Por Isabel Agurto
La premisa en que se inspira Familia en renta, segundo largometraje de la directora japonesa Hikari, parte de un fenómeno real en Japón: empresas que arriendan personas para cumplir roles afectivos o sociales específicos en situaciones puntuales, como padres, parejas, amigos o colegas. En lugar de tratar este sistema como una rareza cultural o un mero dispositivo narrativo, la película opta por usarlo como marco para reflexionar sobre la actuación, la soledad y los límites entre simulacro y experiencia emocional.
La existencia de estas empresas no se presenta como anomalía, sino como un síntoma. Familia en renta observa una sociedad altamente funcional, eficiente y organizada, pero atravesada por una profunda dificultad para sostener vínculos sinceros en los cuales confiar. La soledad no aparece aquí como una falla individual, sino como una condición estructural. Personas que no pueden decir la verdad, que necesitan cumplir expectativas sociales o que simplemente no saben cómo pedir compañía sin mediación. El alquiler se vuelve entonces una solución práctica, aunque sea artificial.
En el centro del relato está Phillip, un actor extranjero interpretado por Brendan Fraser, que vive en Japón desde hace siete años, con una carrera estancada y una vida personal reducida a la mínima expresión. Su condición de extranjero no es solo cultural, sino también existencial. Phillip ocupa espacios y cumple funciones, pero parece no pertenecer del todo a ningún lugar.
Tras una etapa de pequeños trabajos y audiciones fallidas, acepta incorporarse a una agencia de “familias en renta”, donde comienza a interpretar papeles en la vida de otros, ya sea como padre ausente, pareja circunstancial o periodista improvisado. Lo que en principio funciona como un encargo profesional pronto se vuelve problemático, no tanto por el sistema en sí, sino por la imposibilidad del propio Phillip de mantener una distancia emocional frente a las personas con las que interactúa. Un trabajo claramente delimitado se desborda cuando los afectos involucrados resultan reales, aunque el contexto sea ficticio.
Con ternura y cierto humor esta película puede percibirse como liviana y efectista en lo emocional. Sin embargo, esa aparente suavidad no le resta espesor crítico. Hikari propone una reflexión ética accesible y deja abiertas preguntas relevantes: ¿es legítimo pagar por compañía?, ¿qué se espera realmente de quien presta este tipo de servicios?, ¿hasta dónde llega la responsabilidad emocional de quien interpreta un rol en la vida de otro? Preguntas que quedan abiertas, delegando el juicio final al espectador.
La película también se detiene en la vida urbana japonesa, con departamentos pequeños, rutinas aisladas y una noción de respeto por el otro que muchas veces implica distancia, Tokio aparece como una ciudad luminosa y, al mismo tiempo, profundamente solitaria. En ese contexto, no resulta extraño que alguien necesite contratar a otro para no atravesar solo ciertos momentos de la vida. La fotografía de Takurô Ishizaka acompaña este enfoque con una mirada funcional, más interesada en registrar atmósferas que en amplificar emociones.
El trabajo de Brendan Fraser es contenido y preciso. Interpreta a un actor que observa, duda y se involucra más de lo que debería, dejando aparecer sus emociones en silencios, miradas y pequeños gestos. Su actuación es el vehículo principal de las preguntas éticas que plantea la película.
Familia en renta observa el sistema de familias en alquiler sin cinismo. Estas empresas existen porque hay una demanda real. Personas solas, heridas, presionadas por mantener apariencias o incapaces de decir su verdad en una sociedad que privilegia la armonía por sobre la expresión emocional. Entiende este fenómeno como respuesta a una necesidad concreta y lo vincula a una reflexión más amplia sobre nuestra época, donde la comunicación es constante, pero el contacto genuino sigue siendo escaso.
En definitiva, se trata de una película emotiva, accesible y honesta. No busca deslumbrar ni provocar, sino acompañar. Y en tiempos donde la conexión humana parece cada vez más mediada, artificial o transaccional, esa apuesta por la ternura y la empatía no solo resulta válida, sino pertinente.
Ficha técnica
Título Original: Rental Family
Año: 2025
País: Estados Unidos / Japón (Coproducción)
Género: Drama, Comedia
Director: HIKARI (Mitsuyo Miyazaki)
Guion: HIKARI, Stephen Blahut
Reparto Principal: Brendan Fraser (Phillip Vandarpleog) – Mari Yamamoto (Aiko) – Takehiro Hira (Shinji) – Akira Emoto (Kikuo Hasegawa)
Duración: 103 minutos
Distribuidora: Cinecolor Chile
Estreno en cines: 8 de enero 2026
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