Columna de opinión: No dejemos que muera el cine con el uso de pantallas en las salas

Por Esteban Brito

La llegada de los celulares nos tiene sin control: la pérdida de atención, el scroll infinito y las notificaciones se convirtieron en un tragamonedas para los sentidos que al parecer el ser humano no ha conseguido frenar.

Una de las peores consecuencias que dejó la pandemia en materia de apreciación cultural, radica en el comportamiento del público: la gente cree que en cualquier espacio donde se proyecta una película debe comportarse como si estuviese en el living de su casa.

La situación va más allá de gritos y comentarios dentro de una sala de cine, lo que no deja de ser una conducta reprochable. La irrupción descuidada de las pantallas móviles en medio de una proyección no solo es un desatino, es una falta de respeto al resto de la audiencia.

Y me he encontrado con esta nefasta situación en diferentes cines, para distintos públicos y en variadas comunas. De hecho, en los sectores más opulentos, las personas se sienten con la potestad de hacer lo que se les antoje y responden con arrogancia frente a cualquier reclamo. Como si exigir un mínimo de respeto fuese un acto tiránico.

Nadie quiere ser el «policía del silencio», pero el celular ha pasado de ser una herramienta a ser el mayor estorbo de la experiencia cinematográfica. ¿Realmente se ha vuelto una tortura concentrarse por solo dos horas? Durante décadas el cine fue un pacto de respeto mutuo; hoy parece una batalla perdida contra el brillo de una pantalla de 6 pulgadas.

Algunas salas comenzaron a exigir que la gente apague sus teléfonos. He sido testigo de cómo en el Centro Arte Alameda lo indican como parte de las reglas de la casa. Ojalá se multiplique este ejemplo.

El público se comporta pésimo en el cine y el celular parece ser solo la punta de un gran iceberg donde abundan las malas prácticas.

Es cansador tener que pedirle a la gente silencio, que apaguen los teléfonos y se comporte. Somos adultos. En las funciones infantiles el comportamiento tosco e irrespetuoso suele venir de los mismos padres. Pésimos ejemplos a seguir.

Y esta manía de la segunda pantalla por parte de los navegantes incansables de reels ya empezó a aniquilar series. Por ejemplo, muchos diálogos de la última temporada de Stranger Things parecían planeados para que hasta la persona más ensimismada en su celular comprendiera la enésima explicación de la trama.

La irrupción de los teléfonos ya mató de cierta manera los conciertos. Se presenta el músico más desconocido en Chile y ya lo acompaña un mar de flashes y registros inmediatos antes de que toque su primer acorde de la jornada.

No dejemos que muera el cine, es una de las mejores experiencias colectivas que hay. No hay como reír, asustarse y emocionarse en grupo.

La magia de la gran pantalla no puede ser eclipsada por contestar un chat, o por cualquier motivo. Sea prudente. Salga de la sala. Se siente ridículo darle estas instrucciones a adultos, pero se las merecen con creces.

El espacio de respeto es lo mínimo. No dejemos que muera el cine por culpa de la irresponsabilidad de unos pocos. Después los diálogos serán a prueba de ineptos y la gente necesitará tener una segunda pantalla con una persona corriendo en el Minecraft para poder concentrarse.

Sobrevivimos a la pandemia y al cierre de las salas. Con esa conducta nefasta solo se propaga la decadencia de la experiencia; tal como otra epidemia, una que nos va a ir carcomiendo de a poco. La buena noticia es que aún estamos a tiempo, solo debes apagar tu celular por 2 horas.

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2 comentarios de “Columna de opinión: No dejemos que muera el cine con el uso de pantallas en las salas

  1. Francisco dice:

    Me gustó mucho tu reflexión, es verdad que se ha ido perdiendo ese pacto de respeto que hacía tan especial la experiencia en el cine. Se nota que es algo que te importa y lo e vivido con tus miradas, comparto que hay conductas derechamente desubicadas que arruinan la función.

    Igual creo que no todo uso del celular es necesariamente negativo. Cuando yo mostraba mis cortos y la gente grababa al principio o compartía algo en redes, a mí me encantaba, porque ayudaba a la difusión y a que más personas se interesaran. Quizás el tema no es el celular en sí, sino el criterio y el respeto por el momento y por los demás. Al final todos pensamos distinto, pero el espacio común merece cuidado.

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