Por Ignacia Pezoa
Scarlet es una adaptación de Hamlet, una obra que trata la venganza como uno de sus ejes principales, que termina convirtiéndose en un mensaje de paz y esperanza para el futuro. En esta película el director Mamoru Hosoda (El niño y la bestia, Belle, Los niños lobo) deja explícitas sus reflexiones sobre la muerte, la maldad del ser humano y su sed de poder, y el peligro que esto último conlleva para una vida en sociedad.
Una de las obras de Shakespeare que más habita en la cultura popular es Hamlet, cuya trama es también reconocible en otras películas como El rey león (1994) o The Northman (2022): un príncipe ve cómo su padre es asesinado por su tío y debe recorrer un camino de crecimiento – y entrenamiento – para poder vengarse y recuperar su reino.
En este sentido, Scarlet no es la excepción y dedica unos minutos al principio del filme para la historia shakesperiana en donde nos muestran que Scarlet, princesa de Dinamarca, inmediatamente después de la muerte de su padre decide aprender a pelear tanto cuerpo a cuerpo como con espadas y se obsesiona con la idea de asesinar a su tío Claudio y vengar a su padre. Pese a todos sus esfuerzos, el tío envenena su copa y la princesa muere.
Frustrada por no conseguir su objetivo, despierta en la Tierra de los Muertos, una especie de limbo en el que transcurre todo el resto de la película, y descubre que Claudio también ha muerto, por lo que en esta tierra tiene una segunda oportunidad para llevar a cabo su venganza.
La Tierra de los Muertos resulta un espacio en el que Hosoda logra plasmar todas sus reflexiones en torno a la humanidad, ya que en este lugar las personas – incluso después de muertos – aún tienen tendencias a la violencia, a robar, a acaparar el poder e incluso a torturar a otros.
Sin embargo, el funcionamiento de esta tierra no se logra entender del todo. Hijiri, un hombre que también murió y llegó al limbo, se encuentra con Scarlet y deciden seguir su camino juntos. La particularidad de Hijiri es que él es médico y vivía en una época contemporánea, con altos edificios y tecnología actual, a diferencia del resto de los personajes que son más bien medievales. Se capta la idea de que este en espacio se encuentran todas las personas fallecidas, por lo que no tiene una temporalidad concreta, pero Hijiri es el único que viene “del futuro”.
En un principio la relación de Scarlet con Hijiri es casi nula y fruto de una casualidad. Ambos eligen acompañarse sólo porque se dirigen hacia la escalera que los sacará del limbo y ya. No tienen nada en común. Ella toda su vida eligió la venganza y se entrenó para asesinar, él eligió una profesión en la que salva vidas; ella no cree en que las personas puedan cambiar, él tiene como filosofía de vida que hay que perdonar y confiar en los otros. Entre los personajes no hay química, pero, sin ningún tipo de anticipación y de manera forzosa, se enamoran.
El amor que nace entre ambos logra que la princesa considere abandonar su objetivo original de asesinar a su tío para vengar a su padre. El amor también hace que suceda algo extraño – que sólo pasa en esta ocasión, ni antes ni después – y es que descubrimos que Scarlet tiene el poder de viajar en el tiempo y visita la época en la que vive Hijiri. Acá la princesa medieval conoce la tecnología y las construcciones de un Japón contemporáneo, todo esto mientras ambos bailan en medio de una multitud.
Cuando “vuelve” al presente – al limbo –, maravillada por el futuro, decide que la venganza que planeó durante tanto tiempo no es la mejor forma de actuar y elige adoptar el perdón como forma de evitar más conflictos y así construir “un mundo mejor”. En cierto sentido, es una lección que Scarlet logra aprender al abrir sus ojos ante algo más grande que ella, pero que parece basada no en un pensamiento crítico de su entorno y su época, sino en la magia de enamorarse.
Si el guion es complicado de seguir por su inconsistencia, la propuesta visual termina por romper la inmersión que podría haber logrado tener la película. Estéticamente resulta incómoda.
Las escenas que se sitúan en el pasado son de una clásica animación 2D característica del anime, con una tonalidad lúgubre que hace referencia a una época medieval, pero la Tierra de los Muertos tiene más bien una estética extraña en la que las peleas se vuelven 3D, los fondos son hiperrealistas y los personajes siguen siendo bidimensionales. Hay una intención de separar estos dos mundos de una forma experimental, sí, pero también cae en el uso injustificado del CGI.
Mamoru Hosoda explicó que la idea de Scarlet nació en el 2022, en el momento en que terminó la pandemia, pero empezaron los conflictos armados internacionales. En este sentido, la película plantea una premisa sumamente relevante para el contexto actual, aunque la ejecución no logra estar a la altura del mensaje que busca entregar.
Ficha técnica
Título: Scarlet
Título original: “(果てしなきスカーレット) Hateshinaki Sukāretto”
Dirección: Mamoru Hosoda
Guion: Mamoru Hosoda, Todd Haberkorn. Basada en «Hamlet» de William Shakespeare
Montaje: Shigeru Nishiyama
Música: Taisei Iwasaki
Producción: Studio Chizu, Nippon Television, Columbia Pictures
Reparto: Mana Ashida, Masaki Okada, Masachika Ichimura
País: Japón
Año: 2025
Duración: 111 minutos
Género: Animación
Distribución: Andes Films
Estreno en salas 12 de marzo
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