Crítica de danza “Yacimiento”: Memorias de una tierra extraída

Por Romina Burbano Pabst

Chuquicamata, no sé si se te escribe en pasado, pues hay polvo en tu recuerdo. Un polvo fino que cubre los días, las personas y las calles que por ti anduvieron. El silencio de tu desierto interrumpido por la maquinaria, deja noches heladas. Vivir contigo era aprender a resistir, cómo si supiéramos que en algún momento habría que irse. Ahora solo queda el paisaje inclemente de los cuerpos que aprendieron a vivir con tu tierra abierta, agrietada, rota, rasposa, ronca.

Yacimiento es una obra interdisciplinaria que indaga en el vínculo entre el paisaje extremo, la extracción minera y una comunidad que forjó su vida en torno al mineral, para hacer aparecer la memoria sensible de un lugar que dejó de ser habitado. Chuquicamata es una emblemática mina de cobre y oro a rajo abierto, ubicada a 15 kilómetros de Calama, en el norte de Chile. Más allá de ser la mina de cobre más grande del mundo, Chuquicamata se configura como un paisaje extremo, donde la geografía, el clima y la actividad humana se entrelazan en la memoria de cientos de personas que dejaron atrás su hogar.

Co-dirigida por Camila de la Jara Bravo y Andrea Gómez, la pieza propone un viaje hacia las memorias de sus creadoras, quienes vivieron su infancia y adolescencia en Chuquicamata hasta el 2007, año en que el asentamiento dejó de ser habitado. A través de la figura de la “mujer de cobre”, Yacimiento invita al público a ser parte de una peregrinación hacia las profundidades del territorio, donde lo geográfico, climático, industrial y social emergen mediante distintos dispositivos escenográficos. Son el audio, los videos, los juegos de luces, las linternas y placas de metal que no tratan de representar el lugar, sino de activarlo sensorialmente. Estos elementos, bien logrados, sumergen al espectador en una narrativa que se siente y se observa.

Las directoras reflexionan en torno a qué es lo que aún yace en los estratos de la memoria y la tierra, y como eje central está el cuerpo, un cuerpo que camina, reposa, desaparece, cambia y honra. Aquí, la inquietud por mantener viva la memoria no se presenta como una nostalgia inmóvil, sino como una práctica encarnada. El arraigo al territorio no está fijado al espacio físico, que ahora es inaccesible, sino a un conjunto de gestos, recorridos y afectos que persisten en el cuerpo. Esto es un gran hincapié que hace la obra, y es que recordar no es volver al lugar, sino activar lo que ese lugar dejó inscrito: sus sonidos, sus olores, sus colores, una forma de caminar, una forma de relacionarse, una forma de habitar. Es a través de la danza, los objetos escenográficos, el diseño sonoro, la teatralidad, que la memoria se vuelve viva, adquiere movimiento y presencia, en un espacio que es tan efímero como su historia.

En escena aparece un cuerpo danzante y distintos intérpretes como si la misma memoria se desplazara entre cuerpos. Son cuerpos que honran lo que fue, sin intentar reconstruirlo por completo, dejando que emerja como huella, como residuo sensible en los estratos de la escena. Esas corporalidades están atravesadas por Chuquicamata y sus minerales, la sequedad absoluta, las temperaturas oscilantes, el sol intenso y la escasez de agua; se refleja en sus gestos, sus movimientos y su tacto que conforma un espacio escénico que exige, de igual manera, adaptación constante y donde el cuerpo nunca termina de asentarse.

Yacimiento escribe desde la distancia, desde un tiempo que ya no le pertenece del todo. Sus personajes aún escuchan el viento seco que roza e insiste fuertemente en hacerse presente. Chuquicamata aparece como un territorio hecho de trabajo y espera, de casa que emergieron de la tierra para luego ser devueltas a ella, de cuerpos que aprendieron a habitar un suelo roto, agrietado. La obra busca abrir un pasado, permite que la historia que parecía ser destinada al olvido vuelve a respirarse, frágil y persistente, en el presente escénico.

Es interesante, también, observar cómo la obra aborda el tema de la extracción minera, ya que ésta establece una relación ambigua con la comunidad. Por un lado, otorga sustento, identidad y pertenencia; por otro, consume cuerpos, erosiona vínculos y precariza la permanencia. Esta relación se materializa con especial potencia en el diseño sonoro y lumínico, que acompaña el viaje escénico como una constante. Los sonidos metálicos, las vibraciones graves y los silencios abruptos evocan la maquinaria, el trabajo incesante y el desgaste acumulado, mientras que la iluminación, tan meticulosa, oscila entre destellos y zonas de penumbra, haciendo aparecer las sombras de Chuquicamata. La escena no solo representa la minería, sino que la hace sentirse en el cuerpo del espectador, construyendo una experiencia singular.

Cuando la actividad cesa y el campamento es desplazado, Chuquicamata se convierte en un pueblo fantasma: casas vacías, calles sin murmullos y el silencio vuelve a habitar lo que alguna vez fue suyo. Lo que queda es un territorio cargado de memoria, una memoria transeúnte que conserva las marcas de una comunidad que fue removida junto con el mineral. El desierto recupera su dominio y en escena, Chuquicamata, recuerda.

Yacimiento nos invita a habitar ese recuerdo como una presencia frágil y efímera, desde nuestras sensibilidades. Nos propone escuchar, observar y dejarse afectar. La memoria no aparece como algo fijo, sino como un gesto que se desplaza y que puede desaparecer en cualquier momento. En ese ejercicio, la obra nos propone una forma de estar con lo que ya no está: atender sus restos, sus resonancias, y asumir que recordar también es hacerse cargo de aquello que fue arrancado del territorio y de los cuerpos.

Ficha Técnica

Título: Yacimiento

País: Chile

Dirección general, escénica y performance: Andrea Gómez

Dirección general, diseño de instalación y performance: Camila de la Jara

Producción y composición sonora, performance y realización audiovisual: Antonia Valladares

Composición sonora y performance: Dian C. Guevara

Jefe técnico de iluminación y performance: Ignacio Trujillo

Diseño de vestuario: César Erazo

Producción general, realización audiovisual y comunicaciones: Elisa Torres

Coordenadas

Centro Cultural Gabriela Mistral GAM

Festival Teatro a Mil

Del 21 al 23 de Enero 2026 

Duración: 55min

Edad: +8 años

Uso de luces estroboscópica, humo, sonidos fuertes, música estridente, oscuridad por tiempo prolongado y penumbras.

 

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