#CicloMujeresCreadoras presenta a la artista visual Cecilia Avendaño: “Soy una fascinada por el rostro y por todo lo que nos dice”

Por Jorge Letelier

La destacada artista es la tercera invitada al #CicloMujeresCreadoras, donde habló de su particular trabajo y la preparación de su más reciente exposición y libro, Enfermedades Preciosas. El ciclo es un proyecto ganador del Fondo Regional de Medios.

Sus retratos ya son marca registrada en las artes visuales nacionales. Cargan un misterio profundo que emana de rostros que se resisten a la definición y que cuestionan la idea de proporción, belleza y género. El trabajo de Cecilia Avendaño es inquietante y estimula la percepción en tiempos de visualidad pornográfica donde parece no haber tiempo para contemplar. Y su efecto es justamente eso: detenerse para escrutar en rostros ficcionados peligrosamente reales.

Entre la herencia del retrato clásico y las posibilidades del arte digital, Cecilia crea imaginarios difusos pero peligrosamente reales, donde utiliza la fotografía “para generar una duda de la realidad”, como explica. Con seis exposiciones en solitario y cerca de cuarenta muestras colectivas, es una de las voces femeninas más originales de las artes visuales y la tercera invitada a nuestro #CicloMujeresCreadoras, proyecto ganador de un Fondo Regional de Medios.

¿Tu trabajo se puede entender como fotografía digital o una mezcla de distintos formatos?

Yo lo defino más como un trabajo de visualidad que viene desde el arte. Estudié arte en la Universidad de Chile, lo que me dio una perspectiva general de todas las áreas. Me gusta mucho la unión y la mixtura de las cosas, que es cómo hago técnicamente mi trabajo, pero al mismo tiempo cómo lo hago conceptualmente. Entonces si es que tengo que definir, trabajo con la fotografía pero desde el arte y lo digital.

¿Pero el trabajar con lo digital supone aproximaciones distintas a la materialidad del formato mismo?

Yo parto en el fondo desde la fotografía pensada como más clásica, desde el retrato. Todo lo genero digitalmente, pero mi visualidad viene desde las referencias clásicas. Entonces ocupo las herramientas digitales pero sigo trabajando con iluminación y ese tipo de cosas que viene muy desde lo tradicional. Me gusta mucho el claroscuro, generar atmósferas, hago muchas referencias a la pintura barroca, a ciertos pintores que me gustan mucho que son clásicos. Ahí también se genera una mixtura entre las dos cosas. Genero algo que viene desde lo digital y actual que hace un enlace al pasado.

Me fascina Vermeer o El Bosco, que genera esos espacios oníricos. Y tengo muchos referentes también que son de la actualidad, que trabajan mucho como ese tipo de luz, como Guillermo Lorca y otros como Ray Caesar, que trabajan mucho con una estética antigua.

Me gusta generar una especie de delgada línea donde tú entras a un espacio y a otro, lo que te genera un misterio y que hace que algo te sea atrayente al preguntarte qué es lo que estás viendo. Por eso me gusta mucho trabajar desde la fotografía porque siento que aun cuando estamos en una sobrecarga de imágenes, por lo menos cuando partí trabajando me dio la impresión que hacer una fotografía y no una pintura te generaba una pregunta por la realidad. Es decir, si alguien sabe que soy fotógrafa y que las bases de mi trabajo son fotos de estos personajes ficticios, y se pregunta si es que esos personajes existen o si es que andan por la calle, eso me gusta, generar preguntas.

Estamos rodeados de imágenes y la idea de la imagen digital lo domina todo. Tú te despegas de esta contaminación y extraes lo particular.

En el fondo es una de las cosas que me he replanteado. Cómo trabajar con toda esta sobreabundancia de imágenes que existe y cómo poder generar que tu veas algo que te atrape y que te haga cuestionarte. Me pasa que vemos tanto que no nos detenemos y no nos preguntamos nada. Lo que intento hacer es ver entre lo misterioso, lo que nos atrae, lo que nos provoca rechazo, eso que la persona se queda detenida mirando y pensando qué es lo que está viendo. Ese es mi desafío personal en la vida actual, que no queremos nada y no preguntamos nada, por la sobreabundancia que existe.

Hablemos de tu proceso creativo. Trabajas estos retratos a partir de muchas referencias y modelos, ¿Cómo partes con estas primeras ideas y cómo llegas al rostro final que vemos luego?

Es un proceso bastante largo y que involucra varias etapas y también varias personas. Tengo una forma de trabajar que parte desde la conceptualización de la idea, que es el proyecto que voy a hacer. Genero series y me tomo a veces varios años para elaborarlas. Luego viene la etapa de búsqueda de los personajes que quiero hacer. A partir de eso, aparece una estética y de ahí nos vamos a las sesiones fotográficas. Las sesiones podrían parecer una sesión de moda, porque trabajo con maquillador, vestuarista, tengo mi socio fotógrafo porque somos dos personas en la cámara. Hacemos grandes producciones, nos reunimos previo a estas sesiones y generamos muchas conversaciones del trasfondo de las series, de qué va a tratar todo y así vamos generando una estética. El vestuarista propone ciertas formas, yo le digo algunas referencias y se va generando el material.

En la última serie y libro trabajamos con muchos elementos de la naturaleza. Ahí trabajé con otro equipo, que era botánico, en el cual íbamos a hablar sobre plantas y los tipos de elementos que iban a aportar a estos personajes. Con este equipo agarramos todo el material y generamos una sesión de fotos. Esto vendría siendo mi paleta de colores. Hago la sesión, los vestuarios, se generan muchos elementos y mucho material.

¿Y la elección de los modelos? ¿Tienes una idea clara de la fisonomía que tiene que tener el modelo o partes solamente con un concepto?

Tengo bastante claro cómo tienen que ser mis modelos antes de las sesiones. También hay una parte que es la búsqueda de ellos. Siempre estoy buscando modelos que no siempre son profesionales, puede ser mi sobrina, a veces hijas de amigas, de repente gente que veo en la calle, etc. Voy buscando y voy armando un gran catastro de posibles modelos. Desde ahí se genera la sesión en la cual fotografío niños, mujeres, hombres. Hago un recorrido completo de distintas caras, tipos de rostros y eso termina siendo mi paleta de colores y mi forma de trabajar. Me hago un banco de imágenes muy grande con narices, bocas, rostros y expresiones y ahí parte mi trabajo más en solitario. Todo el previo, que toma mucho tiempo, es con más gente.

¿Y cuánto demora ese proceso en el cual tú construyes ese rostro?

Teniendo todo este material previo, me demoro muchos meses porque voy revisando todas estas imágenes que son miles, y tratando de hacer calces entre las imágenes. Trabajo mucho con transparencias, y voy generando especies de fantasmas que se van mezclando unos con otros, foto tras foto, y ahí se genera este rostro que en el fondo comparte con muchos rostros. No hay algún grado de deformidad en las proporciones y eso tiene que ver más bien con la mezcla de las edades. Cuando uno mezcla un niño con un adulto, hombre y mujer, de por si se genera la desproporción. En general, en las mezclas se producen las desproporciones y las rarezas.

¿Esa rareza es también por mostrar un personaje con los ojos más grandes que lo normal o la boca más pequeña? Parte de la mezcla, pero también hay una intencionalidad.

Claro. Es generar esa inquietud y generar un rostro que nos atrape, que nos genere emociones, sensaciones. Siento que de los ojos de mis personajes es algo que me preocupo mucho. Yo soy una obsesiva y fascinada por el rostro y por todo lo que nos dice un rostro. Creo que todos tenemos rostros con mucho que decir y lo que yo hago es que en la ficción genero uno a partir de muchos, para que todos de alguna forma nos podamos ver en un espejo.

Parece haber dos grandes ejes en tu obra: un cuestionamiento a la idea de belleza en el arte y una reflexión sobre cómo este arte ha retratado el rostro femenino y sobre cómo evoluciona.

Es un tema que me interesa muchísimo y procuro que exista esa reflexión. No siento que es algo que debería forzar pero sí me interesa como mujer. Este último proyecto (Enfermedades Preciosas) que es libro y exposición, partió siendo algo que tenía mucho que ver con los cuestionamientos de género y con el tema principal del cómo se vive y el ser mujer. Luego yo hice mi propio proceso con eso y me generé mis propias preguntas, mis introspecciones sobre lo femenino, pero me di cuenta que lo que yo quería hablar tenía que ver con cosas que sufrimos tanto hombres como mujeres en términos de género, y se amplió un poco esa idea. En general, mi trabajo siempre gira en torno al retrato y trabajar con la idea de los cánones de belleza y un poco plantear y mostrar otro tipo de belleza. Y cuestionarme cómo hoy en día se habla y se ve eso.

Parece inquietante en tu trabajo esta dualidad entre lo bello y lo monstruoso, lo real y la ficción. ¿Cómo sientes que se percibe tu obra?

Es algo que siento que he logrado en las personas. Por lo general, siempre hay una reacción ante el trabajo, no me ha tocado que gente se quede sin reacción, siempre hay una fascinación, o un rechazo. Generalmente, lo ven y les gusta o les provoca algo o les complica. Se genera esa dualidad que finalmente pretendo hacer, que es generar estos personajes que tengan una lucha interna.

Tengo un coleccionista amigo que compra mucho trabajo mío y que su mamá no podía creer que tenía estas cosas en su casa y le daba pánico. Y en un momento, ella se me acercó y me contó todo esto y me dijo que en el fondo ella había tenido que hacer un proceso de conocer estas imágenes, de hacerse amigos. Ella iba a comer a la casa de su hijo y (la obra) estaba en el comedor. Finalmente, había sido súper lindo para ella porque se había tenido que cuestionar y preguntar por qué esto le causaba tal cosa y cuál era su relación con esta imagen. Me explicaba que tuvo que preguntarse mucho por eso y se dio cuenta que tuvo que espejearse con esa imagen. Ver algo de uno ahí que le causaba rechazo o miedo. Entonces fue lindo porque es alguien que hizo un cierto grado de introspección a través de una imagen que yo tengo en un lugar que ya no visito. Eso es muy loco.

En tu última serie Enfermedades Preciosas, abordas la relación entre los retratos y la naturaleza, cosa que no habías hecho antes. ¿Hay una idea por reflexionar en la interacción del hombre con su entorno más natural?

Yo creo que esa es una de las reflexiones. En el fondo siento que poder observar la naturaleza es algo que nos ayuda también a cómo nos observarnos a nosotros mismos. Este último proyecto, Enfermedades Preciosas, tiene que ver con esa búsqueda de lo auténtico y el poder detenernos a observar las cosas y nuestro cuerpo, quiénes somos. Esta serie tiene que ver con la somatización de las emociones y cómo al poder entender y conocer nuestro cuerpo, también entendemos lo que sentimos y eso se expresa hacia afuera.

¿Cómo son las relaciones de género, equidad y las oportunidades laborales en el mundo del arte? ¿Hay una valoración igual en el trato para hombres y mujeres?

Yo me siento una artista mujer privilegiada, parte del 1%, y me impresiona ver la poca cantidad de mujeres trabajando profesionalmente en arte. Cuando vas a una escuela de arte el 90% de los estudiantes son mujeres. Creo que se produce un poco inconsciente, no es algo que alguien escoja pero se sigue confiando más en la carrera de un hombre que en la de una mujer. A la hora de elegir un staff, no es que de plano saquen a las mujeres, pero el staff tiene más hombres. Aun cuando sea la mujer la que dirige.

Creo que en el fondo hay una parte del inconsciente que no hace la igualdad. Venimos cargando una historia para atrás que es gigante. No es una cosa que se cambie de un día para otro, para mujeres y hombres. Si la directora puede ser mujer y ella elige muchos hombres, no creo que lo esté haciendo de forma calculada. Tiene que ver con nuestra historia, con lo que vemos, con lo que estamos acostumbrados, con el cine. Tú ves una película y siempre hay más hombres que mujeres. En el fondo es una cosa del inconsciente colectivo. Por eso creo que hay que visibilizarlo, pero no como una forma de imposición, no creo que la manera tenga que ver con una confrontación terrible, sino que de una realidad que hay que cambiar porque somos todos colegas.

 

Fotos: Vanessa Vidal

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