Por Isabel Agurto
En La pequeña historia de Chile todo parte con una ausencia. En escena, una sala de clases que parece suspendida en el tiempo, con pupitres desordenados, sillas de patas irregulares, una pizarra que todavía se usa, muchos papeles tirados en el suelo y, de fondo, una bandera chilena enorme que parece venirse abajo. Cinco profesores intentan enseñar la historia de Chile, pero falta el mapa, y esa falta pesa más que cualquier objeto presente. Sin mapa no hay territorio claro desde dónde explicar el país. Sin esa imagen la historia se vuelve un relato inestable.
Escrita por Marco Antonio de la Parra a comienzos de los años noventa, la obra vuelve en un montaje dirigido por Francisco Krebs que sigue planteando la pregunta de cómo se cuenta la historia de un país que todavía no logra ponerse de acuerdo sobre su pasado.
No sabemos si los profesores están vivos o muertos y el texto juega con la idea de un limbo en que, aunque los personajes entren y salgan de escena, da la impresión de que nunca se fueron realmente, incluso se bromea sobre la dificultad para morir de uno de ellos. Este limbo, este lugar de nadie, es también el que se ha otorgado ―o más bien al que se ha relegado― a la educación. Pero estos cinco profesores resisten.
“No hay mapa. Pase lista, haga prueba”, repite constantemente la rectora del liceo, interpretada por Paola Volpato. Y esa instrucción se lee como una consigna de resistencia. La educación sigue funcionando incluso cuando le quitan sus instrumentos. Porque si bien la sala de clases puede ser una metáfora del país, también es retrato del lugar que ocupa la educación en un sistema que exige mucho a los docentes, pero les reconoce muy poco.
Vista hoy, la obra dialoga inevitablemente con el clima cultural de los años noventa en que fue escrita, con una mezcla singular de optimismo democrático y silencios persistentes sobre el pasado reciente. Mientras el país avanzaba con entusiasmo hacia la modernización, muchas preguntas seguían sin encontrar un lenguaje claro. En ese contexto, el autor parece captar la sensación de un país que intenta explicarse a sí mismo mientras todavía está procesando su propia historia. Y, sorprendentemente, sigue encontrando resonancia 30 años después.
El montaje de Krebs entiende bien que el texto de De la Parra es muy verbal y evita que la obra se vuelva estática. Hay un trabajo físico muy activo del elenco. Los actores se desplazan constantemente, usan todo el espacio y muchas veces el humor aparece desde el cuerpo antes que desde la palabra.
El profesor Fredes, el más joven del grupo, interpretado por Mauricio Flores, lleva esa dimensión física bastante lejos, y la profesora Muñoz (Camila Hirane) sostiene durante toda la obra una postura, registro corporal y vocal muy marcado. El maquillaje, las pelucas y el vestuario empujan esa idea aún más. Por momentos los personajes parecen caricaturas vivas, como recortadas de un comic. Ese tono funciona bien porque el humor de la obra surge sobre todo desde el reconocimiento, con frases y actitudes que resultan familiares. Como cuando el profesor Sanhueza (Cristián Carvajal) dice que cuando Chile era un país mediocre era mejor país. Risa. O cuando dicen que a los profesores les pagan poco porque hacen pensar. Risa. En un momento en que pensar parece incomodar cada vez más.
La obra también se detiene en algo muy reconocible del sistema educativo chileno al exponer la enrevesada vida de los profesores que van de un colegio a otro intentando sumar horas para que el sueldo alcance. Viven para trabajar, repiten las mismas clases una y otra vez y muchas veces no queda espacio para la reflexión. Los días se parecen demasiado entre sí.
Así como el mapa y la bandera que faltan, la obra está llena de símbolos, como cuando el profesor Fredes intenta dibujar Chile en la pizarra. Lo describe como largo y angosto mientras lo traza por regiones, y en ese acto cuesta imaginar la forma completa del país. Como si fuera una figura que reconocemos de nombre, pero que ya no logramos ver con claridad. O la escena en que los profesores Fredes y Loureiro (Manuela Oyarzún) interpretan el matrimonio entre el Estado y la Educación, que llega a ser interrumpido violentamente por Sanhueza, que representa a “la mano invisible” del mercado. Una escena hilarante y muy reveladora respecto del mensaje de la obra.
Uno de los momentos más significativos de la obra llega con el monólogo final del profesor Sanhueza, tan absurdo como claro. En él propone cambiar la historia de Chile por una más victoriosa. Mirar a Estados Unidos, mirar a Europa, inventarse un pasado más exitoso. La escena es graciosa porque toca esa idea tan chilena de creer que avanzar es simplemente mirar hacia adelante, esconder la mugre debajo de la alfombra y hacer como que no existe.
Toda la obra trata de hacer memoria, para llegar a este momento en que nos proponen olvidar. Y aquí se le nota la psiquiatría a don Marco Antonio, porque logra el efecto contrario, como cuando te dicen que no pienses en un elefante rosado. Mientras más nos invita a avanzar hacia un futuro esplendor, más volvemos a mirar nuestra historia. Una idea maestra.
La sensación final es de reflexión, ya que la obra, además de cuestionar cómo se enseña la historia de un país, nos interpela también en lo íntimo y deja flotando la pregunta de cómo gestiona cada uno su propia relación con la memoria.
Ficha técnica
Título: La pequeña historia de Chile
Dramaturgia: Marco Antonio de la Parra
Dirección: Francisco Krebs
Elenco: Paola Volpato, Cristián Carvajal, Camila Hirane, Manuela Oyarzún y Mauricio Flores
Diseño integral: Pablo de la Fuente
Composición musical: Alejandro Miranda
Realización vestuario: Nicole Salgado
Asistencia de dirección: Fernanda Letelier
Asistente diseño: Spike Blanch
Participación especial: Fernando Solís
Producción técnica: Eleodoro Araya
Una producción Universidad Finis Terrae 2025: Escuela de Teatro, Facultad de Artes; Teatro Finis Terrae; y Dirección de Creación Artística
Creación financiada por la Convocatoria Pública 2024 de Teatros Universitarios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Temporada
12 al 22 marzo
jueves y viernes, 20.30 h; sábados y domingos, 19 h
Teatro Finis Terrae
Av. Pocuro 1935, Providencia.
Entradas a través de Ticketplus https://ticketplus.cl/events/la-pequena-historia-de-chile-2026-01-27-09-00-00-0300
Precios
General: $15.000
Personas mayores: $9.000
Estudiantes y Súper Jueves: $7.500
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