Por Sergio Castro-San Martín
La cuarta película del director gallego Oliver Laxe (Todos vosotros sois capitanes, Mimosas, Lo que arde) ganadora del premio del jurado en la competencia oficial de Cannes, parece ser más una declaración de principios que una roadmovie en código dramático.
Un hombre, el connotado actor Sergi López, y su hijo (Bruno Núñez) llegan a una rave perdida en medio de las montañas del sur de Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida en una de esas fiestas sin amanecer. Allí deciden seguir a un grupo de raveros en la búsqueda de una última fiesta donde esperan encontrar a la joven.
En Siràt es imposible no removerse por dentro. Difícil no preguntarnos por la raíz del cine y también de aquello que nos envuelve a todos: la trascendencia y hábitat en este mundo.
De acuerdo con el Islam As–Sirāt es el puente que todo ser humano debe cruzar el día de resurrección para llegar al Yanna (Paraíso). No se menciona en el Corán, pero se describe en el Hadith (dialecto coloquial de los seguidores de Maoma). Se dice que el As-Sirāt es más delgado que un cabello y tan afilado como un cuchillo y que debajo de este camino están los fuegos del infierno, que quema a los pecadores para hacerlos caer.
Para quien conoce la filmografía de Laxe, al leer el primer texto, la primera no imagen de la película impresa sobre un frame negro se intuye lo que puede acontecer; una cinta sobre el cielo y el infierno; una película sobre el apocalípsis del mundo.
Siràt propina un golpe al espectador dado por la brutal realidad con la que el realizador pavimenta sus escenas. Con una impecable cinematografía en 35 mm a cargo de Mauro Herce, colaborador de los dos últimos filmes de Laxe y el rave techno a cargo del nominado al Oscar Kangding Ray, esta road movie avanza a través de la repetición. La estructura musical de Siràt es el esqueleto de la película. De esta forma el camino, el desierto, el fuego y la música son dispositivos que envuelven el imaginario de personajes que pareciera no importarles el rumbo que tienen. La estructura tribal de la música electrónica en base al beat y a la mezcla de sus sonidos bajos y sub-bajos es lo que le da la pista a Laxe para entrar en el terreno metafísico del cine estudiando la naturaleza fundamental del ser, la existencia, el tiempo, el espacio y por supuesto, la causalidad.
Vale preguntarse si en Siràt es la música la que nace antes del guion o si van por caminos paralelos a la hora de la construcción narrativa y audiovisual de la cinta.
“La música no es para escuchar, es para bailar” dice una de las raveras exponiendo la fragilidad de la vida mientras sigue sonando el techno, resignificando el instante, lo presente, lo espontáneo.
Laxe inicia sus historias con personajes arquetípicos de aquellos guiones de aventuras, incluso muy masculinos como el padre, ese hombre abatido por la perdida de su hija y de su familia. López es nuestros ojos, viaja dentro de un mundo que no conoce y ese mundo es el que le va mostrando aquella “nueva familia” que entre alucinaciones y viajes lisérgicos deja atrás la premisa de la búsqueda.
Siràt no es una película perfecta. Tiene baches, algunos más notorios, como todo lo póstumo al momento más importante en la vida del personaje de Luis (Sergi López) donde la huella de lo acontecido es abandonada de manera algo errática en la dramaturgia y el fuego interno del protagonista. Sin embargo, la hipnosis musical de la repetición y el polvo del desierto te permiten perdonarla rápidamente y es ahí donde comienza la verdadera peregrinación de la nueva familia de Siràt, trascendiendo aún más allá que una película atmosférica. Y es porque Laxe es un director de la imagen, no de la imagen perfecta o estilizada sino de la imagen real. A ratos Siràt le roba recursos y dispositivos al documental de ensayo y porque no decirlo también, al mundo futurista de Mad Max (1979) de George Miller entrando en géneros distópicos y apocalípticos del cine moderno.
La estilización en Siràt sólo aparece para aquellos elementos abstractos. El inicio del film parece más una obra Land Art con un cuidado travelling hacia una de las cajas negras que son aquellos parlantes donde nos introduciremos para luego presentarnos lo que será la postal del film: un grupo de módulos de resonancia con la montaña del desierto detrás. No hay presencia humana, sólo cosas. Es imposible no asociar este inicio con la apertura de su film anterior, ganador de la competencia Una cierta Mirada del festival de Cannes, Lo que arde y aquellas máquinas aparentemente extraterrestres en medio del bosque derribando árboles.
El cineasta filma los objetos como si fueran humanos y a los humanos como si fueran elementos perdidos. El desierto sabe más que ellos. El aire los maneja y los controla y, en ese sentido, Siràt es también una declaración sobre el territorio y lo que se pelea con él. No es casualidad que el conflicto bélico-civil sea una sub-trama dentro del guion aportándole aventura y escapatoria a sus personajes.
Ficha técnica
Título: Siràt
Dirección: Oliver Laxe
Reparto: Sergi López (Luis), Bruno Núñez Arjona (Esteban), Stefania Gadda (Steff), Joshua Liam (Josh), Richard Bellamy (Bigui), Tonin Janvier (Tonin), Jade Oukid (Jade)
Año: 2025
Color
Sonido: Dolby Digital.
Duración: 120
Idioma: Castellano
Nacionalidad: España y Francia
Estreno en salas/funciones: Festival de Cine UC / Estreno en salas (29 de enero de 2026)
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