Crítica de cine «Primate»: La mezcla eficaz de supervivencia, sangre y terror animal

Por Violeta Díaz

Dirigida por Johannes Roberts (Terror a 47 metros, Los extraños, Resident Evil: Bienvenidos a Racoon City), Primate se desenvuelve de lleno en el subgénero de terror animal y de supervivencia, jugando con elementos como el gore. La película sigue a Lucy (Johnny Sequoyah) y su grupo de amigos que durante una fiesta deben enfrentarse a la mascota de la familia, un chimpancé contagiado con rabia, quien se vuelve una amenaza física e incontrolable. A partir de esta simple premisa, el filme articula una combinación reconocible pero efectiva: el slasher, gore y el terror animal, sosteniendo el suspenso y la tensión por la sobrevivencia de los personajes.

En entregas anteriores, Roberts ya había mostrado una tendencia por el terror animal. La saga de A 47 metros posicionó al tiburón como una amenaza constante, un depredador que convierte el encierro y la imposibilidad de escape en el motor del miedo. En Primate, también se sigue esa lógica que se traslada a tierra firme y adopta la figura de un chimpancé que, pese a su presencia inquietante, logra despertar cierta empatía en el primer tercio del relato, incluso después de una secuencia inicial marcada por la violencia explícita.

Desde la primera secuencia se instala el tono que dominará todo el relato. Tomas oscuras en un bosque frondoso y en medio, una jaula aislada. La cámara sigue a un hombre que aparenta ser veterinario mientras intenta comunicarse con el animal que vive en su interior. No hay sonidos, ni música, solo silencio y suspenso. El hombre prepara una inyección y avanza con cautela, de pronto un plano medio revela parcialmente el rostro de un chimpancé: la mirada perdida y un gesto inquietante. En segundos la tensión estalla cuando el animal atrae a su víctima hacia su guarida y la película cobra su primera víctima en un estallido de violencia altamente explícita.

La película privilegia el impacto y juega con el morbo y el jumpscare, invitando al espectador a experimentar la violencia más que observar desde la distancia. Es así como se apuesta por ataques repentinos, encuadres cerrados, y musicalización que alterna entre los silencios prolongados y estallidos sonoros abruptos, reforzando la sensación de amenaza constante. También, se acentúa la necesidad de supervivencia con el uso de planos subjetivos, donde la cámara nos pone en la perspectiva del personaje en pantalla, como en las persecuciones dentro de la casa y en la piscina. Así, las muertes no se pueden predecir, sino que irrumpen de forma brusca obligándonos a reaccionar.

La piscina es otro elemento a destacar. Este espacio emerge como uno de los elementos más efectivos y distintivos del relato, ya que gran parte de la acción transcurre ahí. Lucy, su hermana y amigos deciden refugiarse en la piscina, puesto que Ben, el chimpancé, no sabe nadar, el problema es que la única salida es bloqueada por animal que cada minuto se vuelve más violento y fuera de sí debido a la rabia. Pero con el pasar de las horas el lugar también comienza a volverse hostil: nadar implica cansancio, salir expone al ataque y permanecer quietos parece imposible cuando uno de ellos se encuentra en peligro.

En cuanto al gore, se incluyen escenas acompañadas de tomas gráficas y efectos de sonidos de forma dosificada, no existe un exceso, lo que podría jugarle en contra al filme si se pretendía construir una experiencia audiovisualmente visceral. Aun así, logra inquietar con la sola presencia de Ben. El foco se desplaza a las acciones y expresiones del primate, mostrando la rabia en sus ojos y cada movimiento despertando el clásico temor a los primates cuya imagen es una mezcla de la ternura animal y el recordatorio inquietante de lo similares que son a los humanos y de cuanto nos reconocemos en ellos. Este tipo de temor no es nuevo en el cine y ha sido explorado en títulos como El planeta de los simios o ¡Nop!, donde se evidencia hasta dónde pueden llegar aquellos que, según la teoría de la evolución, fueron nuestros antepasados

Ese miedo se articula también a partir de los vínculos humanos que rodean a Lucy, en especial su relación con Kate (Victoria Wyant), su mejor amiga, cuya cercanía emocional amplifica el impacto de las secuencias más violentas, así como en aquellas que involucran a su hermana menor, Erin (Gia Hunter), donde la amenaza adquiere un peso aún más inmediato y vulnerable.

En conjunto, el reparto consigue llevar la trama, aunque no se trate de uno de los aspectos más destacables de la película, con la excepción de dos interpretaciones que se llevan la atención: Adam, el padre (Troy Kotsur) y Hannah, la amiga de Kate (Jessica Alexander). Por un lado, la interpretación de Lucy resulta correcta en términos generales al igual que el resto del elenco. Pero la trama se eleva considerablemente con la actuación de Troy Kotsur (ganador de un Óscar) pese a ser acotada, aporta una capa adicional de suspenso, especialmente a partir del uso narrativo de su discapacidad auditiva. Asimismo, Jessica Alexander, encarna con precisión el arquetipo de scream queen y funciona como el personaje “cable a tierra”, que desde el inicio siente temor por Ben y anticipa el peligro.

En definitiva, Primate no busca reinventar el cine de terror ni romper con las fórmulas del género, pero entiende bien sus reglas y las ejecuta con eficacia. La combinación entre terror animal, elementos del slasher y una puesta en escena enfocada en la experiencia sensorial permite que la película mantenga el interés y cumpla su objetivo principal: generar inquietud y suspenso. Sin ser una obra particularmente profunda, funciona como un ejercicio entretenido dentro del cine de horror contemporáneo, especialmente para quienes disfrutan de relatos de supervivencia y amenazas concretas, donde el miedo proviene menos de lo sobrenatural y más de lo primitivo.

Ficha técnica

Título: Primate

Género: Terror

Dirección: Johannes Roberts

Reparto: Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Troy Kotsur, Victoria Wyant, Gia Hunter, Benjamin Cheng y Miguel Torres Umba.

Año: 2025

País: Estados Unidos

Duración: 89 minutos

Estreno en Chile: 8 de enero

Distribuye: Andes Films

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