Crítica de teatro “Jesucristo Superstar”: Lo clásico con nueva vestimenta

Por Álvaro Guerrero

Lo que el público masivo seguramente más va a reconocer en la clásica obra musical de Andrew Lloyd Weber, es la extraordinaria versión cinematográfica que Norman Jewinson dirigió en 1973. Y así como este contemporáneo montaje que ahora nos trae la compañía Volaverunt se ambienta en el año 2159, la obra original y su consiguiente versión para la gran pantalla, se nutren de referencias estéticas de la cultura pop. Jesuscrist Superstar no es una Jesús de Nazareth, de Franco Zefireli, musicalizada, sino la historia de una troupe de actores, bailarines, cantantes, que representaran a su manera la historia del mesías del mundo cristiano. Los atuendos en el filme evidencian una mescolanza de elementos contemporáneos a su estreno, estilo “hippie” junto a artificios derivados de un objetivo que aúna el humor con la estética del reciclaje. No en vano se trata de una obra dentro de la obra llevada a cabo por una compañía de actores.

El montaje presente, en cambio, hace uso de vestuario, maquillaje y escenografía, propios de un mundo post apocalíptico. Tal como uno de los directores informa al público antes de empezar la función, esta se trata de una versión distinta, ambientada en un futuro distópico pleno de falta de recursos de todo tipo. Sin embargo con el transcurrir de la obra vamos observando de que aquello refiere a la visualidad, al diseño teatral, y no al contenido, que se mantiene intacto: Jesús es un hombre lleno de dudas, cansancio y temor ante la próxima muerte que sabe debe cumplir como una misión encomendada por la divinidad. Judas es la voz de la conciencia ante lo que ve como una deriva casi narcisista en su líder (de ahí el título de súper “estrella”), y María Magdalena se acerca, sin nunca concretarlo, al rol de “mujer” del “elegido”. Es decir, todo más parecido a la historia de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, que a la tradición cristiana.

El montaje presenta una escenografía un poco más funcional que expresiva. Andamios pegados al suelo, a ambos costados del escenario, justo detrás de los músicos de la banda que también se dividen en dos grupos, tratándose de una clásica formación “rockera”: batería, bajo, guitarras. El sonido por tanto se parece más al de un concierto de rock que al de una orquesta completa, como se ha visto en otros montajes de la obra con músicos en vivo, lo que redunda en que el trabajo vocal de los actores queda más expuesto. Como es tradición en la obra original, el personaje de Caifás, el fariseo líder, tiene un tono de voz completamente grave de bajo, muy bien logrado, mientras Jesús se revela como el intérprete vocal más completo del grupo.

El trabajo coreográfico de danza es impecable todo el tiempo, desplegando una energía vital en escena que contagia al público de forma vibrante. Si existe algún altibajo en la calidad vocal de uno que otro intérprete es algo que nunca va alterar realmente la atención del espectador, dado lo seductor de la música y la actitud de un elenco de acotes, cantantes y bailarines que se mete en el bolsillo al público de principio a fin.

El horizonte visual del fondo de escena muestra el muro de una casa sin techo que pareciera recordar los minúsculos hogares bombardeados, en el contexto de guerra permanente en medio oriente. Sin embargo apela a ese futuro desolado, allí donde el vestuario del elenco se compone de ropas andrajosas, precarias, muy típicas de cierta ciencia ficción estilo Mad Max, mientras en otros casos, como el de los fariseos ubicados tras Caifas, con sus túnicas negras, capuchas, y máscaras elegantes, puede perfectamente asociarse a eventos distópicos de un presente que prefigura una imaginación apocalíptica hacia el futuro: los atuendos de la orgía en Eyes wide shut, de Stanley Kubrick, y el imaginario prohibido de las posibles fiestas oscuras en la “isla de Epstein”.

Jesucrist Superstar, hablando de la obra original, es un dispositivo que juega con la imagen tradicional del “redentor”, enfrentándolo (y situándolo) frente a condiciones culturales de la segunda mitad del siglo veinte, en particular de la cultura de masas. El presente montaje busca hacer eco de las contemporáneas y recientes imágenes pre- apocalípticas de una sociedad al borde del delirio, que se debate entre guerras televisadas y escándalos de pederastia por parte de las elites occidentales que, y esto es lo más perturbador, no parecen impactar demasiado en la población en general. Son ecos que en el montaje se restringen a elementos muy particulares de la visualidad, y que consiguen un equilibrio respetuoso entre la adaptación escenográfica y la obra musical, trabajada esta última con rigor en cuanto a dirección, y muy escasos altibajos en el trabajo de voces. Para los que admiramos el musical de Lloyd Weber es un regalo que se mantenga fiel al libreto y musicalización de siempre, algo que se evidencia con el estruendoso aplauso final de la audiencia.

Ficha técnica

Título: Jesucristo Superstar

Autor: Andrew Lloyd Weber  

Dirección: Gonzalo Tapia, Roberto Armijo  

Elenco: Juan José Alvear, Luciano Panizza, Camila Meriño, Orlando Espinoza, Pilar Palma, Camila Alfaro, Roberto Armijo, Jacob Reyes, Iván Labra, Josefa Diaz

Diseño coreográfica: Catalina Pincheira

Diseño audiovisual: Matías Carvajal

Dirección musical: Sebastián Baeza  

Producción general: Roberto Armijo

Diseño de vestuario: Carlos Morales

Bailarines/pueblo: Valentina Ferrada, Isidora Darregrandi, Paz Aros, Fernanda Chacón, Matías Espina, Carlos Olivares, Michael Sipan, Fabian Peñaloza

Músicos: Ricardo Vidal, Macarena Baeza, Cristopher Saenz

Sonidista: Pablo Burgos

Compañía: Agrupación cultural Volaverunt

Edad recomendada: + 7 años

Duración: 100 minutos

Coordenadas

Teatro Mori: Bellavista 77, Recoleta

Del 27 de marzo al 5 de abril 

Jueves a sábado 20:00 horas

Domingo 19:00 horas

Entrada general $15.000

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