Por Álvaro Guerrero
Una escritora casi anónima en sus treintas, recibe la que puede ser la oferta monetaria de su vida, la gran oportunidad al fin de ganar dinero con su escritura. La mujer en cuestión, Lowen Ashleigh, interpretada por una Dakota Johnson muy atractiva, lo que ya de por sí genera una cierta impostura o singularidad en un personaje que reconoce su fracaso y dice sentirse cómoda siendo “invisible” en la gran ciudad, se enfrenta a la posibilidad de convertirse en narradora fantasma, es decir escribir para otra persona: Verity Crawford, que es su opuesto a nivel literario. Interpretada por Anne Hathaway, se trata de un fenómeno de ventas, con sus novelas de terror, amor y sexualidad, que ha quedado imposibilitada de escribir tras un accidente automovilístico. En la ecuación se suma desde el principio su marido, Jeremy Crawford (Josh Hartnett), que ha entrado en contacto, de forma casual, con Lowen desde la primera escena de la película. Esta última se trasladará a la casa frente al lago en la que el matrimonio ha hecho frente a más de una tragedia familiar, lo que mantiene ese ambiente de hogar en una especie de limbo, con un dejo de excentricidad.
Una de las fuerzas motoras de Verity, a nivel primeramente visual, son los dos rostros femeninos: los enormes ojos azules de Lowen, que en la gran pantalla ya generan un magnetismo especial, no a nivel sexual sino de una erótica primordial de tono estético, y la faz demacrada y dolida de Verity, en la piel de una actriz mucho más dotada de recursos dramáticos como es Hathaway. El Jeremy de Josh Hartnett resulta mucho más insulsamente funcional al devenir del relato y al grado de fuerza que pueda alcanzar, a la hora de que cuajen todas las influencias y elementos en juego en el filme: el thriller noventero, con su erotismo que nunca se desborda, que apenas asoma por una puerta entreabierta, pero logra mantener el suspenso concentrado en un trío de personajes; la novela rosa, con un tinte irónico en la potencial relación que amenaza desarrollarse entre Lowen y Jeremy; el lenguaje de telefilme a través de ciertos recursos cinematográficos que intentan relacionar la labor escritural, y sobre todo de lectura, con la narración en el cine; algunos detalles o escenas que coquetean o caen derechamente en la vulgaridad, o en lo pulp romántico erótico, incluyendo dientes que marcan respaldos de camas, o alguna secuencia gratuita de desnudez, incluida explícitamente como gancho comercial.
El otro elemento estructural en la construcción del suspenso, y que redunda en que éste funcione, aunque no con toda la fuerza que debería, es el misterio en apariencia secundario ante la sombra de fondo del personaje de Verity, y que es la verdadera naturaleza de Lowen, o más bien el auténtico alcance de sus ambiciones, en concordancia con su frustración vital. Si los manuscritos que Verity ha dejado inconclusos, y que se traducen en una serie de raccontos, verídicos o no, en tono de novela de amor y dolores propios de la vida en pareja, la maternidad y el desgaste del tiempo, se desarrollan en una estética entre cursi y enigmática, la sombra de Lowen como testigo y receptáculo de tales contenidos también va cobrando un cariz levemente ambiguo, siempre asombrado, que va de lo pasivo misterioso a lo inclusive vulgar cuando llega la hora de la acción.
La casa frente al lago donde han ocurrido eventos trágicos ya es un cliché en sí mismo, y entrega variadas oportunidades cinéticas de reflejos en los ventanales, o miradas desde afuera o hacia adentro, muy propicias al “suspense”. Nada de esto es algo nuevo, y sin embargo la ilación con los elementos y tonos entre descabellados, románticos, pseudo eróticos, y en especial de confusión o duda permanente de los personajes como victimarios o peones de un juego literario al interior mismo del desarrollo de la acción, otorgan a Verity un grado de placer (¿culpable?) discreto pero continuo. Que el personaje de Verity Crawford se sospeche como estructuradora y a la vez víctima del juego, es uno de los mayores aciertos narrativos de la película.
Verity es una historia sencilla que a la vez cuenta con algunos giros dignos del melodrama de novela rosa de aeropuerto, y que sin embargo funcionan para atrapar la atención durante las dos horas, en una mezcolanza entretenida, tan absurda, a ratos, como irónica. Se sirve del carisma y potencia de la sombra de Anne Hathaway, y del rostro entre seductor y anodino de Dakota Johnson, y de un par de sobresaltos que nuevamente se equilibran en la cuerda floja de lo descaradamente cursi con lo dramático, y aún más, con algún grado de oscuridad interior a sus seres: el auténtico norte al que apuntan las novelas de ambas mujeres, y los ojos de los tres seres en disputa por una certeza que quizá no existe.
Ficha técnica
Título original: Verity
Director: Michael Showalter
Guion: Nick Antosca
Novela: Colleen Hoover
Elenco: Dakota Johnson, Josh Harnett, Anne Hathaway
Fotografía: Jim Frohna
Música: Volker Bertelmann
Género: Thriller, drama, literatura
Estreno: 1 de octubre.
Distribuidora: Andes Films
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