias historias; aunque sean dolorosas, hay que darle un giro a la historia, saber que hay una salida, que puedes tener esperanza y que tu vida puede volver a estar bien.

¿Cómo fue la elección del casting? Se siente la complicidad que hay entre ellas.

Llegaron separadas al casting y en realidad las vimos por separado, pero la verdadera magia sucedió cuando las vimos juntas. Hicieron una improvisación que terminé escribiendo en el guion y está en la película. Cuando las vi juntas sentí lo que suponía que se tenía que sentir: un buen nivel de complicidad, de contradicción y de confrontación. Después trabajamos mucho en la preproducción para crear la relación a través de improvisaciones; esa relación se creó y se solidificó previo al rodaje, por lo que cuando llegamos a filmar ya existía.

¿Cómo ves el problema de la violencia sexual en México y en Latinoamérica en estos momentos? ¿Se avanza o se retrocede?

Se avanza y se retrocede constantemente. México es un país profundamente machista, no es ningún secreto. Latinoamérica en general es un territorio complejo, muy diverso y atravesado por un montón de violencias, con una herencia colonial muy fuerte que no nos ha permitido existir de otras maneras. Si bien en el nivel macro institucional se avanza —por ejemplo, tenemos una presidenta mujer en México—, en lo privado no se avanza: sigue habiendo muchos feminicidios al día y la mayoría suceden en las casas, a manos de parejas. El cambio viene desde nuestra educación, desde el entendimiento que tenemos de nuestro rol en el mundo y de las presiones que ponemos a la gente joven sobre esa primera relación sexual, sobre ser un hombre, entre muchas otras cosas.

No me siento muy esperanzada en este momento particular; leo cosas en internet y veo que vivimos en un mundo ultra violento. La violencia patriarcal es una más de las tantas que existen. Pienso en el genocidio en Palestina y en otras cuestiones sobre las que no sé qué tiene que pasar, pero definitivamente siento que es nuestra responsabilidad, como personas que tienen una cámara en las manos, seguir arrojando luz a esto con la esperanza de provocar un diálogo y una conversación que creo que no estamos teniendo del todo.

En ese sentido, ¿Qué importancia crees que tiene el cine en la representación de las personas, ya sean mujeres, jóvenes o gente de barrios humildes?

El cine ha tenido una importancia distinta dependiendo del momento histórico. Antes, cuando no había tanto acceso a la información, era la manera de conocer otras realidades. A mí me pasó al empezar a ver cine asiático o brasileño: sentía que conocía esos lugares sin haber ido jamás. Ahora ya no es tan así porque tomas tu teléfono y puedes enterarte de cualquier cosa que esté pasando en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, estamos en un mundo ultra polarizado donde se nos exige constantemente tomar una postura, elegir un bando: derecha, izquierda, arriba o abajo. El rol del cine hoy en día —y lo que he sentido este año viajando a muchos festivales— es tender puentes de empatía y mostrarnos que no somos tan diferentes. Puedes ver una película de otro lugar del mundo y sentirte súper identificada. El cine es una máquina de empatía en este mundo tan poco empático y dividido. Eso se irá modificando con el tiempo, pues el rol del cine se transforma según se transforma la sociedad y sus contextos.

¿Tienes nuevos proyectos?

Sí, estoy escribiendo cuando puedo, porque acompañar la película es un trabajo de tiempo completo. Espero el próximo año poder dedicarme mucho a esa nueva película y que no me tome 8 años como ésta.

Ficha técnica

Título: Chicas tristes

Género: Drama

País: México

Año: 2026

Duración: 90 minutos

Director: Fernanda Tovar

Elenco: Rocío Guzmán, Darana Álvarez, Tatsumi Milori, Tomas García Agraz

Festival de San Sebastián/ Horizontes Latinos

 

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