Crítica de cine “KPop Demon Hunters”: Un show magnético y calculado

Por Victoria Bustos Arancibia

Dirigida por Maggie Kang y Chris Appelhans, y producida por Sony Pictures Animation para Netflix, KPop Demon Hunters parte de una premisa extravagante: Huntrix, el girl group más popular del momento, lleva una doble vida como trío de cazadoras de demonios. Su arma secreta no es sólo el acero de sus espadas tradicionales coreanas, sino también su voz, capaz de fortalecer una barrera mágica (el Honmoon) que mantiene al rey demonio Gwi-Ma casi sin poder entre los humanos. Sus mayores obstáculos son los recién llegados Saja Boys, una boy band rival cuyos integrantes son, literalmente, demonios disfrazados de ídolos perfectos.

La anterior es la trama de una cinta con una mezcla de géneros, entre el coming of age, el drama de acción animado, la fantasía, e incluso la comedia ligera, que llega a preocupar por su cohesión narrativa, pero sucede que no es casual que una historia así cause tanto revuelo. La expansión global de la cultura coreana, junto al dominio de la escena musical de fenómenos como BTS o BLACKPINK hace al menos una década, y la consolidación de Sony como laboratorio visual tras la saga del Spider-Verse, convergen aquí de forma orgánica.

En lo visual, el largometraje tiene un despliegue que no deja indiferente a nadie. Animada íntegramente en CGI, adopta un aspecto tridimensional que imita la expresividad del 2D y del animé, con rostros que se deforman para potenciar el humor, líneas que se endurecen durante el combate, iluminación de neón digna de concierto pop. Es una animación que no busca el realismo, sino la euforia. Personajes que “saltan” entre poses, como si fueran ilustraciones en movimiento, con una fluidez sorprendente que convierte cada pelea y cada número musical en un videoclip animado hiperestilizado, manteniendo la atención de la audiencia. Son caricaturescos pero dinámicos. Hay una clara herencia del lenguaje de los dramas coreanos televisivos y los aeni (la animación producida en Corea del Sur), pero filtrada por la sensibilidad occidental.

Además, como musical funciona con una eficacia abrumante. “Golden”, “Takedown” o “Soda Pop” no son simples interludios melódicos, son dispositivos dramáticos, que aunque puede que no sean del gusto de todos los espectadores, tienen una alta capacidad adhesiva a la memoria, y pretenden reflejar, narrar o ilustrar sentimientos, acciones u otros fenómenos en el relato, igualando la energía que alguna vez tuvieron las populares canciones de Frozen (2013).

Narrativamente, la película es menos resuelta. El tropo del “héroe con un secreto” es demasiado familiar, al punto que la relación que Rumi tiene con sus compañeras de grupo y con Jinu es previsible y nada original. El clímax, aunque emotivo, no sorprende tanto como podría. Todos ellos síntomas de un guion, firmado por cuatro escritores, que subraya demasiado las características basales de sus personajes, en vez de ocupar ese espacio-tiempo en un mejor desarrollo del conflicto o de la interesante mitología que lo rodea, como si creyera que su público más joven no podría captar o apreciar mayores complejidades en este universo.

También es en su narrativa donde se encuentra la mayor paradoja de la fórmula: pese a que no innova respecto a otras historias, su elección temática es acertada porque es inagotable. La vergüenza de Rumi —que puede referir a una amplia variedad de análogos del mundo real, como la identidad racial, traumas, neurodivergencias, disidencias sexuales— conecta con una experiencia universal: el miedo a no encajar. Sin embargo, se trata de un recurso argumental muy amplio y, por lo mismo, debe su fuerza psicológica más a su particular estética e inspiración cultural.

KPop Demon Hunters no alcanza la riqueza emocional de las entregas más ambiciosas de Sony, pero parece que tampoco lo intenta. Apunta, en cambio, a un público más familiar y menos exigente, con una propuesta vibrante, clara en su mensaje de autoaceptación, intensamente entretenida, y en ese sentido es suficiente. Su historia es básica y sus conflictos, a veces, excesivamente esquemáticos, pero como espectáculo animado y como síntoma cultural, es fascinante. Demuestra, una vez más, que la animación comercial puede ser culturalmente específica sin dejar de ser global. Sin duda, es un éxito lleno de energía que marca un nuevo precedente, tanto en el cine como en la cultura pop internacional.

Ficha técnica

Título original: “KPop Demon Hunters”

Dirección: Maggie Kang, Chris Appelhans

Guion: Danya Jimenez, Hannah McMechan, Maggie Kang, Chris Appelhans

Fotografía: Gary H. Lee

Montaje: Nathan Schauf

Música: Marcelo Zarvos

Producción: Sony Pictures Animation

Reparto: Arden Cho, Ahn Hyo-seop, May Hong, Ji-young Yoo

País: Estados Unidos

Año: 2025

Duración: 95 minutos

Género: Animación; Familiar; Musical

Disponible por streaming en Netflix

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