Por Sergio Castro-San Martín
Un padre ad portas de sus cincuenta y su hijo bordeando los trece años salen de la proyección de la última película de Kleber Mendonça. –¡Que película más rara papá! Inicia el niño; «Pero me encantó y eso que me dan miedo las películas de terror», concluye ante la risa cómplice de su papá.
Durante varios días este lúcido comentario aparentemente infantil dio vueltas en mi cabeza. De alguna forma sentía que era volver a la esencia de la experiencia cinematográfica y esto es justamente lo que Mendonça Filho nos regala en su último film. Varias películas vivas, géneros que se entremezclan y una banda sonora al son de Donna Summer, Chicago y que incluso toma prestado al Morricone del film Grazie Zia con «Guerra e pace, pollo e brace”
La trama general de El agente secreto se describe de una manera simple; Un profesor universitario (Wagner Moura) viaja desde São Paulo a la ciudad costera de Recife durante la semana de Carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo. Pronto descubre que es seguido y vigilado por los vecinos de su nuevo refugio, sin escapatoria de las garras de la corrupción. Sin embargo, esta descripción se elabora con un entramado y peregrinación de Moura que aliña y complejiza todo el relato.
Kleber Mendonça diseña una puesta escena que parece ser una olla a presión, un cocimiento a fuego lento donde en ningún momento Marcelo (Moura) pierde los estribos. Toda la rabia, miedo, frustración es hacia dentro. Es un personaje que ríe, vive, que estruja una empatía tímida y que acumula el dolor frustrado, representando así a tantas víctimas de la dictadura y corrupción en Latinoamérica.
“Yo no soy un hombre violento, pero a ese tipo lo mataría con un martillo” dice Marcelo en una confesión grabada, sin antes dejar la máquina en pausa; sutil detalle de guion. Es casi el único momento en que el personaje se rebela, se reconoce y saca a relucir su miedo, rabia y tristeza refiriéndose a su persecutor.
En la promoción del filme se deja rezar El Agente Secreto: un thriller de espionaje. Pero si algo ha dejado claro el director como en la genial Bacurau, es que el género es más una caja de arena movediza que una unidad rígida, sin temor alguno a que el asunto se ponga extrañísimo antes de revelar algo más profundo amparado por la violencia extravagante y excéntrica a la que nos tiene acostumbrado.
El agente secreto navega por varios géneros y son aquellas películas de la infancia del director que aparecen, no como contexto de la trama, sino más bien son la trama. Los miedos del Tiburón en las ilustraciones del hijo de Marcelo hacen vaticinar a los acechadores del protagonista. Así mismo aquella mujer aparentemente poseída luego de la proyección de El exorcista no es un mero decorado en la trama sino el reflejo de que algo quiere salir afuera y no puede.
De alguna forma El agente secreto dialoga también con Retratos fantasmas, un documental o mockumentary algo ninguneado en la filmografía del brasileño. Esta película presentada fuera de la competencia oficial en el festival de Cannes 2023 es un «mapa sentimental» de Recife, su ciudad natal, y un emotivo homenaje a las salas oscuras del séptimo arte. El documental recorre los lugares que han marcado la vida del cineasta, empezando por el barrio en el que creció en Recife (nordeste) y la casa familiar, tan presente en algunos de sus filmes. No es casualidad, en este sentido, que los cines son un escenario preponderante en El agente secreto. El suegro de Marcelo, que está al cuidado de su hijo, es el proyeccionista a cargo del cine de barrio. Cine donde se pasa Tiburón, el gran fenómeno cinematográfico del que todos hablan, sobre todo el hijo de Marcelo a través de sus dibujos.
Mendonça Filho no se avergüenza en comenzar la trama con una dosis de terror surrealista sobre un cadáver abandonado pudriéndose a la intemperie. Y más tarde, presentando al jefe corrupto de policía Euclides (Robério Diógenes) y sus hijos acudiendo a una improvisada autopsia de un tiburón encontrado con una pierna humana en su estómago. Nuevamente la trama se eleva hacia un metalenguaje. El tiburón y la pierna peluda pasan a estar dentro del film que a ratos se codea con el cine de ciencia ficción de los años 50 y 60. El fanatismo del director por este cine es el inconsciente colectivo de la gente de Recife. Se lee en la prensa, se escucha en la radio. Mendonça Filho no sólo habla de este inconsciente sino que lo recrea entrando a ratos en colecciones cinéfilas sacadas desde otro cajón.
La subtrama de la pierna peluda, por ejemplo, entra al terreno del body horror por vía de una genial leyenda urbana brasileña similar al del Chupacabras en Chile—en una escena curiosamente contada desde un over shoulder de la pierna con la música El espejo de la bruja sonando de fondo. Todo esto alude a un miedo colectivo, pero también a un sensacionalismo mediático que sirve para distraernos comunicacionalmente de los problemas importantes.
El agente secreto no es de estructura fácil. Exige mucha atención, tanto al niño de trece años como al padre de cincuenta. El entramado de personajes y relaciones se enreda cuando el film introduce en un flash forward a Flávia (Laura Lufési), una estudiante que junto a una compañera de trabajo indagan los acontecimientos por medio de grabaciones en cintas. El director y Eduardo Serrano, su montajista de cabecera, revelan a estos personajes con repentinos saltos de tiempo y lugar. Esta es la única debilidad de El agente secreto, que más que aclarar, resulta ser una dispersión narrativa que hace difícil seguir el orden de los acontecimientos, sus relaciones y sobre todo el discurso.
Con un diseño de producción realista en su gran mayoría, salvo por aquellas licencias de género que se toma el director, la película respira una realidad citadina con segundos y terceros planos que hacen ver a ratos el filme como un homenaje documental al Recife de los 70.
Impecablemente fotografiada en su primera colaboración con el director, Eugenia Alexandrova plasma una paleta contrastada con una temperatura cálida en su cinematografía y un trabajo de colores primarios donde el amarillo, rojo y verde llegan a su máxima expresión.
El agente secreto desmitifica la lucha y la revolución. Ser agente no es una cosa glamurosa de espionaje con escenas de acción en escenarios sobrevalorados —estas historias, a menudo, idealizan el intervencionismo—. Ser un agente secreto es sentenciarse al peligro y a la violencia en honor a la verdad y a la dignidad, para así romper la bruma permanente de la mentira sostenida por la gran mayoría de los gobiernos. En este sentido, el trabajo de Wagner Moura es sobrecogedor. Él aparece y la cámara desaparece, los decorados y el carnaval son observados por el personaje como un turista en su propia tierra, regalándonos posiblemente una de las perfomances actorales más realistas de los últimos tiempos.
Kleber Mendonça Filho, abiertamente de izquierdas y que durante la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022) no dejó de criticar su política, se contenta con la vuelta de Luiz Inácio Lula da Silva. A sus 56 años, es un asiduo de la costa azul de la Croisette. Compitió por la Palma de Oro con Aquarius, en 2016, y con Bacurau, en 2019, con la que obtuvo el Premio del Jurado. Dos años después, fue miembro del jurado.
En 2025 y 2026 El agente secreto cosecha galardones en el festival de Cannes a la mejor dirección, premio a mejor actor para Wagner Moura, Globo de oro a mejor película de habla no inglesa y también mejor actor para Moura, antesala ideal para los premios Oscar de la academia, donde goza de cuatro nominaciones entre las cuales compite como finalista a mejor película y a mejor película internacional.
Ficha técnica
Título: El agente secreto.
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Reparto: Wagner Moura, Maria Fernanda Cândido, Gabriel Leone, Carlos Francisco, Alice Carvalho.
Año: 2025.
Color.
Sonido: Dolby Digital.
Duración: 161
Idioma: Portugués.
Nacionalidad: Francia, Brasil.
Estreno en salas/funciones: 26 de febrero de 2026
Distribuidora: MUBI
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