Eduardo Luna y los 15 años de Lafamiliateatro

Del hambre al impulso, del hambre al impulso, del hambre al impulso (imagine que del hambre al impulso se reitera las veces necesarias para completar una hoja tamaño carta)

A 15 años del nacimiento de Lafamiliateatro

“la imagen verdadera del pasado, es una imagen que amenaza con desaparecer con todo el presente que no se reconozca aludido en ella”

Walter Benjamin

Sin pretender reconstruir fidedignamente la historia de una compañía teatral, de esta compañía teatral – porque para ello debiéramos concentrar la experiencia de por lo menos 50 artistas – simplemente ofrezco un ejercicio de memoria a través de los retazos que guardo, esos que nos hicieron sentir el centro de algo por un momento y que más tarde dolieron como la primera caída luego de aprender a caminar. Aquí están esos retazos, fragmentos que quedaron/sobrevivieron al tiempo, a la rabia, a la desbordada e inmadura alegría o simplemente a la desmielinización de mis neuronas.

La compañía surgió a propósito de la creación de “La Condena”, obra inspirada en el mundo de Franz Kafka. La formación inicial estuvo conformada por estudiantes de actuación y diseño del departamento de Teatro de la Universidad de Chile.

La obra fue el resultado de un proceso de improvisaciones que duró alrededor de dos años. En ese momento ninguno de nosotros era dramaturgo, por lo mismo nos parecía que metodológicamente este era el mejor camino para llegar a concretar una dramaturgia. Ensayamos innumerables horas en Balmaceda 1215, tanto así que la sala era nuestro dormitorio, cocina, el lugar donde (para nosotros) se fraguaba algo importante, probablmente sin decírnoslo, teníamos conciencia de que este era el nacimiento y ante ello, no queríamos fallarnos a nosotros mismos.

El equipo lo integró el destacado compositor musical Luis Advis, quien falleció 1 mes antes del estreno que se llevó a cabo en octubre del año 2004 en el Teatro Lastarria 90, un espacio que pretendía convertirse en el gran semillero del Teatro contemporáneo chileno.

En ese año recién estábamos en tercer año de nuestras carreras y la obra resultó todo un suceso que incluso nos catapultó al festival Internacional Santiago a Mil.

El nombre de la compañía surgió de manera muy anecdótica: En la obra, 2 de los personajes, 2 hermanos, constituyen lo que queda de la “familia Bendeman”. Como no teníamos nombre de compañía, previo al estreno, diseñamos y enviamos invitaciones que decían: “la familia Bendeman le invita al estreno de La Condena”… Luego del estreno y tras algunas reflexiones y conversaciones al respecto, guiados por la necesidad de tener un nombre que nos identificara, pasamos de ser “la familia Bendeman” a ser “Lafamiliateatro”.

Tras “La Condena” y paralelo al proceso de egreso con el maestro Adel Hakim en la Universidad de Chile, vino el proceso de escritura de “María: Confesión lúcida de motivos”, una adaptación de María Estuardo del alemán Frederich Schiller, estrenada en enero del año 2006 en el marco del Festival Internacional Santiago a Mil. La obra fue ensayada en el teatro de la capilla de las ánimas, un espacio que sentíamos propio, absolutamete a disposición para la creación y que fue nuestro hogar durante 3 años, permitiéndonos incluso gestionar recursos a través de fiestas, talleres y el arriendo del espacio para los ensayos de otras compañías amigas.

El resultado de nuestro “Opus 2” como le llamó un crítico, refiriéndose a “María…”, fue aún más auspicioso que con la primera obra, ganándonos incluso el título de ¨Niños genios del festival Santiago a Mil”, título positivo en términos de posicionamiento, pero a su vez perjudicial, puesto que aún estábamos en un proceso de maduración, donde ese tipo de enunciados por parte de la prensa, establecieron una expectativa sobre nosotros, que no estábamos preparados para asumir.

El impacto que tuvo el montaje, nos permitió experimentar nuestra primera gira internacional. Viajamos al Festival Internacional de Teatro de La Paz, Bolivia por tierra, durante alrededor de 40 horas. En esa instancia nos conocimos con César Brie y el Teatro de Los Andes, estableciendo una relación de afecto y admiración mutua que persiste hasta el día de hoy.

En el mismo viaje a La Paz, nos enteramos que Santiago a Mil quiere que estrenemos un nuevo montaje. Aún no teníamos un texto, solo una idea relacionada con el trabajo de la escritora argentina Alejandra Pizarnik.

Con Mauricio Barría escribimos un texto que se llamó “La Infanta Difunta”, inspirado en “Los perturbados entre lilas”, el único material teatral de la Pizarnik. El proceso de ensayos fue caótico, no estábamos preparados para una exigencia como la que se nos presentó. Existieron varias reuniones en las que la discusión se centraba en estrenar o no:

  • No estrenar, significaba madurar aún más la idea y trabajarla de manera reposada para despertar la creatividad.
  • No estrenarla, también podía significar perder el espacio de confianza que nos habíamos ganado con Santiago a Mil.

Finalmente estrenamos y a pesar de que no fue un trabajo catastrófico, carecía de la madurez y de la cualidad y calidad de los procesos anteriores de montaje.

Lo positivo de este proceso fue que 2 de nuestras hijas, con 5 años cada una, aceptaron participar para la imagen gráfica de la obra. En ese afiche ambas continúan teniendo 5 años.

Luego de la Infanta Difunta, vino la pérdida del Teatro de las Ánimas, por el que luchamos a través de un proyecto arquitectónico de restauración junto al apoyo de innumerables personalidades del arte y la cultura, sin embargo para el arzobispado de Santiago, era más atractivo demoler el espacio para construir un convento, dejando atrás la historia de un lugar emblemático de la ciudad que acogió a varios sindicatos, antes de la dictadura. A esto se sumaron quiebres personales, quiebres de parejas que cohabitaban en la compañía y así fue como tuvimos que enfrentarnos a la primera separación como compañía.

En el año 2008 surgió un nuevo proyecto que continuó la línea de Alejandra Pizarnik, inspirado en un texto narrativo de su autoría denominado “La Condesa Sangrienta”, relato escrito en torno a Erzebeth Bathory condenada en Hungría por ser la responsable de una serie de crímenes hacia finales del siglo XVII. El montaje se llamó “La Virgen de Hierro” a propósito de un instrumento de tortura, utilizado en la época para aplicar la pena de muerte. Este proyecto fue la excusa para volver a reunirnos luego del quiebre que tuvimos el año anterior. La obra obtuvo cuatro premios a Mejor Actriz en el festival de Dirección Teatral de la Unversidad de Chile, situación auspiciosa para la compañía, pero la inquietud por desarrollar proyectos personales por parte de algunos integrantes de la compañía, devino en que luego de nuestra participación en el festival, nuevamente nos separáramos, esta vez de manera mucho menos dolorosa, entendiendo que el camino de cada uno de nosotros, definitivamente poseía rutas distintas y diversas.

El año 2009 y 2010 experimentamos una verdadera transición, un momento visagra de esos que parecen quietos, reposados, pero que en definitiva contienen en sí mismos el impulso del hambre. Sin duda había cosas que reparar, relaciones que había que soltar, dejar partir. Fueron dos años en los que se produjo un proyecto experimental con alumnos de la carrera de Teatro del Instituto Profesional Los Leones, donde pusimos a prueba nuestra capacidad para generar relatos un tanto más fragmentados en relación a nuestras creaciones anteriores. Estación Mapocho fue nuestra casa durante varios meses. Por otro lado, paralelamente se escribieron tres textos:“Niña Astronauta”, “Todas las Aves” y “Cuando Juana conoció a Robert Wilson”.

El año 2011 estrenamos “Cuando Juana conoció a Robert Wilson”, obra inspirada en el mundo del creador norteamericano Bob Wilson y de la obra “La Doncella de Orleans” de Frederich Schiller. Durante el proceso sumamos al equipo a un grupo de artistas provenientes de disciplinas diversas, que precisamente desde áreas ajenas al teatro, nos otorgaron la lucidez para dar una respuesta escénica a una dramaturgia compleja, que se cuestionaba a sí misma constantemente. El resultado fue maravilloso, una pieza de una riqueza plástica muy novedosa para lo que estábamos acostumbrados a ver en el medio teatral chileno. Recibimos los premios a Mejor Dirección y Diseño Integral en el Festival de Dirección de la Universidad de Chile de ese mismo año.

Este es uno de esos trabajos inolvidables, una de esas obras que quisiéramos revisitar, porque cada cierto tiempo aparece en nuestras conversaciones como un fantasma, como si le debiéramos algo, como si la obra reclamara volver a un escenario.

Al año siguiente, Javier Alvarado, diseñador teatral de “Cuando Juana conoció a Robert Wilson”, propuso el montaje de una adaptación de “En el Bosque” cuento de Ryunosuke Akutagawa, reconocido por la adaptación cinematográfica que realizó Akira Kurosawa, a la que tituló “Rashomon”. La obra tenía componentes plásticos y sonoros que más tarde inspirarían una evolución en el diseño integral de la compañía. Javier siempre dice que este montaje es su “solo de batería”… Con la perspectiva de los años, podemos decir que toda experiencia termina por forjar lo que vendrá y es de un valor incalculable.

El año 2013 estrenamos en la sala Agustín Siré del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile (nuestra sala favorita y a la que amamos por sobre todos los teatros de Chile) “Todas las Aves”, obra galardonada previamente en el primer Festival de Dramaturgia Joven de la Pontificia Universidad Católica. Montar este texto, revistió una complejidad escénica que motivó incluso la apertura del proceso a través de una serie de ensayos abiertos. El desafío era otorgarle un contenido teatral a una obra que desde su escritura, se propuso como un material más bien lírico. La belleza de las ideas contrastaba radicalmente con las dificultades para ponerla en escena.

“Toda las Aves” significó volver a un escenario internacional luego de 7 años. Nuevamente viajamos por tierra. Desarrollamos una gira a Buenos Aires, que nos permitió establecer lazos que más tarde serían muy relevantes para continuar nutriendo nuestro trabajo de una visión sólida y amplia sobre la relación del arte en la sociedad latinoamericana.

Luego de nuestro paso por Argentina, un productor nos convocó a realizar una temporada en el Teatro del “Portal Ñuñoa”, un espacio que pretendía una nueva mirada programática en relación al resto de los teatros que se fundaron en un Mall. Con el correr de las funciones, la situación fue cada vez peor, progresivamente fuimos pasando de 5 espectadores a 2, para luego terminar en 1 solo espectador. La política de la compañía siempre ha sido que se realicen las funciones, a pesar de cualquier circunstancia, sin embargo este constante estado de cosas nos llevó a tomar la decisión de adelantar el fin de la temporada 2 semanas antes de su fecha de término. Nunca más volvimos a pisar el “Portal Ñuñoa”.

En el año 2014 montamos “

Niña Astronauta”, obra inspirada en el caso de Nicol Aravena, una niña de Villa Alemana que padeció de Xerodermia Pigmentosa, un tipo de cáncer provocado por la imposibilidad de regeneración de las células de la piel tras el daño que generan los rayos ultravioleta. Lo que nos pareció relevante del caso, fue la sobre explotación del mismo a manos de fundaciones, de la seremía de salud de la región de Valparaíso y una serie de medios de comunicación. Tal fue el impacto que se quería generar, que a Nicol se le ofreció un traje confeccionado por la NASA para que pudiera salir al exterior de su casa durante el día, sin embargo antes de morir, solo recibió un computador con acceso a internet.

Con esta obra inauguramos una línea de trabajo que rescata sucesos de nuestra memoria reciente para pensarnos como sociedad en la actualidad. Por otra parte, encontramos una metodología de circulación que nos permitió salir del país en 2 ocasiones (Brasil y Argentina) y acceder a 5 temporadas de la obra, todas con al menos un 80% de la capacidad de las salas ocupada.

Con “Niña Astronauta” se acabó la reserva de obras escritas para montar. De esta maera, recién en el año 2016 ocurre el accidental encuentro con el caso “Painecur”, un sacrificio humano Mapuche ocurrido en el año 1960 durante el terremoto y maremoto en el sur del pais.

Yo nací en Temuco y viví una buena parte de mi infancia en Traiguén (IX región). Crecí viendo a los Mapuche como una especie de primos, un tanto cercanos y lejanos a la vez. Compartes con ellos, sin embargo la sociedad winka te obliga a pensarte distinto a ellos/as . Esa diferencia impuesta, fue la que desde niño me motivó a acercarme a ellos/as, pero no tenía muy claro hasta este momento el lugar desde donde debía hacerlo.

El accidente al que aludo, ocurrió cuando le propuse a mis alumnos de actuación trabajar con “Un Sol Amarillo” de César Brie. La obra relata las consecuencias del terremoto de Aiquile en Bolivia en el año 2006. Buscando información complementaria, llegué a un texto de 1912 titulado “Cómo se comportan los indios en las catástrofes naturales”, revelándose (para mi) el sacrificio humano como una costumbre ancestral para el pueblo Mapuche.

Uno de los elementos principales y más atractivos que arrojó la posterior investigación, fue el violento juicio de la prensa de la época y de la sociedad chilena en general en contra del mapuche. Por lo mismo, me pareció que el caso podría abrirnos a ciertas claves que dieran cuenta de la relación crítica entre lo mapuche y lo chileno.

El proceso de montaje tuvo cosas mágicas, desde la elección del equipo de trabajo, hasta la sucesión de hechos que durante la investigación abrieron paso a un estado de lucidez sobre cómo abordar escénicamente todo ese material quese dejaba ver, que se entregaba para ser visibilizado y discutido.

“Painecur”, representa un estado de madurez y fortaleza para nosotros como agrupación. Es una obra que nos ha permitido recorrer Chile, recibir múltiples invitaciones internacionales, pero sobre todo nos está formando para continuar creciendo, para continuar creciendo, para continuar creciendo.

Ya han pasado 15 años y en nuestra cotidianeidad, pareciera que recién estamos empezando, porque el impulso que otorga el hambre, está intacto.

Eduardo Luna

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