Crítica de cine “Paprika”: Tan hipnótica como fría

Por Victoria Bustos Arancibia

Paprika de Satoshi Kon está considerada una de las obras maestras del cine de animación, una cinta que sumerge al espectador en un mundo de sueños, pesadillas y percepciones distorsionadas. Basada en la novela de Yasutaka Tsutsui, esta película de 2006 que vuelve a cines remasterizada, se presenta como un festín visual y conceptual que explora la dualidad entre la realidad y la ficción en un thriller de ciencia ficción.

La película se sitúa en un futuro cercano donde el DC Mini, un dispositivo capaz de permitir la invasión y el intercambio de sueños, es robado y utilizado para provocar colapsos mentales. La doctora Atsuko Chiba, investigadora en psicología, recurre ilegalmente a esta misma tecnología con la que ha estado trabajando, para tratar pacientes de forma clandestina bajo una identidad onírica: Paprika. A medida que el uso del dispositivo se descontrola, los límites entre sueño y realidad comienzan a desvanecerse, desatando pesadillas colectivas en el mundo real. Así, Atsuko, sus colegas y un detective atormentado por sus propios sueños, se ven arrastrados a una lucha por preservar la individualidad humana y la sanidad mental.

Para cuando la cinta comienza, la disolución de fronteras entre sueño y realidad ya ha comenzado, ilustrado desde el inicio por la dualidad entre la doctora Chiba y Paprika. Esa lógica de mundos que se sirven y funden los unos a los otros, se replica en su estructura narrativa, fragmentada y deliberadamente confusa, que obliga al espectador a experimentar la historia del mismo modo en que se experimenta un sueño: sin mayores explicaciones, guiado por asociaciones, repeticiones y sensaciones, más que por causalidades claras.

La dirección de Kon, acompañado por un equipo de talento excepcional en animación, diseño y música, crea un entorno en el que la estética vibrante y los efectos surrealistas logran a cabalidad su cometido de vivencia inmersiva desenfrenada, que no sólo impresiona, sino que también se propone servir de vehículo para explorar temas como la identidad, los deseos profundos y, especialmente, la ética tecnológica. En este sentido, Paprika pone en la mesa la discusión alrededor del uso irresponsable de los avances de la tecnología. El DC Mini, concebido como herramienta terapéutica, se transforma en un arma capaz de violentar la intimidad más profunda del ser humano, un paradigma que preocupa a la psiquis social, siendo reflejado ampliamente en ficciones distópicas. Por ello es que la urgencia de descubrir al villano de este relato se siente especialmente latente, ya que la pesadilla colectiva que los acecha podría llevar a su mundo, tan parecido al nuestro, a un caos aún mayor.

Otro de los reconocidos grandes aciertos formales del filme son las secuencias de ensueño, las cuales mezclan objetos que toman vida, con figuras ominosas, escenas inspiradas en películas y hasta representaciones más realistas, captando a la perfección como tanto pesadillas y fantasías pueden ser mundos desbordados o contenidos según el inconsciente dicte, o como ocurre en esta película, también según como quien está invadiendo tu mente mande.

El deleite visual se acompaña perfectamente por la banda sonora, compuesta por Susumu Hirasawa, que complementa la atmósfera psicodélica, usando voces generadas por Vocaloid para crear una combinación única y atractiva.

No obstante, allí donde Paprika deslumbra, también revela sus límites. Por ejemplo, a diferencia de su antecesora, Perfect Blue (1997) presenta una confusión controlada que es acompañada de una profunda inmersión emocional en la mente de su protagonista, y hasta esboza directamente las motivaciones del antagonista, pero aquí los personajes se sienten más distantes, más superficiales, y como si pertenecieran a un universo mucho más grande y con mayor contexto del que podemos realmente captar en la película, les faltan piezas para que nos sintamos completamente a gusto o cómodos con ellos en la gran pantalla. El resultado es una obra intelectualmente estimulante, pero que a veces parece fría, más interesada en desplegar posibilidades, que en generar un vínculo afectivo duradero con el espectador.

Por otro lado, en el guion de la cinta se percibe una procesión de eventos similar a la de un capítulo de una serie de animé, y no tanto el desarrollo más típico de largometraje. Además, la inclusión de escenas violentas y sexuales es controversial, porque éstas pueden resultar incómodas o desconcertantes, sumando una capa de complejidad moral a una obra que ya de por sí desafía la percepción y la lógica.

Aún así, Paprika permanece como una pieza clave del cine de animación adulta y del legado de Satoshi Kon. Su uso innovador del montaje, la música hipnótica y su imaginario inagotable la convierten en una experiencia que recompensa las revisiones atentas. Aunque carece de una emocionalidad palpable, y el relato pueda ser difícil de seguir para algunos espectadores quienes pueden sentirse perdidos en la maraña de símbolos, visiones y referencias, no deja de ser un producto que se ha ganado su estatus como filme de culto, aprovechando incluso la ambigüedad como parte de su sello y encanto.

Ficha técnica

Título original: “Papurika”

Dirección: Satoshi Kon

Guion: Satoshi Kon, Seishi Minakami. Basado en la novela de: Yasutaka Tsutsui

Fotografía: (animación) Michiya Katou

Montaje: Takeshi Seyama

Música: Susumu Hirasawa

Producción: Madhouse, Sony Pictures Entertainment Japan

Reparto de voces: Megumi Hayashibara, Tôru Emori, Katsunosuke Hori

País: Japón

Año: 2006

Duración: 90 minutos

Género: Animé; Misterio; Ciencia ficción

Distribuidora: Cinetopia

Estreno en salas de cine: 8 de enero de 2026

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