Por Romina Anahí
La historia inicia con la infancia de la protagonista, quien nació en 1866 en Estados Unidos, luego de una fugaz relación entre una monja irlandesa y un hombre que es parte de la aristocracia chilena.
A través del relato se muestra a Emilia, quien desde pequeña es dueña de una personalidad creativa, con un constante deseo de aprender y conocer lo que le rodea. Son aquellas características que van configurando en ella a aquella mujer que en su juventud ya se demuestra distinta a lo que se espera del estereotipo femenino impuesto por aquella época.
A medida que avanzan los capítulos podemos ver cómo la autora nos presenta nuevamente en este libro a una mujer que rompe con lo tradicional desde el rol protagónico. En medio de un contexto donde se espera que cumpla como madre y esposa, Emilia es impulsada por la escritura hacia una serie de experiencias repletas de intensidad y descubrimientos. Sin embargo, también se evidencia el mandato patriarcal a nivel social desde el momento en que debe publicar sus textos bajo un pseudónimo masculino para ser aceptada de alguna forma.
Otro aspecto a destacar es la dinámica que se muestra en su familia. La joven se desenvuelve en un espacio que presenta una notoria dualidad: por una parte, crece bajo el alero de ideas conservadoras de su madre y por otro lado, es su padrastro quien le inculca el valor de la reflexión y de seguir sus propias creencias. Esto resulta curioso e interesante desde el momento en que es un hombre quien la motiva a desarrollar su potencial, sin ánimo de imponerle un modo de vida marcado por una sociedad machista.
Junto con las experiencias que Emilia vive hasta convertirse en aquella mujer que anhela abrirse paso en el oficio de escribir, llega la noticia de que ha estallado una guerra civil en Chile, durante el gobierno del presidente Balmaceda. A partir de este suceso, la protagonista emprende un viaje tomando el rol de reportera junto a uno de sus compañeros del periódico en el que trabaja. No obstante, ella desafía las órdenes recibidas (y no es ni será la primera vez), haciéndose partícipe en primera persona de este hecho bélico más allá de su labor periodística. Sí, es evidente: a pesar de las advertencias, la joven se mueve conmovida por las desgracias y la violencia que inicialmente conoció como testigo, pero hay más: la guerra no es el único motivo que retiene a Emilia en un país que hasta ese entonces era desconocido, sino que se ve enfrentada a aquella conexión ancestral aparentemente adormecida que proviene desde su linaje paterno. Esto ya no se trata sólo de cumplir con las crónicas solicitadas por el periódico, sino que también entra en juego el anhelo de reconocerse en aquella parte de su identidad pendiente y que se ha decidido a encontrar.
Durante el trayecto por las páginas de Mi nombre es Emilia del Valle, Isabel Allende nos revela a una mujer incomprendida por muchos en medio de una época donde no era bien visto que la determinación y autonomía fuesen características propias desde el imaginario femenino. Asimismo, la historia nos expone a una joven que va frente al mundo entre sus dolores y fortalezas, sus pasiones y convicciones, siempre siendo sostenida de algún modo por aquellos amores que abrazan esa estampa indómita que en nuestros días resulta ser propia de toda una referente.
Ficha técnica
Título: Mi nombre es Emilia del Valle
Autor: Isabel Allende
Editorial: Penguin Random House
Año: 2025
Páginas: 368