Por Paula Frederick
La vida puede ser un escenario. Al menos, la de Jimmy George (Rami Malek), artista performático de la escena Off Broadway del Nueva York de los 80, que lucha contra el sida y los últimos estertores de vida que le quedan. Su pasión es interpretar, cantar, bailar, moverse por cualquier espacio como si estuviera sobre las tablas, encandilando a quienes lo rodean. Entre ellos, su pareja, el incondicional Dennis (Tom Sturridge), que lo cuida con devoción y ordena sus medicamentos; Vincent (Luther Ford), el tercero discordante que vive en el piso de abajo y pierde la cabeza por él; su hermana (Rebecca Hall), su sobrino adolescente y los integrantes de la obra que está preparando, una adaptación escénica de Il était une fois dans l’Est (1974), de André Brassard. Un montaje cuyos ensayos se transforman progresivamente en una batalla contra el agotamiento, el deterioro físico y un tiempo que se acaba.
Así, The Man I Love, del estadounidense Ira Sachs, se convierte en una danza alrededor de un personaje. Jimmy es la fuerza gravitante de la película, del escenario y de las vidas de sus cercanos. Un hombre de emociones desbordadas, deseos incontrolables y acciones que parecen justificarse por sí mismas, sin importar demasiado sus consecuencias. Para él, todo es una performance. Una necesidad permanente de ser visto o, quizás, de no ser olvidado. De interpretar el papel que desea, mientras más lejos lo lleve de esa realidad que no quiere enfrentar.
La única manera de escapar de un destino inevitable parece ser refugiarse en el arte. En el teatro, en la música, en los vinilos, en La bambola de Patty Pravo o en una Rita Pavone que canta sufriente desde la pantalla del televisor. Retazos de una cultura que Jimmy convierte en su propio mundo, donde cada canción, cada gesto y cada interpretación son una manera de seguir respirando.
Son muchos los cineastas que parecen desfilar por el telón de fondo de The Man I Love. John Cassavetes, en especial su Opening Night (1977), con Gena Rowlands que se pierde entre su identidad y los personajes que interpreta. Sobre todo, la película parece una oda a Rainer Werner Fassbinder, el controvertido director alemán, con su cine lúgubre y de colores saturados y sus personajes travestidos, que se desbordan hacia afuera mientras se extravían por dentro. La estética queer, los bares vacíos, las puertas entreabiertas y las luces de neón que nunca brillan del todo, como si algo estuviera ocurriendo más allá de lo visible. Un universo donde los escenarios y los ensayos se convierten en microcosmos claustrofóbicos, donde afloran los celos, las relaciones de poder y el desequilibrio emocional.
En ese territorio se mueve Ira Sachs, quien ya había explorado las contradicciones del deseo en Passages. Como si The Man I love fuera una prolongación de ese universo, los pisos de un edificio vuelven a transformarse en los distintos niveles de una relación tormentosa. Amores que suben y bajan escaleras, secretos que se esconden detrás de puertas de madera antigua que crujen al abrirse y nunca quedan del todo cerradas, dejando siempre una rendija por donde mirar. La intimidad se vuelve un espacio compartido, pero también una forma de encierro.
Sachs recupera aquella concepción del cine donde los personajes adquieren profundidad a través de sus comportamientos y contradicciones, mientras la cámara observa, casi de manera documental, cómo la existencia se desarrolla sin obedecer necesariamente a una estructura dramática convencional. No hay resoluciones evidentes ni explicaciones innecesarias, sino una libertad narrativa que se mueve al ritmo de sus protagonistas, con una espontaneidad que por momentos desconcierta, pero que termina por darle al relato una vitalidad extraordinaria.
Y en el centro de todo está Rami Malek. Lejos de la grandilocuencia del ídolo musical que interpretó en Bohemian Rhapsody y que le valió un Premio Oscar, aquí Malek alcanza una profundidad mucho más íntima y desgarradora. Su cuerpo se debilita mientras su necesidad de expresarse se vuelve más intensa. Hay algo conmovedor en esa contradicción: un hombre que se apaga físicamente, pero que sigue empeñado en ocupar cada espacio, cada silencio, cada mirada.
Durante una celebración familiar, Jimmy interpreta What Have They Done to My Song Ma, de Melanie, la escena más conmovedora de la película. La canción, concebida originalmente como una reflexión sobre la manera en que otros pueden transformar y desfigurar una creación artística, adquiere aquí un significado profundamente personal. Malek la interpreta con una mezcla de tristeza, rabia y vulnerabilidad que revela mucho más sobre su personaje que cualquiera de sus confesiones. Es un instante donde la actuación parece desvanecerse y solo queda un hombre intentando decir, a través de una canción, aquello que no puede expresar de otra manera.
Aunque no es una biopic, El hombre que amo recoge las experiencias de una generación de artistas que vivieron la irrupción del VIH en los años 80. El propio Sachs llegó a Nueva York en 1984 y conoció de cerca aquel universo de libertades, excesos, creatividad y tragedias. Junto a su colaborador Mauricio Zacharias, llevaba años intentando encontrar la forma de reconstruir ese período, esperando quizás la distancia necesaria para mirar sus heridas sin quedar atrapado en ellas. Y lo hace sin convertir la película en un retrato de problemática social, ni en una elegía sobre la enfermedad. Su mirada se concentra en la intimidad, en los vínculos, en las pequeñas alegrías y en esa obstinación por seguir con vida.
Como en la escena de la fiesta entre amigos y familiares, donde cada invitado interpreta un fragmento de una canción, mientras un fondo rosado y una imagen ligeramente desenfocada envuelven el ambiente en una atmósfera de ensueño, a ratos el tiempo parece suspendido. No hay enfermedad, ni deterioro, ni despedidas inminentes. Solo música, risas, cuerpos que se mueven y personas que se quieren, atrapadas en una celebración que desearíamos prolongar indefinidamente.
Aunque podría ser una película sobre la muerte, The Man I Love es ante todo, una celebración de la vida. Del tiempo que nos queda, de la necesidad de aferrarse al goce mundano mientras todavía sea posible. De seguir cantando aunque la voz se quiebre, de bailar aunque el cuerpo no responda. Jimmy se enfrenta al último acto de su existencia, pero se resiste a abandonar el escenario. Y quizás esa sea la mayor belleza de la película: comprender que una vida puede ser pequeña y fugaz, pero también desbordante, luminosa y gigantesca. Que incluso cuando el telón está a punto de caer, todavía queda tiempo para una última canción.
Ficha técnica
Título original: The Man I Love
Dirección: Ira Sachs
Guion: Mauricio Zacharias e Ira Sachs
Reparto: Rami Malek, Tom Sturridge, Luther Ford, Rebecca Hall, Ebon Moss-Bachrach
Año: 2026
País: Estados Unidos (co-producción con Francia)
Duración: 95 minutos
SANFIC 22 sección “Maestros del cine”
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