Crítica de teatro “Clase magistral”: Asumir la cuarentena

 

Por César Cancino

Una reflexión que se ha instalado es la que comenta el desarrollo de nuevas formas de expresión artística que sí o sí deben surgir desde este nuevo estado pandémico de cosas. Trabajadores del arte y del audiovisual se están haciendo esta pregunta desde que el distanciamiento social y las cuarentenas parciales han llegado a romper el rito del trabajo en estas áreas: el renunciar al contacto físico y a la reunión ha provocado un cese obligado de la actividad. No solo redundando en la disminución dramática de las entradas monetarias, sino planteando la pregunta más allá. A la vuelta de todo esto, cómo volverán los “cuerpos”: aquellos instrumentos que hacen posible al cine, a la pintura, a la televisión.

Al teatro.

La pregunta también circunda al teatro. E insisto que, no solo relacionada con la imposibilidad de trabajar, de ensayar, de juntarse, de terminar proyectos, de concluir temporadas y giras. La pregunta también alcanza al regreso: cuánto tiempo pasará para convencer a la gente de que se encierre por una hora y media, en un lugar oscuro, y se siente junto a otros desconocidos. ¿Cuáles serán los primeros valientes en ir a meterse a una sala con personas a centímetros, para ver a actores en vivo, bufando y salivando hacia la galería?

La respuesta es difícil. Por lo tanto, también se ha hecho la pregunta previa: crear nuevas formas expresivas desde el teatro, ¿se puede? La reflexión ya se había instalado en las RRSS, con más o menos interés. Algunos que planteaban que el teatro es el “en vivo” o no lo es, otros que tenían listos muchos live para satisfacer a los públicos, otros que ya tenían la PYME de emitir grabaciones de obras por streaming, etc.

Hasta que el libre mercado hace que alguien sea el primero en ponerle el cascabel al gato, y ganarse el cetro de ser el gestor de “la primera obra de teatro online”, con todo lo que esto implica.

De la mano de la productora The Cow Company, llega la primera obra online, a través de la plataforma Zoom, con día, hora y código. Y con título, además: Clase magistral, con texto de Rafael Gumucio, y con la participación de Amparo Noguera, Luis Gnecco y Gabriel Urzúa. Todo esto dentro de un proyecto mas grande intitulado Living teatro. Un parafraseo digno de dupla humorística.

El experimento podría ser interesante: usar la plataforma de moda, justificando su “uso” de una manera creativa, y con participantes de la talla de los actores y autor mencionados anteriormente. Recordamos gestos como el de Sábado, la película, donde se ocupó la tendencia de moda en el cine, que era el plano secuencia muy crudo, a la Dogma 95, con la cámara “incluida” dentro del  lenguaje de la propuesta. Recordamos, también, la llegada de lo digital, por ejemplo, momento en que también surgió la pregunta sobre el uso de la tecnología frente a artes más puristas, y si se podrían “recrear” éstas a partir de matrices binarias y no solo humanas.

Efectivamente, llegamos a la hora señalada a instalarnos frente a nuestra pantalla, y dentro de una muy simple interface que emula un telón de teatro y eso, alcanzamos a ver parte de una muy informal bienvenida por parte del autor de la pieza, Rafael Gumucio.

Luego, empieza la obra: un profesor universitario (Gnecco) prepara su clase online, a la cual llega solo un solo alumno (Urzúa), quien erráticamente al rato provoca al mencionado profesor  una suerte de interrogatorio-para-hacerlo-caer, al tiempo que anuncia que todo el rato también estuvo conectada, pero en anónimo, la vice decana (Noguera), quien anuncia y apoya medidas disciplinarias en contra de este profesor, por supuestas conductas sexistas, de faltas de respeto, machismo, etc.

Hasta el momento pensábamos “oh, estamos ante Oleanna, pero sin Mamet”. Pero nada hacía presagiar que surgirían un par de giros aún, los cuales eran tanto o mas inverosímiles que todo lo anterior.

Y ahí altiro surgió la discusión sobre lo verosímil, la verdad y la ficción. En muchas aulas se habla de que el teatro, el arte, el cine, debe ser sobre lo verosímil, lo plausible de suceder, más que sobre la “verdad”. Porque la “verdad”, lo verdadero, era lo que estaba allá afuera. Por lo tanto, la ficción, que “comenta a la verdad”, debiera ser “verosímil”, debiera entregar un constructo que “pudiese constituir realidad”. Entonces, de alguna manera todo lo que se pudiera proponer desde este ejercicio (teatro online) debiera ser considerado “verosímil”, por lo tanto “bueno”, en términos positivistas, aun cuando el soporte que se ocupa (Zoom) es tratado como “la verdad” o “lo verdadero”, pues en el “ahora”, esa pantalla, esa plataforma es la “verdad”. Es el “allá afuera” de la época.

Ahí nos topamos con la primera dificultad: representar o no representar. En “pantalla”, teníamos a tres tipos de propuestas, tanto de calidad actoral como de maneras de ejecución, que no logran dialogar ni ponerse nunca de acuerdo. Un Gnecco leyendo el texto todo el rato, proponiendo una especie de señor “pesado” y en extremo maqueteado y estereotipado, frente a un Urzúa intentando jugar con el hipernaturalismo, pero apegadísimo al texto que, al mismo tiempo, era muy maqueteado y estereotipado; y una Noguera proponiendo un personaje pasado que el formato no aguantaba, con un primer chiste del alcohol gel que no funciona, y un permanente tuteo-no tuteo al profesor, que nos adelanta toda la trama, y que hace mas tediosa la espera del final.

Y todo esto atrapado en permanentes problemas técnicos, porque, oh, sí: ¡El wifi en Chile es pésimo!

Pero mas allá de eso, opinamos que uno es libre de acometer en la conquista que se le ocurra: si se te ocurre pintar un desnudo femenino con triángulos, o meter un auto en el escenario, o hacer aterrizar un cohete en la luna, o ponerle sonido al cine, vaya y pase. Pero este gesto nos queda como un gran trasero de costumbres burguesas sentado en una poltrona que piensa que cualquier idea la pasamos por este cedazo y queda genial. Mil likes.

Y creemos que no es así. Mas allá de que si es teatro o no es teatro, si es serio o no serio, si es de calidad o no es de calidad, consideramos que no cualquier arrojo va a ser bueno de por sí, o por haber sido “el primer intento”. Vamos: los detalles que retrasan el trabajo son miles, el plot era predecible y poco verosímil, formalmente nadie se enfrenta así a un caso de denuncia de abuso, es muy poco probable que una mesa plana estudiantil obre de esa manera y solo porque el profesor haya usado una bata en una clase por el computador. Además, la obra se apreciaba muy poco ensayada, sin dirección, sin propuesta clara, más que la de llenar rápido el hueco que había provocado la pregunta sobre las nuevas formas y soportes para hacer teatro, u ocupar un lugar donde invertir algunas lucas para seguir moviendo la máquina.

La época definitivamente requiere cuarentena. La época está para quedarse callado y esperar. No puede el arte empezar a competir con lo banal y con los likes. Este quehacer, queremos creer, no es ponerse una mascarilla y listo; no puede ser grabar un workout y listo. O quizá sí. Pero esa respuesta no se va a generar en esta misma época. Se responderá después, en el futuro. O por artistas que guarden silencio. Alguien dijo que este momento era el peor para generar cualquier tipo de idea artística, ya que todo iba a ser indudablemente teñido por el apocalipsis zombi, e inminentemente destinada al fracaso y al olvido. Otro decía que grandes obras habían sido generadas en pandemias o en encierros. Ya, pero Shakespeare, Ana Frank.

Este país maldito está lleno de artistas de gran valor. Gente que sin duda está craneándose no solo la vida, sino la próxima obra que vendrá a comentar esta estúpidamente llamada nueva normalidad. La instantánea a una era más allá del estallido social y de la pandemia. Esa obra aún no llegará.

Creemos que Clase magistral y la propuesta de teatro online, es una idea que debe ser analizada y pensada, para que subsista mas allá de lo neoliberal del “emprendimiento”, de aprovechar una oportunidad, de la industria y todo eso. Es interesante conminar a gente que, de buena fe, esté dispuesta a escuchar un cuento e historias fantasiosas. Quizá el brillo de la pantalla es la luz de la fogata delante de la cual los viejos contaban historias.

En definitiva, un intento fallido. Una buena idea de contar historias online, pero que le falta mucho trabajo para encontrarle aquello nuevo a lo nuevo, que habla de lo viejo, de lo viejo.

Clase magistral

The Cow Company

Escrita por Rafael Gumucio

Elenco: Luis Gnecco, Amparo Noguera, Gabriel Urzúa

Vía Zoom

 

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