Crítica de Teatro “Alas Negras”: La violencia de la indiferencia

 

Por Fernando Garrido Riquelme

La emergencia migratoria que ha suscitado la llegada de extranjeros a nuestro país, nos ha confrontado a una serie de cuestionamientos sobre la naturaleza de nuestras relaciones y la supuesta homogeneidad cultural que nos define. Así mismo, la mutación del paisaje humano que han experimentado nuestras ciudades, han acelerado la manifestación de nuestras fantasías sobre estos otros, fantasías que expresan desde nuestro paternalismo subordinante hasta la más feroz de nuestra violencia o indiferencia. El caso de Joane Florvil, muerta luego de ser detenida tras ser acusada de abandono de su hijo en una oficina de Lo Prado, se inscribe dentro de estas coordenadas; la compañía “Teatro La Máquina” articula en su propuesta Alas Negras una lectura que explorara las distintas dimensiones que el caso conlleva. Dirigida por Claudia Fernández, nos confronta contra las diversas caras que el caso desnudó, caras diversas y en confrontación, las que coinciden en participar todas de la experiencia común de la crueldad y la indiferencia ante el martirio de Joane Florvil, incluso más allá de su muerte.

Pero no hay que extraviarse, Alas Negras no es una mera denuncia de la abyección en la cual nuestra sociedad se sostiene o perpetua. Eso sería reducir la obra a un panfleto eficiente o elaborado. Y Alas Negras ante todo, es una buena obra, articulada sobre tres ejes fundamentales.


El primero de ellos es la sobriedad escénica. La delimitación del espacio de representación, es de un acertado minimalismo, el cual se complementa de forma eficiente durante todo el desarrollo con un trabajo audiovisual que define las atmósferas sin ser redundante o distractor de lo representado.

En segundo, lugar, una dramaturgia acertada y sinuosa, que nos transporta por las distintas aristas de lo que el caso de Joane Florvil connota, incluidos testimonios, informes, fechas, datos, nombre y apellidos, calles y casas, numerales. Su ritmo y estructura transita desde la cloaca enunciativa de las redes sociales o los medios de comunicación, hasta la intimidad exasperada, a la humanidad anulada y pisoteada de Joane, incluidos calabozos, pasillos de hospital y el buenismo patético fascinado con un exotismo que identifica al haitiano como un medio y no un fin, un ser a medio camino entre la mascota y el humano.

Pero ninguno de los dos elementos descritos anteriormente podrían tener un feliz desenlace si no fuese por una actuación que los contenga y aúne. Constanza Ojeda, de riguroso blanco y pelo tomado, es un lienzo sobre el cual estos dispositivos adquieren destino, salvando incluso los ripios que arrastran. Conforme avanza la obra, de su rostro surgen momentos y escenas completas, imprimiendo en él un nutrido inventario emocional de los sucesos; por medio de ella Joane nos clama en un perfecto creole un secreto que trasciende las literalidades, confrontándonos en ese espacio común donde la emoción define lo humano, ese espacio que para ella fue vedado. De una expresividad avasallante, su performance a lo largo de la obra, logra en todo momento hacer verosímil el trayecto propuesto por la dramaturgia, y así mismo, con la sola capacidad y precisión de su gesto, situarnos frente a la incomprensión y desesperación de Joane, así como de los distintos mundos propuestos.

Sobre un escenario desprovisto de mayores elementos que la delimitación perimetral de un cuadrado, Claudia Fernández logra construir en la interpretación de Ojeda, una crítica que nos hace recorrer el péndulo sobre el que describe un racismo que va desde nuestras instituciones, hasta las interacciones cara a cara que alimentan nuestro día a día. Un racismo que no precisa de folklorismos reivindicatorios o de grandes acciones para su expresión, que se basta a si mismo articulando las posibilidades que le permiten la inercia y la indolencia. De ahí que Alas Negras se nos presente como un montaje que es más que su texto y el objeto sobre el que articula su crítica, y es más que la actriz y su potencia. Es en la unión de todos esos elementos lo que transforma Alas Negras en un monólogo hilarante por momentos, profundo y serpenteante en lo emotivo, polifónico y acertado en su aproximación documental.

Desde el 26 de septiembre al 12 de octubre en Sala Tessier

Dirección: Claudia Fernández
Elenco: Constanza Ojeda
Dramaturgia: La Fábrica Teatro
Música: Arantza Araya
Audiovisual: Andrei Eichin 

Jueves, viernes y sábados a las 20:30 .
$ 5.000 general
$ 3.000 estudiantes
Sala Tessier

Dardignac #172, Recoleta. Metro Bellas Artes.

RESERVAS AL Nº +569 91987355 ó al correo: salatessier@gmail.com

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