Crítica de teatro “Réplica”: Futuros cercanos e imaginarios posibles

El lugar común en torno a la tecnología y la inteligencia artificial la ha caracterizado indefectiblemente o como un valor beneficioso o un peligro inminente, sin términos medios. Ese impulso totalizador ha alimentado una imaginería sobre la deshumanización que provocaría un desarrollo tecnológico excesivo y donde la inteligencia artificial es el umbral de un peligro mayor, el reemplazo de los humanos por las máquinas.

El cine y la literatura nos han plagado de ejemplos apocalípticos sobre este peligro y la pregunta que se instala, más allá de los juicios obvios, es cómo el arte puede construir un discurso en que la dimensión humana adquiere nuevos significados en el contacto con las máquinas inteligentes.

Son preguntas pocas veces exploradas y que adquieren sentido frente a “Réplica”, montaje dirigido por Francisco Krebs y escrito por Isidora Stevenson que ha realizado una campaña mediática buscando problematizar justamente ciertas reflexiones uniendo diferentes disciplinas como la neurociencia y la ingeniería. La historia que cuenta –ambientada en un futuro cercano- gira en torno a un grupo de personas vinculadas al desarrollo tecnológico y el uso de comunicaciones virtuales, las que por razones desconocidas han sido llevadas a una sala de un data center.

Como el cine lo ha explorado en multitud de ocasiones, estamos en presencia de la idea de un “laboratorio humano” en el cual estos personajes son encerrados para estudiar sus reacciones y comportamientos. Hay una presencia virtual que los vigila, juega con ellos y los desorienta, mientras el grupo va revelando aspectos desconocidos de su personalidad. Usando el suspenso como fórmula, hay repentinos blackouts para hacer desaparecer o emerger a algunos de ellos, quienes convenientemente son arquetipos bien diferenciados entre sí: el “emprendedor” tecnológico frío y práctico (Francisco Pérez-Bannen), la profesora en habilidades comunicativas algo naif y cándida (Patricia Rivadeneira), una investigadora en neurociencia (Paola Volpato), la terapeuta que desconfía de este mundo hiperconectado (Ximena Carrera), y un hacker misterioso que sabe más que el resto de que se trata todo esto (Felipe Zambrano).

El tema de fondo es la aplicación de un programa de inteligencia artificial llamado Réplica, el que es una especie de yo virtual que crece autónomamente y que es el cerebro que ha confinado a los personajes a este encierro sin explicitar los fines.

Ideas ya conocidas como la supervigilancia que conllevan el desarrollo de la comunicación y las bases de datos, la problemática laboral que supone el reemplazo de la mano de obra humana por otra artificial o la búsqueda de una dimensión espiritual para combatir este desarrollo, son expuestas de manera superficial exponiendo esta idea teñida de pesimismo sobre los peligros que conlleva.

Si bien la escenografía semicircular flanqueado con columnas y la iluminación que apuesta por colores saturados y “artificiales” son funcionales a una cierta noción “high tech” y a esta idea que explora la desconfianza y lo claustrofóbico y que sitúan imaginariamente el relato en este futuro casi real, todas las ideas expuestas en torno al híper control de las redes sociales, el peligro de la inteligencia artificial y la relación entre hombres y máquinas responde a una estructura literaria donde todo se dice. La verbalización excesiva de reflexiones, puntos de vista e información llevan el montaje hacia un cauce expositivo donde hay muy poco margen para generar un discurso escénico que pueda aportar desde otros lenguajes a un tema que es eminente visual.

Este énfasis en lo discursivo puede entenderse por el amplio abanico de puntos de vista y lo diverso de sus implicancias, desde la ética y filosofía hasta las consecuencias de la tecnología y la comunicación como mecanismo de control, pero sin duda que el tema en sí reenvía a una imaginería visual poderosa en que la obra ofrece muy pocas variantes. Dicho en términos posmodernos, no hay referencia a una polisemia de elementos significantes escénicos, lo que sin duda estatiza en demasía y empobrece la puesta en escena.

Es curiosa esta decisión de cargar de peso literario un tema que, valga la redundancia, es tan amplio en desarrollo tecnológico y que además nos resitúa en un escenario anticipatorio tan poderosamente evocador de imágenes y lenguajes. En ese sentido, el montaje tiene una estructura similar a la serie británica “Black Mirror”, donde una situación cotidiana con una fuerte presencia tecnológica genera cambios en el comportamiento de las personas. La diferencia radica en que en la serie emitida por Netflix la presencia de accesorios y artilugios son personajes en sí mismos y siempre presentados desde una total cotidianidad.

En “Réplica”, el anuncio de explorar con cierta profundidad filosófica los niveles de conciencia que adquiere el hombre en su nueva relación con la inteligencia artificial o la dimensión economicista a la que nos somete el consumo de tecnología en exceso y que está enunciado en el personaje de Pérez-Bannen, son ideas apenas sugeridas y que terminan perdiéndose en el mecanismo del suspenso elegido como formato narrativo donde el fin ulterior parece ser un misterio concreto por resolver.

Raro ejemplo de montaje apegado al texto dramático pese a anunciarse como una obra que explora cierta “dramaturgia de la imagen”, “Réplica” cae presa de sus ambiciones discursivas sin tener claro cuestiones de tono y punto de vista sobre lo que quiere narrar. Más sorpresivo es viniendo de un tándem de oficio (Stevenson es la autora de “Hilda Peña” y Krebs dirigió la muy interesantes “Déjate perder” y “La UP” y la fallida “Clausurado por ausencia”).

De cierta manera, guarda relación con el montaje japonés “Sayonara” –exhibido en marzo en el GAM- donde la interacción del androide con su contraparte humana es mínima, balbuceante, dificultando una reflexión sobre cómo los lenguajes escénicos se sitúan al utilizar inteligencia artificial. En este caso, la profusa información expuesta no alcanza a tener un correlato escénico que de cuenta de todas las posibilidades que ofrece el tema desde sus imaginarios posibles y donde las complejas preguntas que instala resuenan en una zona más didáctica que interpeladora.

“Réplica”
Teatro UC, Sala Eugenio Dittborn. Jueves a sábado, 20:00 hrs.
Idea original: Isidora Stevenson, Francisco Krebs y Javier Ibacache
Dramaturgia: Isidora Stevenson
Dirección: Francisco Krebs
Elenco: Paola Volpato, Patricia Rivadeneira, Ximena Carrera, Francisco Pérez-Bannen y Felipe Zambrano
Diseño de escenografía e iluminación: Pablo de la Fuente
Música: Alejandro Miranda

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