Crítica de Teatro “Medea desplazada”: Un ambivalente discurso artístico-político

Por Jorge Letelier

El teatro entendido como un proceso de desarrollo, rehabilitación y transformación social en contextos de vulneración (niños en riesgo social, migrantes, presos) ha tenido un activo desarrollo teórico conceptual en las últimas décadas, agrupando varios tipos de definiciones previas como teatro carcelario, teatro reparatorio o teatro comunitario, en un concepto más amplio y abarcador que es el de teatro aplicado. Su finalidad, como se sabe, es en último término provocar desde el teatro experiencias que generen cambios en la vida de las personas.

En el teatro local, la experiencia más perdurable la ha realizado la Corporación CoArtRe, quien ha afinado un discurso que desde la problemática carcelaria ha indagado en las posibilidades de visibilización de otros sectores vulnerables, como jóvenes en riesgo social y migrantes. Su primera obra fue “Pabellón 2, rematadas” (1998) y luego han realizado cerca de una decena de montajes que desde las intenciones más bien testimoniales de sus orígenes han dado paso a trabajos más complejos artísticamente, como la adaptación de “Ricardo III”, presentada en 2016 en el GAM.

Una de las principales contradicciones que presenta esta variante del teatro aplicado, es el a menudo exceso de paternalismo con que enfrenta a sus protagonistas, lo que redunda en esfuerzos ingenuos, poco desafiantes y escasamente estimulantes artísticamente, diseñados para no escapar de una zona de confort y que por ello, cumple su objetivo a medias.

La excepción en los últimos años ha sido justamente “Ricardo III”, un montaje creativo escénicamente y en que su elenco de siete ex presidiarios en proceso de reinserción social resolvió con aplomo y capacidad un texto denso y estimulante. En ese camino se ubica “Medea desplazada”, un ambicioso montaje que reúne a un elenco ciudadano (que no es otra cosa que un eufemismo para hablar de actores no profesionales) y migrantes. La versión se basa en la adaptación que hizo Jean Anouilh sobre la tragedia de Eurípides para intentar encontrar un punto de encuentro entre el modélico relato de celos y venganza y la realidad de los migrantes en el país.

Es valorable que CoArtRe plantee de entrada una exigencia mayor a su elenco aficionado, evadiendo el paisaje recurrente que ya ha entregado la producción local sobre la problemática migrante que ha sido en base a un criterio más bien testimonial. Su director es Martín Balmaceda, quien ha realizado parte de su carrera en México y EEUU y quien reúne a extranjeros de distinto origen residentes en Chile. La historia de Medea y su camino de venganza y celos ante la traición de Jasón, quien la abandona luego de diez años de relación y dos hijos, para casarse con la hija de Creón, rey de Corinto, es un campo fértil para examinar desde la problemática de la mujer contemporánea la condición de independencia, soledad y una mirada ambivalente hacia la maternidad.

El montaje establece con rigor espacial y apegado al original la fuerte severidad dramática del argumento en que confluyen pulsiones contrapuestas de amor/venganza, pasión/odio y destrucción/maternidad. Si bien el nivel general del elenco es irregular por razones evidentes, quizás más acentuado por el carácter profesional de sus dos protagonistas (Medea y Jasón), el resultado es aceptable porque se advierte una cohesión como elenco que sustenta la idea de este clima opresivo como un cuerpo casi coreografiado en sus alcances morales.

Si mencionábamos el avance en generar propuestas más desafiantes desde el teatro aplicado para que la experiencia de cambio tenga un sustento artístico primordial y no anecdótico, esta adaptación deja dudas en cuanto lo que se busca relevar, la reflexión en torno a la situación de los migrantes en el país en un momento tan complejo como el actual. Porque el relato de Medea no parece aportar una lectura provocadora salvo quizás la propia conformación del elenco, lo que deja en una extraña zona gris los esfuerzos del montaje aunque hay una evidente intencionalidad política. Si bien la difusión de la obra habla de pensar la convivencia de las comunidades de migrantes y la tensión entre comunidades tradicionales y culturas urbanas, la relación se aprecia forzada y casi inexistente, estableciendo casi como único valor al respecto la variedad de origen de sus actores y ciertos rasgos de origen en algunos casos (el baile, el idioma).

Esta constatación lleva a repensar las razones de elegir esta pieza clásica y a un elenco de inmigrantes. Como dijimos, los actores cumplen esforzadamente para lograr un estándar medianamente aceptable de nivel interpretativo, pero lo que deja dudas es la decisión de estrenar en una sala profesional como Teatro Sidarte. No es solo un privilegio y reconocimiento per se, sino que además hay que dotarlo de sentido y relevancia política puesto que ingresar a un circuito profesional y al cobro de una entrada relativiza los alcances de una idea de teatro aplicado como formato y se establecen otros parámetros para dimensionar su calidad. Si se trata de un proyecto con un director profesional, producción ídem y una visibilidad acorde al espacio, quedan dudas de quién es el verdadero beneficiario del proyecto, si el elenco de actores migrantes (o la condición de ser migrante en Chile hoy) o la propia Corporación CoArtRe.

Como se pudo apreciar de gran forma en “Ricardo III”, un montaje muy atractivo desde muchos sentidos y con un protagonista talentoso y magnético (Ronald León, un ex preso reinsertado socialmente), resulta estimulante “arrojar” a actores aficionados y en condiciones sociales particulares a un texto de enorme complejidad interpretativa como el de Eurípides. Pero en vista del contexto (sala, visibilidad mediática) creemos que este atrevimiento debe ir acompañado o de excelencia artística o de un mensaje tan afinado en su discurso político que visibilice poderosamente la pertinencia de este grupo de intérpretes. Cuando no se dan estas variables da la impresión de que son solo un medio para relevar el trabajo no de quienes son los depositarios de la intención original.

“Medea desplazada”
Dirección: Martín Balmaceda
Dramaturgia: Basada en la adaptación de Medea de Jean Anouilh, según el texto de Eurípides.
Diseño escenográfico y vestuario: Jorge “Chino” González.
Diseño iluminación: Freddy Muñoz.
Música: Alejandro Miranda.
Producción: Corporación CoArtRe.
Elenco: Alejandro Barros, Ricardo Díaz, Anya Grycuk, Gloria Gutiérrez, Johanna Luzardo, Carolina Mancilla, Claudia Oyharcabal, Davidson Pierre, Alexandra Ron Vera y Emilio Soza.
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