Crítica de cine: “Así habló el cambista”: Todo lo bueno siempre huele un poco a podrido

Por Valeria Jauré

Así habló el cambista es una película dirigida por Federico Veiroj (El apóstata del año 2015), con una coproducción entre Uruguay y Argentina. La historia está basada en la novela del mismo nombre de Juan Enrique Gruber de 1979.
El relato tiene en su centro a Humberto Brause quien trabaja cambiando dinero, primero como aprendiz en los años 50 hasta su independencia en los 70. Él mismo define su oficio de cambista como el origen de todos los males. Se identifica así mismo con los comerciantes y usureros que Jesús echó del Templo de Jerusalén según el relato bíblico, puesto que la ambición lo lleva a inclinarse cada vez más para recoger cualquier moneda, sin importar su origen.

Seguimos a Humberto en su caída cada vez más profunda, donde no le importa traicionar, mentir, falsificar, robar e incluso ir un paso más allá. Acompañamos a este antihéroe muy bien dibujado y perfectamente actuado por Daniel Hendler, quien a pesar de un maquillaje deficiente (un poco de canas es viejo, afeitado es joven) le da vida a un ser detestable, indefendible, pero a quien, de tan cerca que lo sentimos respirar queremos acompañarlo hasta el final.

El fondo de todo es la debacle económica de la Argentina y la dictadura militar en Brasil con un pequeño país en medio, que les servirá para blanquear y sacar dinero al extranjero evitando los cuestionamientos de su origen. La corrupción, narcotráfico y otros negocios iguales o con mayor rentabilidad sirven para dar cabida a un personaje que camina como un hombre culposo, pero que vive gozando de todo lo que brilla. Y en una gran metáfora de su apetito, mientras comparte un fondue de queso con su esposa admite que “Todo lo bueno siempre huele un poco a podrido.”

Su matrimonio es la definición de lo absurdo. Las interacciones que tiene con su indescifrable mujer, interpretada por Dolores Fonzi, son la fuente de los mejores momentos de humor, en que vemos como ambos viajan en paralelo, jamás se tocan, y se puede entender que se mueven a pesar del otro. Amor y ambición no pueden convivir, o en caso de hacerlo en algún momento, uno de ellos resultará victorioso, enterrando para siempre a aquel que exige un poco de empatía.

El actor nacional Benjamín Vicuña tiene un pequeño rol en un momento determinante del film, en que se acorrala al personaje principal hasta el extremo. Su personaje es siniestro y logra sacarse el peso de ser un rostro tan reconocible para nosotros al menos, en los minutos que le tocan frente a la pantalla.

Estamos ante una película de época imperdible, en que el pulso del director es firme y sabe exactamente lo que quiere contarnos. Respeta la estructura básica de todo argumento, lo que no la restringe, sino que simplemente permite ampliar el espectro de espectadores, ya que es un buen cine y que tiene la intención de abrirse a un gran público. No familiar, me malentiendan, es una película adulta con vocación de hacer llegar su mensaje.

Un mensaje que parece bastante vigente. Economías latinoamericanas dañadas por políticos y delincuentes, que son el caldo de cultivo para aquellos que saben sacar ventaja de los momentos malos. Una población empobrecida, con el peso devaluado, y víctima de una violencia que solo termina beneficiando a algunos pocos. Este thriller es casi una comedia negra de un parásito que vive gracias a los vicios de una sociedad egoísta.

Fue estrenada comercialmente en septiembre en los países vecinos, y también fue exhibida comercialmente, ya que es la apuesta uruguaya para la competencia internacional de los Premios Óscar del 2020. En Chile, pudimos verla a través de las funciones de Gala del Festival Internacional de Cine de Valdivia, y se espera que prontamente se estrene para todos al menos en alguna plataforma de streaming.

Título original: Así habló el cambista
Año: 2019
Duración: 93 min.
País: Uruguay
Dirección: Federico Veiroj
Guion: Federico Veiroj, Arauco Hernández Holz, Martín Mauregui (Novela: Juan Enrique Gruber)
Música: Hernán Segret
Fotografía:  Arauco Hernández Holz

 

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