Crítica de cine “Proyecto fin del mundo”: Una amistad interespacial

Por Yanara Barra

A primera vista, Proyecto fin del mundo, dirigida por Phil Lord y Christopher Miller y protagonizada por Ryan Gosling, se presenta como una más dentro del amplio catálogo de películas sobre el fin del mundo y viajes espaciales. Sin embargo, esa primera impresión se mantiene solo hasta la mitad del film, momento en que la historia da un giro inesperado que la eleva por sobre lo convencional, transformándola en una experiencia mucho más profunda y emocional de lo que aparenta en un inicio.

Rylan Grace (interpretado por Gosling) es un biólogo molecular brillante que, por circunstancias personales, termina ejerciendo como profesor de ciencias en un colegio. Su vida da un vuelco cuando es contactado por la NASA para investigar unas misteriosas manchas negras que han comenzado a aparecer alrededor del sol. Estas entidades, denominadas astrofagos, consumen la energía solar, lo que implica una amenaza directa para la supervivencia de la vida en la Tierra. A partir de este descubrimiento, la trama instala una tensión constante: el tiempo se agota y las respuestas no son evidentes.

Los científicos descubren que una estrella fuera de nuestro sistema solar no se ve afectada por los astrofagos, lo que abre una posibilidad de salvación. Para investigarlo, se organiza una misión espacial que, desde el inicio, se plantea como un viaje sin retorno. Grace, a pesar de sus dudas y resistencias iniciales, termina formando parte de una tripulación compuesta por dos personas más, enfrentándose a una decisión que pone en juego, no solo su conocimiento, sino también su sentido de responsabilidad y humanidad.

Cuando Grace despierta de un coma inducido, se encuentra completamente solo en la nave, sin recuerdos claros y con la angustiante revelación de que sus compañeros han muerto. Este punto marca uno de los momentos más introspectivos de la película, donde la soledad, la confusión y el instinto de supervivencia se entrelazan. En medio de ese escenario, aparece otra nave espacial, lo que da paso a uno de los elementos más originales de la película: el encuentro con Rocky, un ser de otra galaxia compuesto de roca, que comparte la misma misión. A través de la tecnología, ambos logran comunicarse, desarrollando un lenguaje común que no solo les permite colaborar, sino también construir una relación profesional.

A medida que avanzan en su investigación para detener a los astrofagos, la relación entre Grace y Rocky evoluciona hacia una amistad genuina, marcada por la confianza, la lealtad, el sacrificio y la cooperación. Este vínculo se convierte en el corazón emocional de la película, recordándonos que incluso en los contextos más improbables, la conexión con otro ser puede ser lo que nos impulsa a seguir adelante.

La película puede abordarse desde múltiples perspectivas. Más allá de su mirada de ciencia ficción, plantea reflexiones sobre la valentía, el sacrificio por el bien común, la construcción de la amistad y la necesidad de compañía. También invita a cuestionarse sobre las decisiones que tomamos en la vida y si realmente estamos viviendo de acuerdo con lo que queremos. Estas preguntas permanecen en el espectador incluso después de terminada la película, convirtiéndola en una experiencia reflexiva además de entretenida. Sumado a esto, su formato IMAX potencia la inmersión, logrando que el espectador se sienta dentro de la nave, compartiendo cada momento con el protagonista.

Desde un punto de vista técnico, la narración se construye a partir de saltos temporales. La historia comienza en el espacio, con Grace despertando sin memoria, y poco a poco se reconstruye su pasado a través de recuerdos que emergen de manera fragmentada. Este recurso no solo mantiene el interés, sino que también permite al espectador descubrir la historia al mismo ritmo que el personaje, generando una conexión más íntima con su experiencia.

En cuanto a la ciencia ficción, la película propone una mirada interesante sobre la comunicación y la tecnología como puente para entendernos más allá del lenguaje, creando códigos compartidos que permiten la colaboración y la empatía entre especies completamente distintas. Este aspecto no solo es innovador, sino también esperanzador en un contexto donde la falta de comunicación suele ser una barrera. Y como era de esperarse, el film equilibra muy bien momentos de tensión con instantes de humor y emoción.

La actuación de Gosling logra transmitir vulnerabilidad y humanidad, llevando al espectador a conectar profundamente con su personaje (sí, hubo personas llorando en sala).

Para quienes quieran profundizar aún más en esta historia, pueden leer Project Hail Mary, escrita por Andy Weir, en la que se basa la película y que amplía aún más este fascinante universo.

Ficha Técnica

Título original: Proyecto Fin del Mundo

Duración: 104 minutos.

Año de estreno: 2025.

País de origen: Estados Unidos

Dirección: Phil Lord y Christopher Miller

Guión: Drew Goddard,Andy Weir

Reparto: Ryan Gosling, Sandra Hüller, James Ortiz

Director de Fotografía: Greig Fraser

Música: Daniel Pemberton

Diseño de Producción: Charles Wood

Dirección de Arte: Thomas Brown

Producción: IMDB PRO

Distribución: Andes Films

 

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